El territorio como alma de la política
Hay varios ejemplos en la historia de los partidos políticos en España que demuestran que, sin presencia y arraigo territorial, es imposible estructurar un proyecto político con un mínimo de durabilidad en el tiempo, al menos a medio y largo plazo. Si no me equivoco, del espectro político actual solo PSOE, PNV y ERC son organizaciones políticas fundadas antes de la Guerra Civil que aún siguen existiendo y, en gran medida, esto es así por su presencia y arraigo territorial, cada uno en su ámbito geográfico de actuación. Sin presencia orgánica e institucional en el territorio, no hay proyecto político ni orgánico viable.
Todos podemos recordar, aunque hoy parezca algo del siglo pasado, que surgió en España, allá por 2007, un partido político llamado UPyD, que dejó de existir legalmente en 2020 pero que, de facto, había muerto mucho antes. En 2014 irrumpió con una potencia extraordinaria Podemos, fruto del movimiento del 15M, surgido como reacción a la compleja situación generada por la crisis financiera de 2007-2008 y por las políticas de austeridad aplicadas en la práctica totalidad de los países de la Unión Europea. Hoy atraviesa una situación verdaderamente preocupante. Aunque fundado en 2006, fue a partir de 2015 cuando Ciudadanos irrumpió con gran fuerza en nuestro país, aspirando a representar el “centro político”. Experimentó una subida espectacular para ser un partido vinculado, en su origen, a un ámbito territorial muy concreto y cuya existencia hoy es prácticamente testimonial.
Y podríamos remontarnos más atrás para hablar de partidos como UCD o CDS, que corrieron igual o parecida suerte a las organizaciones anteriormente mencionadas. Todos tienen algo en común: su dependencia de hiperliderazgos personalistas, su nacimiento como reacción a coyunturas muy concretas y, sobre todo, su escasa o nula presencia orgánica e institucional en el territorio.
El PSOE, desde su fundación hace ya más de 147 años, ha sido un partido político íntimamente unido a la institucionalidad y a la presencia orgánica y política en el territorio. Sin ello, es una organización que ni quiere ni sabe sobrevivir. Sin ello, su marcado sentido de transformación social y de lucha por la igualdad y la justicia social sencillamente no puede llevarse a cabo ni hacerse realidad. Sin ello, el PSOE no puede ser una herramienta útil para la inmensa mayoría social de este país y de esta región.
El PSOE, en Extremadura y en España, tiene que aspirar siempre a estar y ser decisivo en las instituciones; tiene y debe estar en el territorio y tiene y debe estar con la gente a la que aspira representar.
Las trincheras, los muros y los frentes nunca han sido conceptos unidos ni vinculados al PSOE. Muy al contrario, siempre ha sido el partido del diálogo, del consenso, de los grandes acuerdos, de las amplias mayorías y de las grandes leyes que han transformado este país y esta región. También ha sido dueño de sus propios errores y equivocaciones.
La irrelevancia política en las instituciones suele ser la antesala de la irrelevancia política en la sociedad. No cometamos ese tremendo error ni en Extremadura ni en España. No renunciemos nunca a tener una gran representación orgánica e institucional en el territorio, porque es desde ahí desde donde se puede cambiar la vida de la gente y transformar la realidad.
Aspiremos a ser el partido de más del 50% de los votos y nunca el partido de menos del 30%. No renunciemos, por ningún cálculo coyuntural, a la verdadera naturaleza y al verdadero sentido de esta organización: ser la mejor herramienta al servicio de la mayoría social.