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Los atascos kilométricos que retratan la masificación turística en Mallorca: “Los vecinos nos quedamos en casa”

En las últimas semanas, llegar a la localidad mallorquina de Sóller es un auténtico desafío. Con el inicio de la temporada alta, miles de coches se lanzan a la carretera y forman colas kilométricas para acceder a este municipio enclavado entre el mar y la Serra de Tramuntana. Los residentes acusan una masificación que, cada año, alcanza límites extremos en la isla. Los vehículos colonizan las acercas y los viandantes deben sortearlos caminando por una abarrotada calzada. Como sucede estos meses en Canarias, la problemática ha llegado a tales dimensiones que el próximo 25 de mayo se llevará a cabo una gran manifestación contra la masificación turística y la carestía de vivienda bajo el lema 'Mallorca no se vende', inédita hasta el momento en Balears. De fondo, el eterno debate sobre la necesidad de limitar la llegada masiva de visitantes y de buscar un equilibrio económico y medioambiental en un territorio que pide a gritos una solución definitiva.

En Sóller, sin embargo, la problemática va más allá. Al igual que en otros pueblos de la Serra de Tramuntana, los vecinos están hartos de las dificultades de llegar al pueblo en el que residen y de no poder aparcar en sus calles. Por ello, se han alzado en pie de guerra para protestar, constituyéndose en un movimiento, SOS Sóller, que exige que las instituciones miren más por ellos. La entidad, además de dar un ultimátum de tres semanas al Ajuntament para que tome medidas, ha registrado una petición en la plataforma Change.org: “En nuestra localidad, Sóller, estos últimos años nos resulta prácticamente imposible poder aparcar cerca de nuestra vivienda debido al gran número de coches que circulan. Los residentes pagamos una cuota anual, aunque no es garantía de éxito pues el número de coches es, con creces, superior al número de aparcamientos. Solicitamos una solución por parte del Ayuntamiento, pues es una situación insostenible”, aseveran.

Hasta los años noventa, llegar a esta localidad de 14.000 habitantes implicaba atravesar las 70 curvas de la sinuosa carretera que cruza la Serra d'Alfàbia. Una vía que en 1847 puso fin al histórico aislamiento de la localidad, cuyas comunicaciones eran más fáciles con el sur de Francia y con la Península. Con el resto de la isla, únicamente podía conectarse por mar o cruzando toda la Serra de Tramuntana a lomos de una mula. La construcción del túnel de Sóller a finales del siglo XX supuso un antes y un después para esta localidad resguardada entre montañas. Objeto de continuas polémicas -entre ellas, un soborno millonario que cavó la tumba del expresidente balear Gabriel Cañellas (AP/PP)-, la infraestructura, de tres kilómetros de longitud, mejoró con creces las conexiones con este municipio e, irremisiblemente, el lugar se abrió en canal al turismo.

Desde hace varios años, los extranjeros se han lanzado incluso a la compra masiva de viviendas en el valle, que ha provocado, como en tantos enclaves de Mallorca, un incremento desbocado de los precios de la vivienda y que la población local con menor poder adquisitivo no pueda hacer frente a los elevados costes. Hoy, el precio de una casa en Sóller puede llegar a costar más de cuatro millones de euros.

Sin embargo, más allá de la gentrificación a la que se ven expuestos, los vecinos claman contra otra de las problemáticas que arrastran desde hace años pero que en las últimas semanas se ha recrudecido: los innumerables atascos que deben soportar diariamente cada vez que intentan llegar al pueblo o aparcar en sus calles. “Intentar volver a casa y tener que decidir dar la vuelta para comer fuera”, lamenta uno de ellos en Facebook.

“La gente de Sóller intenta no salir a la calle”

Intentar encontrar a residentes en el centro de Sóller un martes por la mañana no parece tarea fácil. No sólo porque el día anterior se ha celebrado Es Firó, una de las fiestas populares más importantes de la isla. También porque apenas se dejan entrever en medio de la marabunta de turistas que se agolpan en la Plaça de la Constitució, quienes apenas son conscientes de la problemática que atraviesan los vecinos: “Nosotras estamos encantadas. Hemos venido unos días a Mallorca. Hemos alquilado un coche y no hemos tenido ningún problema”, comentan tres mujeres procedentes del municipio gallego de Viveiro.

