Medio siglo expandiendo la cultura: así es el gran catálogo mundial de bibliotecas

OCLC (Online Computer Library Center) es la mayor base de datos bibliotecaria del mundo, un catálogo que pone en contacto a bibliotecas para conocer sus fondos y realizar préstamos que de otra manera serían mucho más difíciles. Y lo lleva haciendo desde 1967, cuando internet aún era una utopía. 70.000 centros de 170 países están registrados en WorldCat, su producto estrella y motor de búsqueda por excelencia de la bibliografía. Según su último informe, el año pasado hubo más de 274 millones de páginas vistas.

Esta especie de cooperativa fue fundada en Ohio (Estados Unidos) por 54 colectivos y universidades de la zona, según cuenta a HojaDeRouter.com Julie Seuront, miembro del equipo EMEA de OCLC. “Crearon sistemas informatizados para compartir catálogos. Había una simple pretensión: ahorrar tiempo y ahorrar costes”. El objetivo era que todas las universidades del estado supieran dónde se encontraban los recursos para acceder a ellos con mayor facilidad, sin necesidad de adquirir nuevos, con tan solo automatizar el catálogo de cada una y compartirlo.

OCLC, que entonces se llamaba Ohio College Library Center, se constituyó como una organización sin ánimo de lucro. Frederick G. Kilgour, un exbibliotecario de la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale, fue el encargado de diseñar el sistema. Con el tiempo, fue el presidente y el máximo responsable de la expansión internacional, porque hasta 1977 estuvo limitado a instituciones de Ohio, pero a partir de entonces se amplió a otras regiones de Estados Unidos y el resto de países.

Hoy, además de poner a disposición de toda la comunidad los recursos bibliográficos, se busca que los centros colaboren entre sí. “Somos cooperativos. Significa que todas las bibliotecas trabajan con nosotros”, resume Seuront, cuyo papel en OCLC es hablar con ellas y “ver cómo podemos trabajar juntos”.

Sus miembros se desplazan a bibliotecas para explicar en qué consiste su trabajo y captar nuevos socios, mientras que otros centros, explica Julie, se acercan directamente a ellos para sumarse. “Todo el dinero y las contribuciones recibidas de las bibliotecas son reinvertidas directamente”, asegura. Creación de nuevos servicios, investigaciones, encuentros para que los miembros se conozcan…

Aunque las bibliotecas pagan por el 'software' u otros servicios de OCLC, el WorldCat es el mayor OPAC (catálogo online de acceso público) del mundo. El Open WorldCat se lanzó en 2003 y se podía incrustar en buscadores o webs de ventas de libros. Ahora es posible acceder a su API de búsqueda o, si somos socios, instalar uno de sus 'widgets' en nuestra web. También hubo un proyecto de wiki (ya desaparecido), WikiD, en el que se añadía información a cualquiera de los registros del WorldCat.

Mientras tanto, nos podemos preguntar en qué bibliotecas del mundo se encuentran referencias a, por ejemplo, 'Cien años de soledad': si es la novela impresa, si está en braille, si es un audiolibro o una conferencia que versó sobre la novela y alguien dejó registrada.

Otro producto es el Worldshare Interlibrary Loan, un programa de préstamos 'online' que se beneficia del WorldCat. Los usuarios de la biblioteca pueden pedir recursos a otras bibliotecas y recibirlos con seguridad y comodidad. Los recursos electrónicos se comparten de forma diferente: no se mandan a un correo electrónico, sino que se comparten en un alojamiento especial que delimita el usuario que puede tener acceso o cuánto tiempo está disponible. Las bibliotecas reciben informes de la visibilidad de su contenido y de cuántas veces se ha usado, en este u otros productos. El año pasado se contabilizaron más de 7 millones de peticiones de préstamo interbibliotecario.

OCLC tiene también un departamento de investigación en el que buscan soluciones para mejorar la conectividad online de los catálogos y trabajan con las diferentes bibliotecas para analizar las tendencias de futuro en este campo. Asimismo, organizan eventos anuales con sus miembros. Madrid acogió un congreso regional en 2016 y el próximo mes de febrero estarán en Edimburgo. “Cuando hacemos este tipo de eventos, vamos a los miembros de las bibliotecas y les pedimos que cuenten sus propias historias”, explica Seuront.

Conexión Barcelona-Palo Alto

70 de las bibliotecas de OCLC son españolas, entre ellas la Nacional, las de la Universidad de Granada o la Complutense, la Digital de la Comunidad de Madrid y la de la sede del Goethe Institut en la capital. La Red de Lectura Pública de Euskadi también está presente, lo que facilita la difusión mundial de títulos en vasco de colecciones locales para todo el planeta. Adelaida Ferrer es la representante española en el organismo, “muy activa para traer la voz de las bibliotecas españolas”, elogia Seuront.

Ferrer comenzó a trabajar hace 28 años en la biblioteca de la Universidad de Barcelona (UB) y es en la actualidad coordinadora técnica de proyectos. Su relación con el WorldCat comenzó a la vez que se estaba automatizando la UB, a finales de los 80. “Había un fondo catalogado en papel, con sus fichas y todo eso”, cuenta Ferrer a HojaDeRouter.com. Desde entonces cualquier biblioteca conectada a OCLC podía saber cuáles eran los fondos que se gestionaban desde el edificio histórico del Raval. “Conectábamos con Palo Alto”, recuerda Ferrer: en el lugar protagonista de tantos hitos tecnológicos también se encontraba uno de los servidores de OCLC.

Para Ferrer, que ensalza el éxito del Interlibrary Loan, lo que distingue a OCLC es “la cooperación”: “Tú trabajas en beneficio naturalmente siempre de tu institución, porque es tu obligación, pero al mismo tiempo, en ese catálogo colectivo que tú vas haciendo, luego te beneficias de lo que han trabajado otras instituciones”.

OCLC tiene también los derechos del sistema de clasificación decimal Deweysistema de clasificación decimal Dewey, los números con los que se clasifican los libros de la biblioteca en secciones o estantes: 800 para literatura, 900 para historia y geografía, etc. Estas grandes divisiones se ramifican: 840 es la literatura en lenguas romances, 940 la historia de Europa, 950 la historia de Asia, etc.

Las bibliotecas no necesitamos que los libros estén todo el día en la estantería esperando a que venga el erudito que quiere consultarlo, sino que la idea es que todo el mundo conozca tu fondo”, resume Ferrer. “Hemos estado aquí durante 50 años”, dice Seuront, y esperan estarlo durante otros 50 por lo menos, siguiendo con la innovación de las estanterías más tradicionales.

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