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La crisis de vivienda lleva a personas sin hogar a dormir en cementerios de Ibiza entre nichos y lápidas

Foco

La solemnidad del cementerio de Sant Jordi (Eivissa) guarda, justo antes de que caiga la noche, algo de particular: en uno de los nichos vacíos hay varias pertenencias. No ramos de flores, ni fotos, ni otros recuerdos para velar por el más allá de un ser querido. Sino objetos de aseo, de abrigo y los cuatro enseres básicos que cualquier ser humano necesita para sobrevivir en el mundo terrenal. En un plano inferior, más abajo, incluso más, a ras de suelo, hay una persona durmiendo. Estirada sobre la superficie fría de este camposanto ibicenco. No es la única. La falta de vivienda ha obligado a algunos ciudadanos, algunos de ellos trabajadores, a buscarse la vida para poder pernoctar tranquilos, lejos de la persecución de la administración.

Primero, el paisaje pitiuso se vio salpicado de furgonetas y caravanas –a medida que aumentaban los precios de la vivienda, también lo hacía el número de vehículos donde vivían temporeros y también funcionarios en los alrededores de la ciudad de Eivissa y otros puntos de la pitiusa–; luego, se fueron creando asentamientos donde proliferaron las infraviviendas. Todo esto dejó paso –ya empezada una imagen de chabolismo en la isla del lujo– a la preocupación institucional y los desalojos, que desde 2024 han sido prácticamente incesantes.

Ahora, las personas sin hogar se han multiplicado en el territorio insular, incluso ocupando algunas de ellas un puesto de trabajo, hasta rozar las 200, según datos de Cáritas. El silencio sepulcral es perfecto para entrar en fase REM. Aquí, en este cementerio municipal, todo es estático. No hay más disturbios que el de algún que otro familiar o amigo que se acerca a limpiar y velar por los restos de los que un día fueron. 

Son ellos, así como los vecinos, los que se han inquietado ante la situación de que ciudadanos que no pueden contar con un bien básico como el de la vivienda carguen sus teléfonos móviles y decidan ocupar para dormir un lugar de respeto a los fallecidos como es el cementerio. 

Medidas de cierre por “seguridad”

La realidad es que, de momento, nadie les ha ofrecido, a ninguno de los afectados en Eivissa (ni Balears) por el problema habitacional, una solución real. El mercado inmobiliario balear continúa al alza –con un crecimiento sostenido desde el año 2015, según datos del portal inmobiliario Idealista–, cada vez más tensionado y abierto a la especulación. Sin ningún tipo de limitación a la compra de vivienda por parte de personas no residentes y escaso parque de vivienda pública.

El Ayuntamiento de Sant Josep –municipio que emplaza el camposanto donde se ha dado esta situación– ha asegurado tras ser consultado por elDiario.es que todas las personas que así lo han aceptado están siendo atendidas por los Servicios Sociales y que se está actuando según los procedimientos establecidos, aunque no han especificado cuáles. 

Lo ha hecho tras implementar medidas de seguridad para controlar la apertura y el cierre de varias instalaciones y garantizar lo que han considerado su “uso correcto”. Así sucede cada día desde que el equipo de gobierno municipal tuvo conocimiento de la situación, un vigilante se acerca al acceso a las nueve de la noche y echa el cerrojo para garantizar el buen descanso de los muertos. Doce horas más tarde acude a hacer justo lo contrario: abrir la puerta al inamovible reino del infierno y de los cielos.

El Ayuntamiento de Sant Josep ha tomado medidas: un vigilante se acerca al acceso del cementerio a las nueve de la noche y echa el cerrojo para garantizar el buen descanso de los muertos. Asegura que las personas que antes dormían en el camposanto están atendidas por Servicios Sociales

La medida afecta a los cementerios Sant Jordi y de Sant Francesc, así como a las pistas de Can Raspalls y el polideportivo de Can Burgos, donde también había hasta ahora personas sin hogar pernoctando. En el primero de estos espacios públicos dormía Manolo [nombre ficticio para este reportaje], un ciudadano de edad avanzada que llevaba tiempo “en situación de calle”, han explicado desde Cáritas Diocesana, que le atendía desde su servicio de acogida. 

El objetivo: “buscarse la vida”

Era un impasse mientras se determinaba la suerte de encontrar un lugar en una residencia, que finalmente, gracias al trabajo de la organización sin ánimo de lucro junto con los Servicios Sociales municipales, ha podido conseguir. “Mientras tanto, se buscaba la vida cómo podía”, apuntan desde Cáritas. Aclaran que la medida no ha sido una respuesta [institucional], sino que ha coincidido en el tiempo. Es difícil, por otra parte, llevar un seguimiento de “todas las personas en esta situación”, añaden desde Cruz Roja.

Otras de las personas sin hogar no optan por recursos habitacionales parecidos. Una residente de Sant Josep asegura a elDiario.es que por la calle, en el núcleo poblacional, no han visto a gente sufrir este desamparo: “Ahora hace tiempo que vivimos en el campo, pero cada mañana bajamos al pueblo y no hemos percibido nada fuera de lo normal”. 

