Vandalizan con pintadas uno de los antiguos templos del cine en Palma: “Alteran la calidad del paisaje urbano”

Esther Ballesteros

Mallorca —
13 de enero de 2026 12:52 h

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La emblemática fachada de los antiguos cines Metropolitan Palace, uno de los templos del celuloide que durante décadas albergó Palma, ha aparecido vandalizada con pintadas. Se trata de unos hechos que, tal como denuncian las entidades, se suman al progresivo abandono de otros históricos edificios ubicados en la barriada de Pere Garau, tradicional refugio de la clase obrera reconvertido en la actualidad en una de las zonas del extrarradio más afectadas por la especulación inmobiliaria.

La plataforma Flipau amb Pere Garau ha lamentado la continua vandalización de determinados espacios a pesar de que el pasado 9 de diciembre la entidad remitió al Ayuntamiento un informe con 326 pintadas detectadas, lo que, en su opinión, demuestra una falta de respuesta municipal “ágil y eficiente” y contribuye a dar una sensación de “inseguridad y degradación que no invitan al civismo”.

A las pintadas se suman, según asevera la entidad, el abandono de solares y edificios, aceras rotas, suciedad y basura acumulada, una afectación que, “cuando se alarga en el tiempo, modifica la percepción de los espacios” en el barrio con más densidad de población de Palma. En un comunicado, el colectivo recrimina que muchas de las pintadas permanecen visibles en el espacio público pese a haber sido notificadas “tras un laborioso trabajo de campo”.

Flipau amb Pere Garau ha hecho un llamamiento a la colaboración ciudadana para preservar el barrio y denunciar este tipo de comportamientos, recordando que el espacio público “es un bien común que debe ser respetado por todos y todas”. La plataforma recuerda que los ciudadanos tienen a su disposición su 'Antena Pere Garau 629 63 33 95', que, mediante WhatsApp, ayuda a canalizar las incidencias a la administración.

El caso del antiguo Metropolitan posee, además, una dimensión histórica y urbanística: inaugurado en 1944 como cine Metropol, fue una de las salas cinematográficas más significativas de la capital balear, convertida en 1975 en la ciudad española con un mayor número de salas de estreno y cines de barrio por habitante, con decenas de ellas repartidas a lo largo y ancho de la ciudad.

Solo en Pere Garau se ubicaban, junto al Metropolitan, el Hispania, el Fantasio y los Chaplin, entre otros. Cincuenta años después, nada o casi nada queda ya aquellos templos del celuloide tras barrer con ellos la irrupción del VHS y el furor de los videoclubs, que, de paso, se llevaron por delante los comercios y negocios que habían florecido al calor del trasiego de los espectadores. Tras el declive de las salas tradicionales frente a los centros comerciales de ocio y cines multisalas, el Metropolitan cerró en 2011 y lleva más de 15 años abandonado.

En marzo de 2025, el Ayuntamiento de Palma adquirió el inmueble y dos locales adyacentes por 3,6 millones de euros con el objetivo de poner en marcha un nuevo equipamiento público que revirtiera su estado de abandono y respondiera a las necesidades de la barriada.

El Consistorio contempla transformar los antiguos cines en un gran espacio multiservicios de unos 7.000 m² con equipamientos culturales y sociales y una comisaría de la Policía Local con capacidad para unos 30 efectivos orientada a “combatir el incivismo” y mejorar la seguridad ciudadana en el barrio. El complejo, cuya ejecución dependerá del proyecto ganador y de licitación prevista para 2026, también incluiría una unidad básica de salud, una escoleta, una biblioteca, un casal de barrio, un centro de día, una oficina de atención ciudadana y un aparcamiento subterráneo.

Para muchos vecinos, la conversión del antiguo cine en un equipamiento público supone una oportunidad para revitalizar Pere Garau, un barrio con una larga historia popular y demográfica: durante décadas ha sido considerado el de la multiculturalidad y también el de mayor densidad demográfica de la capital balear, con un 40% de residentes extracomunitarios procedentes, en su mayoría, de China y Bolivia.

En la actualidad, y pese a haber logrado durante años mantenerse al margen de la presión turística y la mercantilización urbana, convirtiéndose en uno de los barrios de acogida de quienes no podían permitirse vivir en pleno centro de Palma, Pere Garau ve cómo sus vecinos, incapaces de hacer frente a las desorbitados precios de la vivienda, han acabado siendo expulsados y reemplazados por extranjeros de elevado poder adquisitivo -procedentes sobre todo de Alemania y del norte de Europa- mientras grandes grupos inversores -suecos, franceses y alemanes, principalmente- se expanden por sus calles a la búsqueda del máximo rendimiento.