Rock, el perro que 'trabaja' en el hospital para que los niños pierdan el miedo a la aguja
Al llegar al área de Pediatría del Hospital de Manacor, Laura y sus padres se llevan una sorpresa. Allí les espera Rock, un Cavalier King Charles Spaniel curioso, tranquilo y dispuesto a dejarse acariciar. Su misión: acompañar a la niña mientras espera su turno para hacerse una extracción y también durante el momento en que le sacan sangre. Laura alarga la mano y comienza a tocarle el pelo mientras el animal permanece a su lado, ajeno al ajetreo del hospital. La aguja todavía no ha llegado y, por ahora, toda la atención está puesta en el can. “Cuando nos han dicho que habría un perro, pensábamos que era un peluche”, cuentan entre risas María y Rafa, los padres de la pequeña.
Entre batas, carros, tubos de extracción y el movimiento rutinario de los profesionales sanitarios, Rock, con su calma casi contagiosa, es uno de los perros que participan en el programa de intervenciones asistidas con animales que ha puesto en marcha el Hospital de Manacor junto a la Fundació S'Hort Vell y Purina con el objetivo de reforzar el apoyo psicoemocional que el hospital ofrece, ayudando incrementar la confianza de los niños y a reducir el miedo, el estrés y la percepción del dolor mediante la interacción con los perros, además de favorecer la comunicación y generar entornos más cercanos.
Rock, que aún no ha cumplido un año, se acerca, olisquea, agita la cola y permanece atento a los movimientos de Laura, que con una cuchara le da bolitas de pienso. El intercambio es sencillo: ella le ofrece comida y él se queda cerca, pendiente de su mano. Poco a poco, la niña se familiariza con el perro y la espera por la extracción se convierte en un rato de juego y distracción. El temor a la aguja se diluye entre caricias, croquetas y sonrisas.
Una sorpresa en la sala de espera de pediatría
La experiencia comienza antes de entrar en la sala de extracciones. Ese es precisamente uno de los objetivos del programa de intervenciones asistidas con perros: actuar sobre la llamada ansiedad anticipatoria, esos minutos en los que un niño sabe que le van a pinchar y empieza a imaginar lo que ocurrirá. El proyecto está dirigido a niños y adolescentes que tienen que someterse a extracciones de sangre, uno de los procedimientos que más ansiedad puede generar durante la infancia.
Silvia, técnica de S'Hort Vell, acompaña a Rock durante toda la intervención. Ella permanece pendiente del animal y del menor, guiando el encuentro y adaptándolo a cada momento. “¿Quieres darle de comer? ¿Te gustan los perros?”, pregunta a Laura cuando se encuentra con Rock. No hay prisa. El objetivo no es conseguir que la niña deje de tener miedo de golpe, sino ofrecerle algo distinto en lo que concentrarse. Deja que la pequeña sujete la correa del perro y entran juntos en la sala de extracciones, interactuando en todo momento. Cuando suben a la pequeña a la camilla, acomodan también al animal a su lado, lo suficientemente cerca para que pueda acariciarlo mientras los profesionales sanitarios preparan el material.
Rock permanece tranquilo, ajeno al trajín de la consulta, mientras la niña concentra su atención en él. La presencia del perro transforma por unos instantes la escena hospitalaria: entre el instrumental médico y las indicaciones del personal, la niña encuentra en él una compañía que la ayuda a distraerse y afrontar el procedimiento con mayor tranquilidad. Mientras tanto, los enfermeros hacen su parte. “¡Sopla!”, le dicen a Laura, que continúa observando y acariciando al animal. En cuestión de segundos, todo ha terminado.
La niña ofrece comida al perro y él se queda cerca, pendiente de su mano, ayudándole a gestionar el estrés. El objetivo no es conseguir que Laura deje de tener miedo de golpe, sino ofrecerle algo distinto en lo que concentrarse
Rafa y María cuentan que no conocían el proyecto y que Laura tampoco había vivido antes una experiencia así. Llegar al hospital y encontrarse con Rock les ha gustado y destacan que la niña está más tranquila y que el entorno les resulta agradable. También ellos han encontrado algo diferente de lo que esperaban cuando llegaron.