En Sant Jordi, sin embargo, al caer la noche, se puede observar cómo algunas personas se acurrucan envueltas en mantas y cubiertas con sudaderas –la inminente llegada del otoño– en bancos y zonas verdes cercanas al cementerio, la Iglesia y a un supermercado a los exteriores de la localidad donde, en un terreno adjunto, se produjo en 2024 el desalojo de un centenar de trabajadores de origen saharaui. 

En Sant Jordi, al caer la noche, se puede observar cómo algunas personas se acurrucan envueltas en mantas y cubiertas con sudaderas -la inminente llegada del otoño- en bancos y zonas verdes cercanas al cementerio, la Iglesia y a un supermercado

El pasado agosto, en sesión plenaria, el Ayuntamiento avaló el desmantelamiento de las 150 infraviviendas y recordó que “no se tolerarán asentamientos ilegales” en el municipio. Sant Josep es, junto al anillo periférico de la ciudad de Eivissa, la zona donde más asentamientos se han desmantelado en los últimos años. El desalojo más reciente se produjo en la estructura abandonada de un complejo hotelero a medio construir en Punta Xinxó, en la bahía, donde se habían asentado un centenar de personas sin techo. 

Algunas de ellas se trasladaron tras la actuación policial a un antiguo mercantil hippy, también abandonado, muy cerca de allí. Además, en otro terreno a veinte minutos a pie y cercano a la costa que alberga hoteles cada vez más enfocados al turismo de lujo, existe otro asentamiento chabolista formado por una decena de temporeros provenientes del Sáhara Occiental. Lo que indica, lo que todo el mundo ya sabe, que el problema habitacional no se extingue: sólo se mueve.

De momento, Sant Josep es el único término municipal que ha visto cómo personas sin hogar utilizaban para pernoctar sus cementerios. Ninguno de los cuatro ayuntamientos restantes ha tenido constancia, por lo menos hasta ahora, en una situación similar, como han confirmado a elDiario.es.

No es, eso sí, el único que persigue los asentamientos. Sin ir más lejos, este último mes la Policía de Sant Antoni ha desmantelado tres núcleos chabolistas en áreas rústicas y naturales del territorio de su competencia y, en lo que va de año, los agentes –que cuentan con drones para vigilar zonas de difícil acceso– han interpuesto 41 sanciones relacionadas con acampadas, caravanas y autocaravanas utilizados como vivienda. 

Uno de cinco trabajadores: en riesgo de exclusión 

En Balears, un 34,2% de las personas sin hogar están en esta tesitura por problemas relacionados con la vivienda, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). De este porcentaje total, un 20,1% se vieron en este crítico escenario tras ser desahuciados, un 3,6% porque se les terminó el contrato de alquiler que tenían hasta el momento y el 10,5% restante porque no pudieron seguir pagando el alojamiento.

En Balears, un 34,2% de las personas sin hogar están en esta tesitura por problemas relacionados con la vivienda, según datos del INE. Además, uno de cada cinco trabajadores está en riesgo de exclusión social

En el archipiélago, uno de cada cinco trabajadores está en riesgo de exclusión social: 223.000 ciudadanos residentes, según datos recientes recogidos en el Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en las Islas Baleares. Esto significa que, a pesar de ocupar un puesto de trabajo activo, no pueden costearse el nivel de vida de las islas y están atrapados, por contra, en procesos de vulnerabilidad. 

De hecho, un estudio reciente realizado por dos economistas y presentado esta semana en Eivissa arroja que el holgado crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) de las Pitiusas no se traduce en mayor bienestar ni renta per cápita para la población. La conclusión se recoge en el informe Fénix –elaborado por el doctor en Economía de la Universitat de Barcelona (UB) Miquel Puig y el catedrático en Economía de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) Guillem López–, que extrapola los resultados obtenidos de analizar la realidad turística en Catalunya a las islas, donde se agravan. 

Muchas personas viven con lo justo y casi todo marcado por el tema de vivienda. Por desgracia, en la ‘isla del lujo', la brecha entre los que más y menos tienen cada día es mayor: la clase media cada vez toca más dimensiones de la exclusión

El incremento de la población en el archipiélago repercute en un colapso de los servicios públicos –porque hay parte de la misma que no contribuye a los mismos o contribuye muy poco– y en un encarecimiento de la vivienda que lo dificulta o prácticamente lo imposibilita, recoge el análisis.

A día de hoy, Cáritas Diocesana atiende a dos mil personas en sus distintos programas. “Muchas de ellas viven con lo justo y casi todo marcado por el tema de vivienda”, lamenta Gustavo Gómez, coordinador de la organización en la isla. “También hay quienes buscan mejorar su empleabilidad y personas migrantes que quieren aprender el idioma para facilitar su integración”, sigue. “Pero, por desgracia, en la ‘isla del lujo', la brecha entre los que más y menos tienen cada día es mayor: la clase media cada vez toca más dimensiones de la exclusión”.