Muere Carlos Mella, vicepresidente de Galicia con Alianza Popular que acabó de candidato del BNG a Europa
Diputado de UCD entre 1981 y 1982, vicepresidente de la Xunta de Galicia por Alianza Popular entre 1983 y 1984, parlamentario de Coalición Galega y de su escisión (Partido Nacionalista Galego) entre 1986 y 1990, su fulgurante carrera política en las derechas gallegas todavía vivió un inesperado epílogo en 1994: encabezó la lista del BNG, en puridad un frente de organizaciones nacionalistas de izquierdas, al Parlamento europeo. No salió elegido. Carlos Mella, brillante economista con estudios en la Sorbona y escritor irónico y a menudo lúcido, murió este martes en Santiago de Compostela a los 96 años.
Cuando en 2009 publicó su último libro, Memorias dun ninguén [Memorias de un nadie, Editorial Galaxia], Mella había ya completado la evolución ideológica que lo condujo de la derecha españolista al nacionalismo gallego progresista. “Si, los gallegos somos gente sumisa, pero no es sumiso el de abajo, es sumiso el de arriba”, respondía en una entrevista para El País, “quien conquistó Galicia para los otros no fueron los de abajo, fueron los de arriba”. En esa misma conversación exponía su mirada cáustica e implacable sobre las élites económicas gallegas y su clase dirigente: “Renuncian al país porque son cobardes, quieren sobrevivir”.
Aseguraba saberlo de primera mano. Lo comprobó como vicepresidente para Asuntos Económicos de Xerardo Fernández Albor, el primer presidente de la Xunta de Galicia, de AP (formación antecesora del PP), quien había hecho la guerra con el bando franquista y seguido cursos de aviación en la Luftwaffe de Herman Göring. “Me enemisté con las fuerzas vivas por la parte de arriba”, sostenía sobre su paso por el Gobierno gallego, “mi opinión sobre el empresariado gallego era la que era, los bancos, las cajas...”. Tampoco calló ante la Casa Real, a cuenta de problemas de protocolo en la Ofrenda al Apóstol que, a su juicio, menospreciaban a la Xunta. Mella, que en su día había firmado un pronunciamiento público contra el Proceso de Burgos a militantes de ETA, acabó además enfrentado al otro vicepresidente de Albor, Xosé Luís Barreiro Rivas, y dimitió.
En 1986 volvería a la entonces convulsa Cámara autonómica, pero esta vez como diputado de Coalición Galega. Este partido efímero fue lo más aproximado que hubo a una CiU gallega: nacionalismo de derechas con base empresarial y fuertemente enraizado en lo local, especialmente en la provincia de Ourense. Las tensiones internas no tardaron en aparecer y Mella optó por la ruptura: formó parte de otro intento organizativo no muy longevo y un poco más inclinado al centro, el Partido Nacionalista de Galicia. No fraguó. Mella acabaría su paso por la política activa en 1994, cuando su amistad personal con Xosé Manuel Beiras, entonces líder del BNG, lo llevó al número 1 de la lista de la izquierda nacionalista a Europa. Estuvo cerca de conseguir el acta.
Carlos Mella se alejó entonces de la primera línea. No se prodigó demasiado como escritor, y eso que algunos de sus libros resultan testimonios informados y críticos de los primeros años de la autonomía gallega: Non somos inocentes (1990) o A Galicia posible (1992). Su Luces de Fisterra, subtitulado Esperpento Xacobeo, es un repaso sarcástico a la Galicia de Fraga Iribarne publicado justo en el año en que este perdió las elecciones. Mella, que había nacido en la aldea de O Foxo (A Estrada, Pontevedra) en 1930, también escribió ensayos sobre economía -A falacia do economicismo (1994), El pensamiento salvaje. A vueltas con el economicismo (2012)- y presidió la Fundación Castelao. En 2024 mostró su apoyo a la candidatura de Ana Póntón, del BNG, a la presidencia de la Xunta de Galicia.