Ceuta, dos semanas desbordada: cientos de personas aún duermen en la calle con la sensación de que va para largo
Han pasado dos semanas desde que más de 80.000 personas entraran a Ceuta procedentes de Marruecos rodeando por el mar, o incluso a pie, el espigón del Tarajal y, a pocos metros de ese punto, frente al Mercadona de la barriada de Juan XXIII, decenas de jóvenes marroquíes se aglomeran esperando a poder comer algo. Algunos se sientan desesperados a la puerta de un par de edificios abandonados esperando a que alguien les dé dinero. Otro, Ahmed, de Chefchaouen, lleva un par de grandes cartones de embalaje de leche sobre los que dormir en “el campamento” en el que vive con otros compañeros migrantes muy lejos de allí, “en la zona del Sarchal”. Al otro extremo de la Bahía Sur.
Aunque se esperaba que el cementerio musulmán de Sidi Embarek, muy próximo a la zona por la que camina Ahmed, acogiera este jueves los primeros entierros de cuerpos no identificados de personas que fallecieron durante el cruce a la ciudad autónoma, los sepelios han sido suspendidos. Igual que el traslado de cuatro de los siete cadáveres ya identificados por ADN y huellas a Marruecos. Fuentes de la funeraria local explican que el país vecino lleva dos jornadas retrasando su salida sin dar explicación. “A pesar de contar con todos los trámites realizados no dejan entrar los restos en el país”, añade esta fuente.
Unas horas después, un grupo de vecinos recibía con insultos al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, a la puerta del Palacio de la Asamblea –lugar en el que el día previo había sucedido lo mismo a la llegada de la titular de Defensa, Margarita Robles—, en la zona centro de la ciudad, donde hasta este jueves se habían concentrado mayoritariamente las quejas vecinales a pesar de ser el área de la ciudad menos transitada por las personas migrantes.
Muchos siguen durmiendo al raso en el Polígono del Tarajal. Es el caso de Rayan, un joven de 18 años de Casablanca, que llegó el jueves 30 y se ha ido moviendo por la ciudad hasta que, según afirma, acabó siendo “arrinconado” allí por las Fuerzas de Seguridad. “Creo que me devolverán a Marruecos”, asume con tristeza, mientras aprecia cómo en las naves de la zona hay movimiento que indica que pronto serán utilizadas para acoger a otros migrantes.
Fuentes de la Delegación reconocen a este medio que una de las instalaciones de la zona industrial acogerá el Centro de Atención Temporal a Emigrantes (CATE). En él se realizará el triaje de “todas” las personas que permanecen en la localidad, incluidos los alrededor de 4.000 migrantes subsaharianos que residen en el entorno de la Playa del Trampolín. Los expedientes individualizados, apuntan estas fuentes, llevarán a su deportación o al reconocimiento del derecho a asilo político.
En cualquier caso, en el CATE solo podrán permanecer 72 horas. A partir de ahí, si cuentan con orden de expulsión del país, “deberían ir a un Centro de Internamiento, CIE, donde estarían privados de libertad un méximo de 60 días hasta que se pueda completar la repatriación”, añaden a elDiario.es fuentes informadas próximas al Gobierno central. Sin embargo, estas mismas señalan que, de momento, el Ejecutivo no se plantea crear un CIE —ni siquiera temporal— en la localidad.
Además de la nave para el CATE, el Gobierno local prepara en el mismo Polígono del Tarajal varias instalaciones para acoger a menores migrantes no acompañados, cuya tutela es competencia municipal. Fuentes oficiales del Gobierno local apuntan a que ahora mismo mantienen bajo su paraguas a unos 1.400 niños y adolescentes. A ellos hay que sumar alrededor de otros 300 que se encuentran en los dos colegios habilitados por el Ministerio de Infancia. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska elevó este jueves durante su comparecencia en Ceuta el número de menores tutelados hasta 1.898.
Una cifra que desborda con mucho los servicios de acogida de la ciudad, que apenas cuenta con tan solo 29 plazas de atención ordinaria y que ya llegó a contar con más de 700 chavales en su sistema antes de la entrada del 30 de julio. A pesar de haber ampliado más de 600 nuevas plazas en los últimos días —según información oficial trasladada a este medio— resulta evidente que muchos jóvenes siguen durmiendo por las calles y en los campamentos organizados en las barriadas de Sidi Embarek y Príncipe Alfonso.
Según el colectivo Save The Children, la cifra total de menores de edad no acompañados sin identificar en la localidad ronda los 4.000. Eso a pesar de que a inicios de esta semana Policía Nacional, municipal y Ejército consiguieron movilizar a centenares de pequeños que acudieron a las dependencias policiales para ser filiados. Entre ellos se encontraba el joven Vincent, de 16 años, huérfano y con un hermano menor, que, vestido del cómico Charles Chaplin, con la cara y bigote pintados y ataviado con un polo de la empresa de limpieza municipal, animaba con un número a los presentes.
Un halo de esperanza que contrasta con las imágenes de los campamentos vecinales del Príncipe Alfonso y Sidi Embarek. Allí los vecinos se han unido para dar un espacio seguro a mujeres y niñas, aunque también a los pequeños varones que llegaron a Ceuta con sus madres. Apoyados por la ONG Luna Blanca, que aporta comida y, en cierta medida, por la Consejería de Servicios Sociales que ha servido también materiales.
Sin embargo, la paciencia de quienes se encargan de ayudar a las personas migrantes en esta zona parece haber llegado a su límite. Este jueves el presidente de la Asociación de Vecinos de la Barriada de Sidi Embarek, Abdellah Mustafa, expresaba en una rueda de prensa su hartazgo por la demora de las administraciones en reubicar a quienes allí viven, en algunos casos, desde hace ya casi dos semanas.