Sin embargo, la indignación sí es palpable entre quienes cada día, para trabajar o realizar cualquier actividad cotidiana, deben sufrir los atascos. Una de las afectadas es Maria Thomasovic, quien, visiblemente molesta, asegura que, como muchos de los vecinos de la localidad, intenta no salir a la calle. “Nos hemos acostumbrado a quedarnos en casa. Antes íbamos a la plaza un sábado por la mañana, ahora lo evito. Cosas tan simples como salir de trabajar o recoger a la niña del cole de verano se ha vuelto una locura. A veces llegas media hora tarde por los colapsos”, comenta.

Maria recuerda incluso una ocasión en la que bajó al supermercado: “De eso que tienes que ir un segundo para comprar pan para el mediodía. Tuve que ir esquivando a la gente. Cuando llegué a casa me eché a llorar de ansiedad”.

Vivir en Sóller: “sólo” para quienes han recibido herencia

Autora de un vídeo que ilustra la dimensión de los atascos en la carretera de Sóller, explica que lo grabó “un sábado normal” en que “intentaba salir del pueblo”. “Pero esto es cada día y los fines de semana aún peor, porque hay mercado. Y ha ido en aumento con los años desde que Sóller comenzó a publicitarse a través de Internet”, comenta esta residente del municipio mallorquín, quien recuerda, con todo, que el túnel situado en la carretera que une Palma con el Port de Sóller “antes tenía peaje y eso frenaba un poco, pero desde que lo quitaron esto ya es entrada libre. Mallorca está saturada en general. Es como si fuese Disneyland y Sóller fuese la atracción más guay”.

Antes había un peaje y eso frenaba un poco, pero desde que lo quitaron esto ya es entrada libre. Mallorca está saturada en general. Es como si fuese Disneyland y Sóller fuese la atracción más guay

Sobre el panorama de la vivienda, señala que comprar “se ha vuelto imposible” y, en el caso del alquiler, “están pidiendo 1.000 euros por un estudio de 50 metros”. Un vistazo al portal inmobiliario Idealista permite comprobarlo: el último piso dado de alta en la web es un tercero de dos habitaciones y sin ascensor que se alquila por 1.800 euros al mes. “La gente joven no puede alquilar una vivienda y acaba yéndose a otros lugares. Van expulsando progresivamente a la gente del pueblo. Aquí sólo pueden quedarse los que tienen herencia. Si no tienes una herencia, estás vendido”, recrimina, barruntando cómo Mallorca “va camino de convertirse en Mónaco”.

Maria lamenta, al hilo de lo anterior, que “las tiendas emblemáticas poco a poco han ido desapareciendo”. “Donde antes había una librería de toda la vida, ahora hay una peluquería super fashion. Poco a poco van cerrando los establecimientos más típicos y van abriendo franquicias y establecimientos destinados al turismo”, añade. Pero no a un turismo cualquiera: “Zonas como s'Arenal o Magaluf tienen problemas con el turismo típico de borrachera, gente que viene por dos duros a pegarse la fiesta el fin de semana. Aquí tenemos más el turismo de lujo. Pero al final su lujo acaba siendo nuestra miseria. Los precios están tan elevados que nosotros, con nuestros sueldos, no podemos pagar lo que ellos sí pueden”. 

Ir a comer al Port de Sóller, una utopía

Por su parte, Pedro, jubilado que residen en la localidad, lamenta también las dificultades para moverse en Sóller y, respecto a los colapsos, responde resignado: “Mallorca no se puede ensanchar. Si fuera una provincia del centro de España, aún... Pero Sóller está cerrado entre las montañas, que recuerdo muy nevadas cuando era pequeño. La gente no puede ni aparcar y sé que el Ajuntament ha hecho todo lo posible. Es muy complicado todo esto”.

Sentado en la atestada terraza de uno de los bares situados en la céntrica Plaça de la Constitució, comenta, sobre la masificación turística que vive el municipio, que “esto ya es demasiado”. “La semana pasada estuve por Palma y me agobié. Y anteayer fui con mi mujer y mis hijos a comer al puerto y no se podía ni aparcar el coche. Ni a pie se puede ir. Y a veces estás tranquilo en un bar y hasta te viene un alemán a mirar el plato que te estás comiendo”, comenta jocoso.