Después de Laura le toca el turno a Sofía y se sigue el mismo procedimiento. También ella se acerca a Rock, aunque algo más nerviosa y cautelosa. Silvia permanece a su lado en todo momento, pendiente tanto de la niña como del animal, mientras los enfermeros la tranquilizan tanto en los momentos previos a la extracción como durante la misma. Al final, Sofía se siente tan cómoda que no quiere marcharse y, tras pasar un rato agradable con Rock, se queda jugando en la zona infantil del área de pediatría.
Hoy es Rock quien está trabajando. Pinya, la otra perra -de raza labrador- que suele participar en estas intervenciones, está temporalmente de baja por una dermatitis ya curada, aunque todavía está recuperando el pelo y tendrá que esperar para volver al hospital.
Una experiencia “crucial y muy positiva”
Mae, integrante del equipo de enfermeros del hospital, reconoce que cuando le propusieron participar en el proyecto tuvo inicialmente ciertas reservas porque era una situación nueva. Después de probarlo, su valoración ha cambiado por completo. “Muy positiva”, resume. La presencia del perro, explica, genera “un ambiente mucho más tranquilo, mucho más sosegado” y facilita incluso el momento de la extracción. Para ella, la intervención de Silvia es también “crucial y muy positiva”.
Para Mae, sanitaria, ´la presencia del perro genera 'un ambiente mucho más tranquilo, mucho más sosegado' y facilita incluso el momento de la extracción
La escena puede parecer espontánea, pero hay mucho trabajo detrás. Para que Rock pueda entrar en un hospital existe todo un protocolo detrás: el perro cuenta con documentación sanitaria, controles veterinarios, analíticas periódicas, desparasitaciones y protocolos de higiene y comportamiento. Lleva incluso una identificación que lo incorpora simbólicamente al equipo que trabaja en el hospital. Silvia explica que ella y las profesionales de la Fundació S'Hort Vell son especialistas y técnicas en intervenciones con animales y cuentan con formación específica además de sus estudios en Psicología, Trabajo Social o Educación Social.
Silvia certifica que los animales cumplen los requisitos necesarios para trabajar en un entorno sanitario: controles veterinarios, analíticas cada seis meses, desparasitaciones y unas condiciones estrictas de limpieza. “Tiene que venir superlimpio todo”, explica. El programa contempla que, después del encuentro en la sala de espera, el animal pueda acompañar en algunos casos al niño durante la extracción, siempre sin interferir en el trabajo de los profesionales sanitarios. Después puede producirse un último contacto con el perro para intentar que el recuerdo asociado al hospital sea más positivo.
Antes que la aguja, Rock
Mae cuenta que la experiencia se repite cada quince días y que atienden a unos cuatro niños por jornada. La enfermera insiste en que trabajar con niños es diferente. “Es más dificultoso que un adulto”, admite. Y es que, en el caso de los pequeños, explica, la extracción puede generar más tensión y resulta más complicado mantenerlos tranquilos y distraídos durante el procedimiento. Por eso, cualquier recurso que ayude a rebajar los nervios antes de una extracción acaba siendo también un apoyo para los profesionales que tienen que realizarla: la presencia de Rock crea un ambiente más tranquilo y sosegado y facilita incluso el momento de sacar sangre.
La Fundació S’Hort Vell nació en 2023 como continuación de la trayectoria del C.E. S’Hort Vell, una entidad que llevaba 25 años trabajando con terapias asistidas con animales. Sus objetivos incluyen impulsar, crear, investigar y gestionar proyectos educativos y terapéuticos asistidos con caballos y perros, con especial atención a niños, jóvenes y personas con diversidad funcional. La fundación sitúa el vínculo entre personas y animales en el centro de estas intervenciones y defiende que ese vínculo debe estar gestionado por profesionales especializados.
La entidad cuenta con varios canes entrenados que colaboran en las Intervenciones Asistidas con Perros (IAP). La fundación explica en su web que sus canes viven juntos, reciben entrenamiento para trabajar en distintos entornos -entre ellos hospitales, residencias y centros educativos- y que su capacidad para establecer vínculos con las personas, especialmente con niños y mayores, puede favorecer la motivación y la interacción.
