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Sobrevivir entre las ruinas de un viejo mercado 'hippie': el éxodo de los trabajadores que sostienen la Ibiza del lujo

Foco

El corazón de la zona turística de Cala de Bou, tiene, desde hace años, un halo fantasmagórico. La decadencia de este tramo del litoral suroeste de la isla de Eivissa ha sido progresivo: bares y negocios fueron echando el cerrojo cuando otro modelo turístico, menos vinculado al turismo de masas y de familias, empezó a triunfar. El antiguo terreno que albergaba el Gorila Hippy Market es un símbolo de ello. Esa sensación de declive no se deshace del barrio, que vivió hace apenas tres semanas el desalojo de una decena de trabajadores que malvivían en una estructura abandonada y grafiteada que ya forma parte del ruinoso paisaje en Punta Xinxó.

Se trata de un terreno que sirvió como morada de más de un centenar de trabajadores de la industria turística, y que se ha puesto a la venta por 35 millones de euros -a través de un portal inmobiliario digital- mientras que la mercantil Cala Xinxó S.L. litiga con el Ayuntamiento para obtener la licencia que le permita terminar de construir el hotel. La sociedad ha declinado hacer declaraciones sobre la situación del edificio o el proceso judicial. Por otro lado, una decena de los desalojados en Punta Xinxó han migrado ahora al espacio de 10.000 metros cuadrados que hasta hace diez años constituía una atracción turística, aunque de corta vida.

En una pegajosa mañana de agosto, dos de ellos oran sobre unas esterillas que han extendido en el suelo. No suman más de media docena, aunque a pleno mediodía probablemente la mayoría se encuentren en sus puestos de trabajo. Este diario ha intentado hablar con algunos de ellos para preguntarles por la situación en la que viven. Sin embargo, prefieren no hacer ningún comentario al respecto, alegando que se trata de una propiedad privada. Se encuentran visiblemente nerviosos y molestos por estar, una vez más, en el foco mediático, pues cada vez que se desmantela un asentamiento se erige otro debido a que la cuestión de fondo –la crisis habitacional– sigue sin resolverse.

Una vecina de la zona, que prefiere no ser identificada, explica que en el antiguo mercadillo hippie residen una veintena de personas, y que las primeras empezaron a llegar hace unos cuatro meses, antes del desalojo de Punta Xinxó. Afirma que no hay problemas de convivencia, ni de ningún otro tipo, con los moradores. El problema, señala, es que el recinto funciona desde hace años a modo de vertedero ilegal.

Los desalojados que moran en un antiguo mercadillo

“Sí, son de origen senegalés, entraron cuando desalojaron el hotel de Punta Xinxó, pero no dan problemas”, señala una trabajadora de un souvenir de los alrededores, sin ahondar mucho en la cuestión. En julio de 2013, durante apenas unos años, el recinto empezó a funcionar como un mercadillo hippie, después de que la mercantil Fifty, S.L. obtuviera los permisos municipales para explotar en la parcela un bar-restaurante, un café-concierto, una sala de fiestas sin atracciones y dos locales destinados a la venta de productos artesanales. Sin embargo, hace una década que en la propiedad se acumulan vehículos abandonados, materiales y otro tipo de objetos pesados que han conducido a los vecinos, preocupados, a denunciar la situación a través de la Línea Verde del Ayuntamiento de Sant Josep.

Chris Langley, quien lleva más de cuatro décadas residiendo en Cala de Bou, en Sant Josep de Sa Talaia, cree que el Ayuntamiento –para resolver la situación de Punta Xinxó y el Gorila Hippy Market– podría “adquirir ambas propiedades a precio de mercado utilizando fondos europeos y estatales”. “Así se solucionaría el problema de raíz y se podrían crear instalaciones públicas y zonas verdes”, añade a este diario. En este sentido, valora que la crisis de vivienda de los trabajadores de temporada se podría mitigar si el Ayuntamiento cediera suelo público de su propiedad “para crear espacios de convivencia y alquilar habitaciones a un precio mínimo” de unos 300 euros.

Chris Langley, vecino de Cala de Bou, valora que la crisis de vivienda de los trabajadores de temporada se podría mitigar si el Ayuntamiento cediera suelo público de su propiedad “para crear espacios de convivencia y alquilar habitaciones a un precio mínimo” de unos 300 euros

“Como medida de emergencia, se podrían instalar módulos prefabricados con habitaciones individuales, cocina comunitaria, baños y un salón común”, sostiene este vecino, que opina que el Ayuntamiento solo tendría que aportar el terreno y apoyarse en el IBAVI –Instituto Balear de la Vivienda, que depende del Govern– para costear la instalación “aprovechando los fondos europeos o los planes autonómicos que ya existen para vivienda”.

