Cierran por la llegada del verano las dos parroquias de Vitoria que permitían pernoctar a migrantes malienses
Un numeroso grupo de personas, cuya composición va cambiando pero que tienen como nexo común que huyen de los conflictos en Malí, lleva alrededor de un año en las calles de Vitoria a la espera de citas de la Policía Nacional para acceder a su condición de refugiados. Este domingo a última hora, un grupo de voluntarios cargaba en unas furgonetas ubicadas en el exterior de la parroquia de San Joaquín y Santa Ana del barrio de Salburua de Vitoria los colchones y otros enseres que han utilizado en los últimos meses los malienses que han podido pernoctar allí.
La operación se repetía en la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, en Aranbizkarra. ¿La razón? La llegada del verano, según confirman fuentes del Obispado de Vitoria.
“Esto significa que una situación que ya era precaria se agrava todavía más”, ha denunciado el colectivo Salburuko Harrera Sarea, que lleva una larga temporada dando apoyo desinteresado a este colectivo, cuya bonhomía destacan. Ahora mismo, solamente hay disponibles una veintena de plazas para estos migrantes, las de la asociación de vecinos. “Vuelven a dormir en la calle”, lamentan desde la red vecinal, que echa en falta soluciones estructurales de las instituciones. Este domingo, en el barrio, hubo una pequeña concentración para reclamar una acogida digna.
Desde la Iglesia católica indican que la cesión de las dos parroquias más próximas a la comisaría de la Policía Nacional fue un acuerdo temporal, motivado por la “emergencia” meteorológica. Han podido pernoctar y cubrir otras necesidades básicas desde aproximadamente enero con alrededor de tres docenas de plazas en total, que se suman a la veintena ofrecida en los locales vecinales de Salburua. El Obispado destacó que incluso se habían permitido ritos propios musulmanes, la religión mayoritaria de los migrantes malienses, en templos católicos. Estas mismas fuentes agregan que, de cara al otoño, “si se mantienen las necesidades” estarían dispuestos a retomar esta colaboración, pero las iglesias están cerradas este verano.
Salburuko Harrera Sarea recalca que “estas personas no están en la calle porque quieren” y “tampoco porque no existan recursos”. Y miran a las instituciones públicas, que “no han sido capaces de dar respuesta a una situación que llevan más de un año conociendo”. “Son personas que tienen derecho a solicitar asilo. Sin embargo, mientras esperan poder ejercer ese derecho, están siendo obligadas a vivir en la calle [...]. La solidaridad popular no puede convertirse en la coartada de la inacción institucional”, argumentan.
Se de la circunstancia de que este grupo se ubica en una zona no lejana al centro de refugiados que prepara el Estado en la antigua Clínica Arana, que primero fue hospital, luego residencia de mayores y más tarde un espacio abandonado. Inicialmente, iba a tener 350 plazas. Luego se quedó en 200 y las últimas noticias apuntan a 120. Es un proyecto al que se han opuesto PP y Vox, pero también el PNV. La consejera Nerea Melgosa ha dicho desde hace tiempo que no comparte el modelo y, en una reciente respuesta en el Parlamento Vasco, lo ha reiterado. “Me da igual 120, 300 ó 500 [...]. Si fuese el Gobierno vasco el que tuviese las competencias, ese centro no existiría. Así, directamente”, dijo hace unas semanas.
La pasada semana, la Defensoría Vecinal (organismo conocido como Síndica) informó de que habían recibido una petición de la red de apoyo a los malienses para que evaluaran la respuesta institucional. Según la alcaldesa, Maider Etxebarria, del PSE-EE, la ciudad ha realizado “seguimiento absoluto” de la cuestión, “viendo y enfocando las diferentes posibilidades de ayuda”. Puso en valor en una rueda de prensa las “muchas actuaciones” llevadas a cabo “desde las primeras semanas”. Citó como ejemplo los accesos a duchas en polideportivos o reuniones con la Policía Nacional para poder agilizar las citas. “Con los recursos que tenemos se está dando toda la ayuda que podemos”, aseguró. Pero advirtió, igualmente, de que los recursos son finitos“.
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