Pero para formar parte de este equipo no basta con que un perro sea sociable. Desde S'Hort Vell señalan que los animales de intervención son seleccionados por sus cualidades y deben superar un proceso de entrenamiento que se mantiene durante su etapa como recurso profesional. La fundación destaca además una premisa: que el perro pueda “ser perro la mayor parte del tiempo”, de manera que cuando llega el momento de trabajar pueda hacerlo de forma voluntaria y positiva. Todos los animales que participan en las intervenciones pasan, además, controles veterinarios destinados a garantizar su buen estado físico y psíquico.
El perro como “puente emocional”
Desde 2015, Purina impulsa la investigación, la promoción y la implementación de las intervenciones asistidas con animales con el objetivo de reunir evidencia científica sobre los efectos del vínculo entre personas y animales y promover buenas prácticas en este ámbito. La compañía señala que ha realizado y patrocinado estudios para evaluar el impacto de estas terapias, especialmente en pacientes con problemas de salud mental, en colaboración con centros hospitalarios como el Hospital Niño Jesús de Madrid, el Hospital Clínic y el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, el Hospital de Mataró y el Hospital Santa María de Lleida.
Esta apuesta se completa con la Alianza Purina Terapia Animal, un proyecto de expansión nacional mediante el que la compañía asesora de forma gratuita a hospitales y centros sanitarios para ayudarles a poner en marcha este tipo de programas. Entre sus objetivos está formar a los profesionales sanitarios, impulsar proyectos piloto y favorecer que, una vez evaluados, puedan extenderse a más pacientes. Purina cita entre los centros asesorados el Hospital Mútua Terrassa y la Clínica Doctor León.
Cualquier recurso que ayude a rebajar los nervios antes de una extracción acaba siendo también un apoyo para los profesionales que tienen que realizarla: la presencia de Rock crea un ambiente más tranquilo y sosegado
“Las intervenciones asistidas con animales, especialmente con perros, pueden contribuir a reducir la ansiedad, mejorar el estado de ánimo y favorecer una experiencia hospitalaria más cercana y humana”, señala por su parte Elisenda Saperas, veterinaria y responsable de comunicación de Purina España. En el caso de los niños, añade, la presencia de un perro especialmente seleccionado y preparado puede aportar “seguridad, confianza y acompañamiento” ante un entorno desconocido y procedimientos que pueden generar miedo. Es el planteamiento del proyecto desarrollado junto a la Fundació S'Hort Vell en el Hospital de Manacor.
En declaraciones a elDiario.es, Saperas subraya que la intervención no se limita a distraer al niño. “Jugar, acariciar al perro, hablarle o simplemente tenerlo cerca puede ayudar a desviar la atención del procedimiento y reducir la tensión del momento”, explica. El animal puede actuar también como “un puente emocional”, facilitando la comunicación y ayudando a que el menor se sienta acompañado y tenga un papel más activo en una situación que normalmente escapa a su control. En procedimientos como una extracción, esta función cobra especial importancia durante la espera, cuando aparece la ansiedad anticipatoria: “Contar con un perro durante esos minutos puede ayudar a transformar esa espera”, señala, convirtiéndola en un espacio de interacción, juego y calma.
La veterinaria asevera, no obstante, que estas intervenciones son un complemento de la atención sanitaria y requieren profesionales y animales específicamente preparados. “Humanizar la atención sanitaria también significa atender las emociones del paciente”, sostiene. La selección de los perros se realiza de forma individual, valorando su estabilidad emocional, sociabilidad, capacidad de recuperación y tolerancia a la manipulación, y una vez incorporados al programa cuentan con seguimiento veterinario y evaluación continua. Si el animal muestra señales de estrés, la intervención se adapta o se detiene.
Los programas incluyen además protocolos de higiene, prevención de infecciones, controles veterinarios y formación específica de guías y profesionales sanitarios, de forma que el acompañamiento pueda producirse garantizando tanto la seguridad de los pacientes como el bienestar del propio perro.
Además del ámbito hospitalario, Purina sitúa las intervenciones asistidas con perros en un abanico más amplio de contextos. La compañía señala que estos animales pueden participar en centros escolares para favorecer la comprensión y la lectura, la desinhibición, la autoconfianza o la motivación, así como en centros de menores, penitenciarios y residencias de mayores, donde las actividades buscan generar estímulos positivos y trabajar aspectos cognitivos, psicomotrices y de bienestar emocional.
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