El alcalde habla de “albergue ilegal”

El alcalde de Sant Josep, Vicent Roig, explica, en declaraciones a elDiario.es, que en el pasado algunos de los trabajadores pidieron ayuda económica para abandonar la isla, y que el Ayuntamiento se la proporcionó. Así responde al ser consultado sobre si Servicios Sociales del Ayuntamiento ha facilitado algún tipo de prestación a los desalojados del hotel de Punta Xinxó, algunos de los cuales han terminado en el antiguo mercadillo hippie. Además, aclara que no se trata de personas sin recursos y que el Consistorio hace lo que puede en base a las competencias que tiene -y en las que no entra vivienda-. “Todo el mundo tiene trabajo, todo el mundo tiene ingresos”, asevera sobre el perfil de los moradores.

Por otro lado, niega que lo que está sucediendo en el Gorila Hippy Market sea un nuevo poblado chabolista sino que se trata probablemente de un “albergue ilegal”. “No hay un asentamiento: hay una persona que se está aprovechando de una situación que tenemos hoy por hoy de escasez de vivienda”, afirma. Roig explica que han hablado con los nuevos ocupantes del espacio, y que todos ellos les han comunicado que “están pagando un alquiler, con lo cual, creo que lo que se está haciendo es aprovechar una circunstancia”. “Si no es así, nos gustaría que la propiedad desalojara esta zona”.

No hay un asentamiento: hay una persona que se está aprovechando de una situación que tenemos hoy por hoy de escasez de vivienda

En este sentido, argumenta que están actuando por dos vías: urbanística y de actividades. Esta última vía es la que permitiría desalojar el recinto en caso de que esté funcionando como albergue ilegal, aclara el alcalde. El propietario ha dicho que los moradores disponen incluso de duchas, así como de diferentes espacios, añade Roig, en referencia a declaraciones realizadas a Periódico de Ibiza y Formentera.

Asimismo, el alcalde opina que los propios empresarios del sector turístico, en ocasiones, intentan mitigar la crisis de vivienda ofreciendo alojamiento a sus trabajadores. “Es importante tenerlo en cuenta”, asegura y añade que algunos de estos trabajadores con los que han hablado reconocen que les han ofrecido el alquiler de habitaciones por un precio de entre los 300 y 400 euros al mes. “Quien rechaza o no quiere estas opciones creo que no tiene cabida en la isla en este momento”, zanja Roig.

Acampados en un bosque

A pocos más de un kilómetro de esta zona se ha formado un pequeño poblado chabolista, en la zona costera entre Cala de Bou y Port des Torrent. Una trabajadora de una tienda explica que en la zona viven trabajadores saharauis, pero que ello ya ocurría antes del desalojo del hotel abandonado en Punta Xinxó.

Ahmed tiene 20 años y hace apenas tres días que ha llegado a Eivissa para empezar una temporada más trabajando en la hostelería. Durante los próximos meses atenderá a los clientes del buffet del Ibiza Gran Hotel, uno de los establecimientos de lujo de Marina Botafoch, mientras él duerme en una tienda de campaña junto a otra quincena de trabajadores del mismo origen, en esta área boscosa próxima a Port des Torrent.

Ahmed tiene 20 años y hace apenas tres días que ha llegado a Eivissa para empezar una temporada más trabajando en la hostelería. Durante los próximos meses atenderá a los clientes del buffet del Ibiza Gran Hotel, uno de los establecimientos de lujo de Marina Botafoch, mientras él duerme en una tienda de campaña junto a otra quincena de trabajadores saharauis

Viene de Elche y en octubre, cuando termine el verano, regresará a su tierra. Es uno de los cientos de trabajadores procedentes del Sáhara Occidental que, según cuenta, llegaron durante los últimos años a la isla para trabajar principalmente en la hostelería y que ahora se encuentran con una temporada más en la que el alojamiento se ha convertido en un problema.

No es la primera vez que este joven saharaui se traslada para trabajar en la pitiusa. Desde hace unos años vuelve para ocupar su puesto de trabajo en las proximidades de la conocida como ‘milla de oro’ de Eivissa, por la concentración de negocios y urbanizaciones de lujo. En el bosque en el que se han instalado hace tiempo que los empleados de los negocios de los alrededores son testigos de que hay personas viviendo en su interior. Una encargada de un restaurante cercano asegura que viven en furgonetas y tiendas de campaña, aunque sin molestar a los vecinos.

Ahmed confiesa que podría acceder a una de las habitaciones que les ofrecen en el establecimiento hotelero donde trabaja por unos 400 euros mensuales, pero también expresa que ese importe, al final de los meses, es “mucho dinero”. Todos los alojados en esta parcela de pinos y sabinas en infraviviendas construidas a partir de lonas y tiendas de campaña tienen la necesidad de ahorrar para, cuando vuelvan a casa, ayudar a sus familiares.

