Carney escenifica un frente común con la UE ante la guerra diplomática y comercial de Trump contra Canadá
El pleno del Parlamento Europeo que se está celebrando esta semana en Estrasburgo tendrá como especial invitado y protagonista al primer ministro de Canadá, Mark Carney. Solo su presencia en la Eurocámara ya es un mensaje de profundo calado geopolítico, frente a las imposiciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Frente a un mundo donde una serie de dirigentes trata de saltarse las reglas internacionales, la consolidación de las relaciones entre la UE y Canadá es fundamental para abrir nuevas vías de colaboración que rompan la dependencia de EEUU. Carney llega a Estrasburgo con la intención de profundizar la alianza económica con la UE.
Ottawa ha pedido a Bruselas que tantee la posibilidad de encontrar un estatus especial para Canadá, una fórmula de relación donde haya una colaboración privilegiada entre ambos bloques. Otros países como Australia ya han avisado de que podrían seguir la vía canadiense de relación con la UE ante el deterioro de las relaciones con EEUU.
El problema para la Unión Europea es que sus países no cumplen los acuerdos mínimos que se firman. El primer ministro canadiense ha avisado de que aún es necesario que diez Estados miembros de la UE ratifiquen el acuerdo comercial firmado hace nueve años, según reveló en una entrevista al periódico Financial Times. España sí ratificó el acuerdo comercial de la UE con Canadá.
En las instituciones europeas esperan que la nueva situación geopolítica facilite que los países más renqueantes consoliden la nueva relación con el socio norteamericano. En 2025, el comercio de bienes entre la Unión Europea y Canadá ascendió a 82.000 millones de euros. La UE ya es el segundo socio comercial de Canadá, que se sitúa como el duodécimo de la comunidad europea.
En la última reunión de los responsables diplomáticos de los 27 países de la UE, la semana pasada, se acordó sin objeciones y por unanimidad la necesidad de impulsar las relaciones comerciales y en otros aspectos con Canadá, pese a su enfrentamiento con Trump, que podría provocar la prudencia de los países más cercanos al presidente estadounidense.
Carney no tuvo dudas a la hora de plantar cara a Trump y abandonar las negociaciones comerciales con EEUU, que llegó a decir que Canadá era el “estado número 51” de EEUU. En su pulso con Trump, Carney comentó: “No estábamos dispuestos a comprometer la soberanía de Canadá”. El primer ministro de Canadá anunció entonces que igualaría “dólar por dólar” los nuevos aranceles que aprobó la Casa Blanca.
Philipp Lausberg, analista del European Policy Centre, explica que “Canadá está ofreciendo a Europa una lección sobre cómo hacer frente a Trump: la dependencia económica no tiene por qué traducirse en sumisión política”. Lausberg resalta que “Carney ha respondido a la última ofensiva arancelaria de Washington suspendiendo las negociaciones comerciales y prometiendo una respuesta recíproca, dólar por dólar. Es una decisión llamativa para un país que envía alrededor del 70% de sus exportaciones a Estados Unidos. Sin embargo, el cálculo de Carney es que ceder una y otra vez ante unas exigencias cada vez mayores acaba generando una vulnerabilidad aún mayor”.
En este sentido, el primer ministro de Canadá quiere dejar de depender de EEUU y está abriendo su país a nuevos acuerdos comerciales e inversiones de otros socios, incluida China, lo que le ha valido nuevas críticas desde Washington.
En esta búsqueda de nuevos ámbitos de trabajo, la UE y Canadá están negociando la ampliación de acuerdos en varias materias que van desde comercio, defensa, minerales críticos, energía, sistemas financieros y liberalización de visados. Ambos bloques se han conminado a una reunión que tendrá lugar en Montreal a finales de octubre para acelerar los tratados.
En temas de defensa ya se está hablando entre las dos partes. La coordinación en materia de seguridad en la región del Ártico y las alianzas entre las industrias militares son algunas de las opciones que se están estudiando.
Anand Sundar, investigador del centro de pensamiento European Council on Foreign Relations, apunta que “los proyectos europeos de defensa deberían abrirse a países de fuera de la UE y del Espacio Económico Europeo. Las Fuerzas Armadas canadienses aportan una experiencia y unos conocimientos considerables en materia de guerra en el Ártico, un ámbito que está cobrando cada vez más interés para Europa ante el aumento de las amenazas tanto de Rusia como de Estados Unidos”. Trump volvió a incendiar las relaciones con la UE en la pasada cumbre de la OTAN cuando apuntó que “Groenlandia debería estar bajo el control de Estados Unidos y no de Dinamarca”.
Sundar recuerda que Carney dejó claro en un reciente discurso que “se acabaron los días en los que nuestras Fuerzas Armadas enviaban 70 centavos de cada dólar a EEUU”, con lo que se abren numerosas oportunidades para la industria europea de defensa.
No es el único ámbito en el que Canadá y la UE siguen la misma senda. Carney ha asegurado que quiere impulsar la creación de un organismo mundial que contribuya a supervisar la inteligencia artificial (IA) y a garantizar que su desarrollo sea seguro, según declaró en una entrevista a Bloomberg. Los temores a las consecuencias de una IA sin control han crecido en Europa.
Henna Virkkunen, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para la Soberanía Tecnológica, declaró a elDiario.es que “no es muy realista pensar que, tratándose de tecnologías que evolucionan a una velocidad tan rápida, podamos alcanzar algún tipo de acuerdo para ralentizar su desarrollo”. “Siempre habrá alguien que quiera impulsar y acelerar ese desarrollo. Es más importante centrarnos en cómo podemos alcanzar un acuerdo internacional sobre estas normas de seguridad, también en lo que respecta a la IA, porque los riesgos que estamos viendo ahora están relacionados principalmente con la ciberseguridad”.
En este acercamiento, la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, anunció que la Eurocámara abrirá una oficina en Ottawa para reforzar los lazos con Canadá y facilitar los intercambios parlamentarios a ambos lados del Atlántico.