Memoria fotográfica de los últimos pobladores: Javier Teniente retrata el rostro gastado del rural en 'Tras Os Montes'

Daniel Salgado

28 de febrero de 2026 06:00 h

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Hay rostros cansados y objetos gastados. Cierto tono azul, frío. Hay distancia y, de alguna manera, también empatía. Paisaje humano, los trabajos y los días, casas y caminos. Mineros. Labriegos jubilados pero en realidad no. Tras Os Montes, el nuevo libro del fotodocumentalista Javier Teniente (Vigo, 1968), ensaya una aproximación personal a un lugar que, en los últimos años, se ha convertido casi en un tópico: el rural asomado a su extinción. Pero su mirada encuentra camino propio. Él mismo lo explica a elDiario.es: “Es un retrato del rural, no de su despoblación. Sobre ese tema ya hay otros buenos trabajos. El mío trata sobre los pobladores, la última gente que vive en esos pueblos”.

Tras Os Montes, que publica la editorial viguesa Solar, nació en las proximidades de esa región del noreste portugués en 2005. “Asistía a la matanza del cerdo, celebrada como un ritual antiguo. Las fincas alrededor de la aldea estaban cultivadas y el horno comunal funcionaba cada dos días”, relata en el pequeño texto que introduce el volumen. Regresó 12 años después y la situación había cambiado. “La mayoría de los vecinos eran ancianos, casi no había relevo generacional. Los hijos se habían marchado a las ciudades y solo volvían por las fiestas”, escribe. Fue en ese momento cuando el libro de fotos comenzó a tomar forma en su cabeza. El Teniente que había recorrido con su cámara medio mundo -Kosovo, Irak, Timor o Centroamérica- giraba su objetivo hacia lo -relativamente- cercano.

“Lo que me interesaba eran las personas que quedaban en esos lugares”, comenta, “algunas muy mayores, que están solas, los últimos habitantes. Con ellos se pierde gran parte de nuestra historia”. De la Zamora fronteriza con Tras Os Montes a O Courel (en el oriente gallego), del Bierzo a la ourensana Serra de San Mamede, incursiones en Soria o la Ribeira Sacra: esos son los escenarios de sus imágenes. Y en ella no solo hay mayores, también aparecen algunas caras jóvenes, es cierto. “No se trata de neorrurales, sino de los que nacieron allí y hacen un enorme esfuerzo por quedarse”, aclara.

“No está sucediendo nada”

Su método, en cualquier caso, sufrió una profunda transformación para Tras Os Montes. “Yo estaba acostumbrado a ir a fotografiar lugares en los que están sucediendo cosas. Aquí no está sucediendo nada”, señala, “fue muy difícil”. En realidad sí sucede algo. Sucede el tiempo que todo acaba por desintegrar, cielos grises, la nieve, viviendas habitadas y sin embargo espectrales, una luz baja. “Quería escapar de la habitación abandonada, la silla y la botella, la tela de araña”, argumenta, “tenía muchas fotos de casas vacías y derruidas, pero prescindí de ellas. Fue también gracias al maravilloso trabajo de mis editores, Juan Gallego e Ignacio Pérez-Jofre. El libro lo hicimos a tres bandas”. Y sucedieron las conversaciones con los retratados. “Llegaba a una aldea, llamaba a las puertas. Tomaba un café y hablaba largo y tendido con sus vecinos. Siempre solían recordar su infancia, cuando en la aldea había gente y niños”, dice. La fotografía de Teniente era, así, el último paso de una relación, no el primero: “Sentías una gran ternura, pero también era doloroso”.

Teniente no recorrió las tierras que recoge en su libro a ciegas. Le gusta documentarse a fondo y documentarse a fondo significa, en esta ocasión, la literatura. El austero y magnífico escritor portugués Miguel Torga (1907-1995), nacido precisamente en Trás-os-Montes, fue una de sus guías. “Me ayudó a delimitar la atmósfera que quería conseguir en mis fotos, ese sentido de pertenencia al terruño”, asegura, y añade: “Al final, además, Trás-os-Montes es también Galicia, es lo mismo. La lluvia, las nieblas, el musgo, el frío, sé cuál es esa sensación. No quiero decir que lo consiguiese, sino que era una de mis aspiraciones, construir ese ambiente”. La lluvia amarilla (1988) de Julio Llamazares (Vegamián, el Bierzo, 1955) o Los últimos. Voces de la Laponia española (2017), de Paco Cerdà (Valencia, 1985) son otros títulos que le sirvieron de cartografía.

A la Laponia española, en concreto a los Montes Universales entre las provincias de Cuenca y Guadalajara, se fue a buscar a dos de los hombres que hablan en el libro de Cerdà. Los localizó y sus rostros aparecen en Tras Os Montes. “Llegué a recorrer mil kilómetros para hacer un retrato”, confiesa, aunque la mayoría los registró en Galicia y comarcas limítrofes. Teniente, que ha expuesto sus fotos en París, Londres o Roma, y ha publicado cuatro tomos de ellas, nunca había investigado el retrato tan detenidamente como esta vez. No solo hay primeros planos de personas, pero estos son abundantes. “Tuve que desaprender o que había hecho para llegar aquí”, dice, “sigo dentro del documental, por supuesto, pero Tras Os Montes no es un reportaje, es una historia”.