Una isla sin sitio para sus trabajadores

Anteriormente, los temporeros de origen saharaui solían establecerse en unos terrenos situados en sa Carroca –cerca de Sant Jordi de ses Salines, término municipal de Sant Josep– y en el ubicado justo detrás de la ITV del Recinto Ferial, en la periferia de Vila (como se conoce a la ciudad de Eivissa). Pero las actuaciones de los equipos de gobierno para hacer desaparecer la imagen chabolista de los municipios en los que legislan ha provocado que el sector más precario de la población buscara otras alternativas. Una precariedad que les ha llevado a vivir en condiciones infames por la falta de vivienda, pese a la demanda de mano de obra en la industria turística.

Al parecer, el pequeño núcleo chabolista de la calle de Conca ya existía previamente a que el Ayuntamiento de Sant Josep desalojara, a finales de julio, el esqueleto en ruinas de lo que pudo haber sido un complejo hotelero de lujo en Punta Xinxó. La ocupación de la construcción sí que generó malestar y quejas entre los vecinos y los propietarios y trabajadores de comercios contiguos por los hedores que desprendía el terreno.

El pequeño núcleo chabolista de la calle de Conca ya existía previamente a que el Ayuntamiento de Sant Josep desalojara, a finales de julio, el esqueleto en ruinas de lo que pudo haber sido un complejo hotelero de lujo en Punta Xinxó

Fueron las personas que vivían allí quienes se fueron marchando hacia la propiedad privada del Gorila Hippy Market tras escuchar tambores de desalojo donde a lo largo de los años se han intentado desarrollar varios proyectos de negocio sin que ninguno llegara a cuajar.

El actual dueño del terreno ya protestaba en 2021 al no comprender las quejas de los vecinos y aseguró limpiar el terreno “una vez cada mes”, según declaraciones a Periódico de Ibiza y Formentera. Entre sus planes estaba construir en el perímetro un Parque Hotel para el que empezó a tramitar los permisos necesarios con el Ayuntamiento, aunque reconoció que vender el terreno también es una opción que tiene encima de la mesa. El propietario ha declinado realizar valoraciones para este reportaje.

Sobre la presencia de turismos abandonados, el empresario culpó a un antiguo empleado que se encargaba de cuidar las instalaciones, como publicaba el mismo medio local. Incluso llegó a acusar a este trabajador de cobrar dinero “a sus espaldas”, motivo por el que terminó despidiéndole y por el que algunos de los vehículos se quedaron en la propiedad. En ese momento, ya había personas viviendo en el espacio que la figura de King Kong, que daba nombre al extinto mercadillo, sigue presidiendo. Respecto a los moradores, el propietario aseguró que estaba “en pleno conocimiento” y especificó que se trataba de empleados suyos que cuidaban la zona ante posibles ocupaciones o robos.

Durante años, los proyectos para dar uso a la finca han chocado con las quejas de los vecinos de una de las urbanizaciones colindantes, según fuentes próximas a empresarios de la zona. El alcalde de Sant Josep asegura que la propiedad estaría alquilando el lugar a los asentados, la mayoría de origen senegalés, para que vivan allí. En caso de que no fuera así, pide al dueño el desalojo del recinto.

Durante años, los proyectos para dar uso a la finca han chocado con las quejas de los vecinos de una de las urbanizaciones colindantes. El alcalde de Sant Josep asegura que la propiedad estaría alquilando el lugar a los asentados para que vivan allí. En caso de que no fuera así, pide al dueño el desalojo del recinto

Señala, asimismo, que “la falta de colaboración” de los propietarios de los terrenos facilita que estos asentamientos se mantengan en el tiempo. Una situación que también achaca a Paquita ‘Marsan’, la casera de los famosos, y propietaria de los terrenos boscosos de Port des Torrent a través de una de sus sociedades. Así, el alcalde valora la necesidad de que administraciones, empresas y propietarios de terrenos colaboren para evitar que las personas expulsadas de un asentamiento terminen ocupando otro. Tanto el Gorila Hippy Market como el terreno boscoso de la calle Conca son dos de los puntos donde se ha reproducido la situación. Paquita ‘Marsan’ no ha respondido a las preguntas de este diario sobre cuál es la situación del terreno de la calle de Conca.

Pero más allá de las situaciones particulares de cada uno, el desalojo judicial de un asentamiento es, en muchos casos, la antesala de la ocupación de otro, porque las causas estructurales –la escasez de vivienda y los elevados precios del alquiler– que empujan a las personas a vivir en condiciones de precariedad residencial permanecen intactas. En los últimos años, especialmente después de la pandemia, se ha dado un fenómeno nuevo en Eivissa: la proliferación de poblados barraquistas. Los asentamientos de la isla comparten una misma contradicción: en un lugar donde cada vez más espacios se transforman para atraer inversiones y visitantes con alto poder adquisitivo, quienes trabajan y sostienen la economía local tienen cada vez más dificultades para encontrar un lugar digno en el que vivir.