La semana pasada estuve por Palma y me agobié. Y anteayer fui con mi mujer y mis hijos a comer al puerto y no se podía ni aparcar el coche. Ni a pie se puede ir. Y a veces estás tranquilo en un bar y hasta te viene un alemán a mirar el plato que te estás comiendo

Hace una semana, la sala magna de la corporación municipal fue testigo de una escena como pocas. Más de cien vecinos se agolparon en la estancia para exigir soluciones a la falta de aparcamiento y a la saturación de los accesos, para lo cual han concedido un plazo de tres semanas a la institución. De no adoptar ninguna medida, los residentes no descartan llevar a cabo protestas más sonoras. A raíz de las quejas que todos ellos han ido trasladando al Consistorio surgió el movimiento SOS Sóller. Una de sus portavoces, Sio Bauzà, comenta que en el grupo de difusión que han impulsado en WhatsApp ya hay más de 900 personas. “La gente está muy enfadada. Nuestro objetivo es poder aparcar y no hace falta que sea delante de casa. En estos momentos puedes dar ocho vueltas que el parking está imposible”, lamenta.

En declaraciones a este medio, Bauzà recuerda que el año pasado las mujeres que hoy 'lideran' SOS Sóller ya comenzaron “a estar un poco más guerreras”. “Pero este año la gente ya no puede más”, subraya. En este sentido, considera que “los extranjeros no tienen ninguna culpa”. “Yo soy extranjera cuando me voy a otro país, pero la gente está rabiosa y el ambiente que se respira no es agradable”, aclara.

Por ello, reclaman que las calles más saturadas sean destinadas para residentes y que los puntos de tráfico más críticos se reconviertan en Áreas de Circulación Restringida (Acire). “Yo tengo una tarjeta y estoy pagando una cuota de 40 euros para poder aparcar en mi calle durante todo el año y no puedo hacerlo porque todo está invadido de coches de alquiler”, comenta. Sio señala que, por ahora, el Ajuntament no les ha dado ninguna respuesta contundente: “El día que nos reunimos la verdad es que nos trataron bastante bien y nos dieron sus explicaciones. Pero ya ha pasado una semana. Nos volveremos a reunir con el alcalde y el regidor de movilidad y si no, haremos otro tipo de movilizaciones. La gente está dispuesta. Saldremos a la calle y seguiremos haciendo ruido”.

Desde el Ajuntament de Sóller han puesto sobre la mesa algunas medidas, como la creación de zonas de bajas emisiones o de circulación y aparcamiento restringidos, aunque admiten que no podrían aplicarse hasta el próximo año. Por ahora, el Consistorio ha reconvertido dos terrenos en aparcamientos con una capacidad total de 200 plazas. Además, el próximo 23 de mayo se ha convocado a tres bandas en la que estarán presentes representantes de la corporación municipal, el Consell de Mallorca y la Dirección General de Tráfico (DGT).

El Ajuntament: “La calidad de vida de los residentes se está resintiendo”

Desde el propio Ajuntament, donde gobierna el PP en coalición con la formación local Seny i Sentit, expresan su preocupación: “Nos hemos encontrado con que, desde el mes de abril, nunca habíamos visto tanta afluencia de coches en nuestro municipio, creando a según qué horas del día un colapso importante en la carretera. Si el trazado que une Sóller al puerto se recorre normalmente en una media de 7 u 8 minutos, ahora puede llegar a tardarse unos tres cuartos de hora en atravesarlo”, señala a elDiario.es el teniente de alcalde Carlos Darder, quien admite que esta situación genera “bastante preocupación” en la institución dado que, “quieras o no, la calidad de vida de los residentes se está resintiendo. Y esto se está convirtiendo en un problema”.

Como señala, el Consistorio reclama, sobre todo a la DGT, que aplique medidas que vial y técnicamente puedan solventar los colapsos en esas horas puntuales. “Sabemos que no se puede instalar un peaje, que antes hacía de filtro. Les expondremos la problemática, a ver qué soluciones nos proponen”, comenta el regidor, quien subraya que los atascos han ido in crescendo en los últimos años, sobre todo desde la pandemia. “Personalmente, yo nunca había visto un mes de abril con esa carga de vehículos”, reconoce. Sobre los dos aparcamientos habilitados provisionalmente, apunta que se llenan de inmediato y “no dan respuesta a la cantidad de coches que entran”.

Por su parte, el Consell de Mallorca, encargado de planificar y ejecutar obras de construcción, ampliación y mantenimiento de carreteras, está ultimando su Plan Especial de Aparcamientos Disuasorios, que contempla descongestionar los accesos a determinados municipios de la isla, entre los que se encontraría Sóller. Mientras tanto, en las calles -y en redes sociales- la crispación continúa. “Hasta que no haya nadie que no llegue al hospital y muera por el camino...”, llega a proferir uno de los afectados por el caos circulatorio. De no poner coto a la problemática, las protestas no se harán esperar.