El órdago del activista llegó hasta el punto de plantear bajar a estas personas “al centro” y que allí “se hicieran cargo”, entendiendo que es la periferia quien está haciéndose cargo de la acogida sin que las zonas más nobles padezcan el efecto de la sobrepoblación de la ciudad. Entre ellos, el riesgo de “infecciones” por la falta de medidas de higiene en los asentamientos temporales, de los que en días previos ya había hablado Mustafa, confirmándose esta misma semana un positivo por tuberculosis.
Poco después, elDiario.es pudo saber por fuentes cercanas al Gobierno central que el Ministerio de Infancia se había planteado trasladar “a las mujeres con niños pequeños” a la antigua Fábrica de Harinas de la barriada de Otero, espacio ofrecido por el Ministerio de Defensa, que es titular de casi dos tercios del suelo de Ceuta. Sin embargo, una manifestación de los vecinos acabó por enfriar esta posibilidad. Ahora, el Estado estudia nuevas ubicaciones.
La respuesta vecinal a la presencia de los llegados hace dos semanas, en muchos casos negativa, es el clima de cultivo para frecuentes bulos. Uno de los más sonados en los últimos días corrió como la pólvora por las aplicaciones de mensajería instantánea y apuntaba a que el Ejecutivo central confinaría la ciudad durante el fin de semana y sacaría a militares y policías a las calles para hacer batidas, expulsando a los migrantes hacia Marruecos. La Delegación del Gobierno se encargó de desmentirlo, pero la historia ya se había difundido por las calles. De hecho, desde entonces, se han producido nuevos regresos voluntarios de migrantes que fuentes internas de la Guardia Civil achacan precisamente a que estas personas hayan podido dar crédito a la mentira.
Los que sí permanecen en la ciudad son los originarios de países del África Subsahariana que llevan casi quince días acordonados en la Playa del Trampolín. Allí pasan el día como pueden. Se entretienen con un balón, o cortándose el pelo en una barbería improvisada en el mismo arenero. El problema: “el hambre”, tal y como reconocen los allí desplazados y denuncian organizaciones de derechos humanos.
Es el caso de Elin, asociación local que en los últimos días afeaba que el dispositivo para el reparto de comida cada vez comenzaba antes, obligando a las personas a permanecer durante varias horas, “hasta cuatro y cinco”, bajo el sol para recibir de Cruz Roja una bolsa con alimentos muy escasos. En concreto —según fotografías aportadas por los activistas—, con un zumo, una botella de agua, una fruta, un pan, dos quesitos y algo de bollería. Ración que debe durarles “para todo el día”.
El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) muy próximo a la playa del Trampolín también está saturado, dando servicio a más de 700 personas. En los alrededores, por el monte, también duermen más de un centenar esperando poder entrar a la instalación. La idea que traslada la Delegación del Gobierno es acelerar los traslados de los usuarios a la Península, pero la norma no permite que sean desplazados hasta que cumplan al menos un mes y un día en el recinto.
El Gobierno multiplica su presencia en Ceuta
Para combatir la sensación de abandono institucional que cunde en buena parte de la sociedad ceutí, el Gobierno ha multiplicado su presencia en la ciudad autónoma. Durante esta última semana han acudido los ministros de Exteriores, Infancia, Defensa e Interior, que han conocido de primera mano las demandas del presidente, Juan Jesús Vivas, y han recalcado el compromiso de que el Ejecutivo no cejará en el empeño de devolver a Ceuta su cotidianeidad previa al 30 de julio, ahora alterada.
Aunque hay quien en el Gobierno se precipitó a dar la crisis por zanjada con la devolución a Marruecos de la inmensa mayoría de los migrantes que cruzaron la frontera, el propio Ejecutivo se ha visto obligado a adaptar su mensaje a la realidad que afronta Ceuta, donde miles de personas sobreviven a duras penas en la calle con graves problemas aún para acceder a comida, agua o aseo. Y no solo se ha modulado el discurso, sino incluso los propios datos oficiales.
Ya desde hace días el presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, apuntaba que las cifras aportadas por el Ministerio del Interior se quedaban muy cortas respecto a la información que manejaban en Ceuta. Hasta ahora, el Gobierno central hablaba de que fueron 72.000 las personas que cruzaron la frontera, de las cuales sólo 2.000 permanecían en Ceuta. El Ejecutivo ha actualizado esos datos y habla ya abiertamente de que fueron 80.000 las personas que entraron de manera irregular en territorio español y de que en Ceuta podrían quedar entre 5.000 y 8.000 personas.
En cualquier caso, el Gobierno intenta desechar la idea de colapso con datos oficiales en la mano. Desde el Ministerio de Sanidad, por ejemplo, se admitió el viernes pasado “una importante tensión” asistencial en los servicios sanitarios públicos de Ceuta, pero negó que la ciudad se encuentre desbordada. “El Hospital Universitario de Ceuta cuenta con 175 camas y ahora tiene una ocupación en torno al 63%”, señaló el secretario de estado, Javier Padilla, que explicó que el pico de atención se produjo entre el 30 y 31 de julio, tras la entrada de migrantes, con 1.149 asistencias sanitarias, pero que ahora las cifras han bajado a las 300 y 400 asistencias diarias.
La principal preocupación en este ámbito ahora es la “falta de salubridad” de las zonas donde se encuentran las personas migrantes, por lo que pide que todos los esfuerzos se centren en “prevenir el desarrollo de otros problemas de salud” mientras se resuelven la situación.