Y Vox no pasó: un millar de antifascistas impiden que los ultras celebren su acto de apertura de curso en Galicia

Luís Pardo

22 de septiembre de 2026 13:42 h

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La estampa presentaba tintes berlanguianos. Una docena de representantes de Vox atravesaba, a ritmo de procesión, un pasillo policial. Seguían al eurodiputado Jorge Buxadé, quien cantaba a través de un megáfono envuelto en una bandera rojigualda: “Lololololololoooo, que vivaaa Españaaaa!”. Aunque trataban de dotarla de épica, era una retirada en toda regla. Una hora y cuarto después de la hora prevista para su inicio, los ultras tiraban la toalla y renunciaban a celebrar su acto en el Centro Sociocultural del barrio de Santa Marta, en Santiago de Compostela, donde horas antes se había encerrado medio centenar de antifascistas. Al otro lado de las barreras de antidisturbios –que acabaron cargando contra la multitud–, un millar de personas abucheaba a los representantes de la formación de extrema derecha. Las protestas se impusieron a los esfuerzos de Buxadé que, sin dejar de andar, insistía, ya sólo para los suyos: “Yo soy español, español, español...”.

Así finalizaba en la tarde de este lunes lo que pretendía ser el pistoletazo de salida al curso político de Vox en Galicia, la única comunidad en la que los de Abascal siguen sin tener un solo cargo público. En las elecciones municipales de 2023 consiguieron una única concejala en el municipio ourensano de Avión (1.700 habitantes), pero esa pica en Flandes les duró muy poco: dos años después, la edila dejaba el partido y se convertía en no adscrita.

Vox quiere romper un maleficio del que Buxadé culpaba horas antes, en una entrevista en El Correo Gallego, al “férreo control del PP en esta región desde hace décadas”. Pero no fueron quienes los acogen como socios preferentes los que les dieron con la puerta en las narices en Santa Marta, sino un veintena de colectivos antifascistas. “Orgullo inmenso de la actitud de firmeza democrática e antifascista de la juventud gallega, que ayer en Santiago de Compostela dio ejemplo confrontando a los traficantes de odio”, escribía este martes el diputado del BNG, Néstor Rego.

Desde la otra orilla, la primera en defender a Vox fue la número dos de los populares gallegos, Paula Prado. “Lo que sucedió hoy en Santiago es un sabotaje a la libertad de expresión. Independientemente de las ideas, desde el PPdeG defenderemos siempre la democracia. Mientras, el BNG sigue mostrando su cara más radical y también la más verdadera”.

En un solo post, Prado echaba un capote a su aliado natural al tiempo que atacaba a su bestia negra: el nacionalismo, encarnado en la alcaldesa de Santiago, Goretti Sanmartín, a la que tanto ella como Buxadé culparon de lo sucedido, ya que el local de Santa Marta es municipal. “Esto es el fin de la democracia en Galicia, el fin de la democracia en España”, aseguró el ultra a los medios presentes mientras trataba de acercarse al centro sociocultural.

Fuentes del ejecutivo local de Compostela aseguran a elDiario.es que cedieron el Centro Sociocultural porque recibieron la solicitud de “una organización que es legal y, por tanto, según las normas, tiene derecho a usarlo”. “El gobierno municipal respeta la democracia y también a quien se manifiesta”, añadieron. “Quien no la respeta es Vox, con un acto que tenía intención de crispar y generar odio en un contexto complicado”.

A la llegada de Buxadé, además de los militantes que se habian encerrado dentro, cientos de personas bloqueaban la entrada del recinto entonando lemas como “Galiza ceibe, poder popular”, “aquí non pasa Vox”, “aquí están as antifacistas” o “ningunha persoa é ilegal”. Ante la retirada de los representantes de Vox –entre los que también estaba la vicesecretaria nacional de Organización, María Ruiz y los presidentes provinciales del partido–, esos lemas cambiaron a “Ganamos nosotros” o “el pueblo unido, jamás será vencido”. En el momento en el que la concentración se dispersaba, se produjo una carga policial que dejó a algunos manifestantes heridos.

Prólogo: Cangas

El constante rechazo que Vox recibe en Galicia no es una novedad y, esta vez, tuvo un adelanto apenas unas horas antes, en Cangas. “No se les ocurrió otro sitio a donde ir”, ironizaban los internautas cuando se conoció la respuesta que recibió la carpa de los ultras en el reivindicativo municipio de O Morrazo (26.700 habitantes), al otro lado de la ría de Vigo y que, al igual que Santiago, está gobernado por una alcaldesa nacionalista.

“O Morrazo é antifascista”. Medio centenar de vecinos rodearon de forma pacífica al puñado de militantes de extrema derecha que levantaron este sábado un punto informativo al lado de la plaza de abastos de la localidad. Los manifestantes extendieron frente al toldo, sobre el suelo, una bandera palestina y una estreleira (la enseña gallega con la estrella roja). Como Buxadé con el megáfono, insistian en las redes sociales: “España también es Cangas”.