Rajoy vuelve a Raxoi

“Soy Rajoy y voy a Raxoi, a una junta de la Xunta”. Es la frase que, a mediados de los 80, plasmaba el empecinamiento de Mariano Rajoy, primero diputado y después vicepresidente de la Xunta, en no hablar gallego en ninguna de sus actividades oficiales. La broma, plasmada por el dibujante Xosé Lois en una viñeta publicada por el desparecido semanario A Nosa Terra, era el resumen de la actitud que quien, como recordó hace pocas fechas el periodista Anxo Lugilde en El Progreso, no participó en la votación de la Ley de Normalización Lingüística de 1983, aprobada por unanimidad en el Parlamento del que él era diputado. Sin tocar el gallego Rajoy fue también quien defendió la posición del Gobierno de Gerardo Fernández Albor (Alianza Popular) en el debate de la moción de censura que en 1987 convirtió en presidente al socialista Fernando González Laxe. Algunos de esos escenarios y algunos de los protagonistas de aquellos acontecimientos serán revisitados este jueves por quien ahora es presidente del Gobierno de España.

Según confirma La Moncloa Rajoy protagonizará dos actos en Galicia. El primero tendrá como escenario el Pazo de Raxoi, sede de la presidencia del Gobierno gallego al que el conservador iba a aquellas 'juntas'. Allí firmará un “protocolo de intenciones entre el Gobierno y la Xunta de Galicia para la restauración del conjunto catedralicio de Santiago”. Justo después viajará a Arteixo (A Coruña) para, en la sede de La Voz de Galicia, entregar el premio Fernández Latorre, concedido por la fundación del editor del diario coruñés. El receptor de ese premio será Xosé Luís Barreiro Rivas, el veterano profesor de Ciencias Políticas de la USC y destinatario, en aquella moción de censura de 1987, de buena parte de las iras políticas de un Rajoy a quien acabaría por suceder en la vicepresidencia de la Xunta.

El episodio que convierte este acto en, como mínimo, una ironía histórica, se remonta al otoño de 1986. Después de varios años como hombre fuerte del Gobierno de un políticamente irrelevante Fernández Albor, la hoja de ruta de Barreiro pasaba por ser candidato a la Presidencia en los comicios de 1989, todo esto con la bendición de quien entonces era jefe de la oposición en el Congreso de los Diputados, Manuel Fraga. No obstante, los acontecimientos fueron derivando en un plan de desgaste interno del presidente que el 30 de octubre explotó con el anuncio, tras el Consello da Xunta, de la dimisión de Barreiro y de cinco conselleiros más, mientras que otros tres ponían su cargo a la disposición del presidente, en un movimiento abiertamente destinado a derribarlo.

Pero el intento de desbancar a Albor derivó en un apoyo cerrado por parte de Fraga, que lo avaló para cubrir las bajas de los dimisionarios con nuevos conselleiros, entre ellos Rajoy, que el 5 noviembre tomaba posesión como vicepresidente en uno de los escasísimos actos en los que se recuerda una intervención suya en lengua gallega. En primavera del año siguiente Barreiro abandonaba Alianza Popular e impulsaba la fundación de la Unión Democrática Galega, paso previo a la integración en Coalición Galega. Ya como coaga prestó su apoyo a la moción de censura que daría lugar al tripartito tras unas sesiones parlamentarias en las que el propio Rajoy fue el látigo de AP contra él mismo y los demás rebeldes, además de contra el PSdeG de González Laxe.

Homenaje al político al que contribuyó a denunciar

Tal y como quedó reflejado en el Diario de Sesiones del Parlamento de Galicia, en el pleno del 22 de septiembre de 1987 el todavía vicepresidente Rajoy se dirigía al candidato González Laxe para preguntarle, en referencia a Barreiro, si creía que “el suyo, con los antecedentes de algunos posibles miembros del Gobierno, puede ser un Gobierno estable”. En un discurso pronunciado íntegramente en castellano el conservador instaba al socialista a aclarar si era cierto lo que “dijo el señor Barreiro, que va a ser presidente de la Xunta en diciembre”. “Porque si el señor Barreiro va a ser presidente en diciembre yo, desde luego, apoyo al señor [Pablo González] Mariñas [entonces líder del Partido Nacionalista Galego] para que lo sea”. “Porque además, a mí -ironizaba- el señor González Mariñas es un hombre que sí me gustaría que fuera presidente”.

En ese mismo discurso Rajoy aprovechaba para decirle “cariñosamente” a González Laxe “una cosa” que, casi treinta años después, tiene también su carga de ironía histórica. “Acuérdese usted de las palabras desinteresadas que le dice, desde esta Cámara, quien posiblemente dentro de poco tenga que abandonar la actividad política”, dijo, en referencia a sí mismo. “Señor Laxe, ándese usted con mucho cuidado”, recomendó, antes de dirigirse al conjunto de los “señores socialistas” para señalar que “al señor Albor y a quienes hemos estado con él durante estos duros diez meses con el veneno dentro [de nuevo, en referencia al grupo de Barreiro] nos juzgará la historia, no nos juzgarán ustedes”. “Le van a dar ustedes una enorme bofetada a la democracia y se la van a dar a todos los gallegos”, concluyó.

Ese debate terminó con la victoria de la moción de censura y la conformación del tripartido de PSdeG, Coalición Galega y PNG. No obstante, en el día previo a esta votación el Gobierno de Albor y Rajoy presentó en un juzgado de Santiago una denuncia contra Barreiro por presunta prevaricación en la concesión de la que iba a ser la primera lotería dependiente de la Xunta, llamada Tres en raia, adjudicada como vicepresidente de Albor a una empresa, Sociedad General de Juegos de Galicia, que aún no se había constituido. Esa concesión nunca había llegado a entrar en vigor porque el propio gabinete de AP la anuló, pero los populares echaron mano de ella para intentar frenar la censura en un proceso que en 1988 derivó en el procesamento de Barreiro tras una investigación en la que tuvo que declarar, entre otros, el propio Rajoy. La Audiencia de A Coruña absolvió a Barreiro pero, tras un recurso de la Fiscalía, el Supremo lo condenó en 1990 a seis años de inhabilitación en lo que entonces consideró “una maniobra perfectamente instrumentada para eliminar un señor de la vida política”.

Casi tres décadas después de aquellos acontecimientos Rajoy será quien homenajee su sucesor en la vicepresidencia. Según informa La Voz el jurado del premio destaca la “amplia y diversa trayectoria de Barreiro Rivas cómo columnista y analista político, además de su intensa actividad académica, editorial y política”. Además, “subraya el prestigio que consiguió como conocedor profundo de la vida política y social del país”.