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Galicia, sin agua: la sequía prolongada pone a 59 ayuntamientos en alerta y amenaza el abastecimiento de Vigo

Beatriz Muñoz

Santiago de Compostela —
5 de noviembre de 2026 23:43 h

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Nunca, ni en la fuerte sequía de 1989/1990 ni en la de 2017, había estado tan baja a estas alturas del año la reserva del embalse de Eiras, la pieza fundamental en el abastecimiento de la ciudad de Vigo, la más poblada de Galicia, y varias localidades a su alrededor. El alcalde vigués, Abel Caballero (PSOE), lleva días dando avisos de que solo queda agua para garantizar dos o tres semanas –22 días, según sus declaraciones del miércoles– de calidad “óptima” en el suministro y acusando a la Xunta de tener como única política la de esperar a que llueva, algo que las predicciones apuntan a que va a ocurrir este fin de semana.

Eiras está al 36,36% de su capacidad, muy por debajo de la reserva que tenía acumulada otros años en los primeros días de noviembre. En 2025 estaba al 77,27% y en 2023 registraba incluso un 100%. En los últimos diez años hay que remontarse hasta 2017 –también con sequía– para encontrar una cifra por debajo del 50%. La situación es “inusual”, admite el profesor de Ingeniería Agroforestal de la Universidade de Santiago (USC) Jorge Dafonte, que sitúa el caso de Vigo como el más preocupante en estos momentos en Galicia. Los niveles de otros embalses están bajos, pero no tanto. Habla, por ejemplo, del de Cecebre, que abastece A Coruña, y señala que, con su 38,57% de ocupación actual, no se desvía tanto de la media de los últimos años.

Tener una sequía a estas alturas del otoño “no es lo habitual, pero tampoco es imposible”, dice Dafonte. Recuerda el prolongado periodo de escasas precipitaciones del invierno del 1988 y 1989, que llegó hasta enero y llevó a aplicar restricciones en el consumo de agua en Bilbao, otra de las ciudades de la parte húmeda de la península ibérica. Pero añade que ahora los expertos están hablando de una “mediterraneización” del clima de la costa atlántica norte. En ese contexto de cambio climático se están dando las condiciones específicas de este otoño, en el que apenas ha caído lluvia en Galicia porque no han llegado las habituales borrascas desde el suroeste. La predicción meteorológica dice que la situación va a cambiar desde el fin de semana, pero tiene que caer mucha agua para reponer las reservas en el embalse de Eiras. Unos 200 litros por metro cuadrado, calcula Dafonte, que añade que todo seguirá dependiendo de que después no vuelva el tiempo seco de forma prolongada.

La Xunta declaró a mediados de octubre la sequía prolongada en toda la demarcación Galicia Costa, que es sobre la que tiene competencias (la mayor parte del territorio gallego depende de esta o la Confederación Hidrográfica Miño - Sil. Además, una parte del sur de la provincia de Ourense corresponde a la del Duero y algunas áreas en la frontera con Asturias, a la del Cantábrico). Pero esto no quiere decir que los problemas sean iguales en todos los puntos y el de Vigo resulta el más llamativo este otoño. Para empezar, los expertos suelen subrayar que sequía y escasez de agua no son conceptos equivalentes: la sequía se refiere a la falta de precipitaciones y la escasez a la posible insuficiencia de las reservas de agua disponibles para cubrir la demanda.

59 municipios en alerta por escasez

En su última actualización sobre la escasez de agua, este jueves, el Gobierno gallego fijó la situación de alerta para 59 municipios (entre ellos las ciudades de Vigo, A Coruña, Pontevedra y Ferrol) y la de prealerta para 64. La Xunta puntualiza que esto no quiere decir que haya que aplicar automáticamente restricciones, aunque muchos ayuntamientos vienen eliminando usos prescindibles, como el riego de jardines o el baldeo, desde hace meses. A mediados de agosto, tres de cada cuatro municipios gallegos tenían algún aviso por escasez de agua. Entonces los expertos explicaban que lo que ocurría era una sequía repentina: después de un invierno especialmente húmedo, desde mayo dejaron de caer precipitaciones y se encadenaron varias olas de calor. Eso hizo que suelos, ríos y recursos hídricos perdiesen agua muy rápidamente.

El otoño no ha dejado tampoco, por el momento, grandes lluvias. Los datos de Meteogalicia, la agencia meteorológica autonómica, concluyen, de hecho, que tanto septiembre como octubre han sido cálidos y secos. Con este comportamiento, los embalses para abastecimiento de la población de Galicia Costa tienen, en conjunto, unas reservas del 38,04%, según el último boletín hidrológico, del 2 de noviembre. Hace un año estaban al 65,31%.

Los problemas de construir un nuevo embalse en Vigo

En esta situación, la ciudad de Vigo ha lanzado el aviso de que se están agotando las reservas necesarias para garantizar que el agua que va a llegar a los grifos de unas 400.000 personas va a tener la calidad adecuada. El embalse de Eiras está al 36,36% y el de Zamáns, que se usa también para una parte de la ciudad, al 37,62%. Y entre el Ayuntamiento y la Xunta se ha abierto un nuevo enfrentamiento: el alcalde, Abel Caballero, exige reducir el caudal ecológico y también la construcción de una nueva presa aguas arriba de la actual, en el río Oitavén, mientras que el presidente autonómico, Alfonso Rueda, considera que la situación es preocupante, pero no llega a la emergencia en ningún punto de la comunidad. Caballero sostiene que, sin la potabilizadora municipal, el problema ya habría estallado.

Jorge Dafonte pide hacer un análisis profundo de lo que ocurre en Vigo, con los efectos tanto de un incremento de la demanda en la ciudad y su área metropolitana y los de una tendencia a lluvias más concentradas y periodos secos más largos. Insiste en que lo primero es buscar fórmulas para rebajar el consumo, utilizar aguas regeneradas para usos como los baldeos y resolver posibles pérdidas en la red. Construir un embalse es “la última opción” y, además, sería una medida a largo plazo, dados los tiempos de tramitación y construcción.

Alberto Vaquero, profesor e investigador de la Universidade de Vigo del grupo GEN (Governance, Economic and Nature), apunta al escenario general de Galicia: el problema de la falta de agua se está presentando en un territorio considerado hasta ahora “un oasis térmico e hídrico”. Hay “bastantes presas, pero su capacidad es bastante limitada” porque se pensaron para una tierra de lluvias, añade. Sus propuestas van sobre todo por la vía de mejorar los sistemas de potabilización (“no es suficiente tener agua, hay que poder tratarla mejor”), controlar el sistema para evitar las pérdidas, buscar un uso más moderado del recurso y plantear una subida de la factura. “En un informe que hicimos para la Federación Galega de Municipios e Provincias investigadores de la USC y la UVigo apostábamos por establecer precios reales del servicio del agua, ya que los municipios suelen incurrir en costes que no siempre son repercutidos al consumidor”, defiende.