Hartazgo
Las ocho de la tarde. La hora de los concursos en televisión. La hora de la soledad. La hora en la que los camareros de los bares más concurridos ya no pueden hurgarse las narices ni hojear el periódico ni mirar distraídamente la televisión, porque a esta hora, todos los días, los bebedores de esta ciudad vamos tomando posición en la barra de todos los bares. Este es un ritual que se repite todas las tardes con una puntualidad británica.
En los establecimientos hosteleros de las calles más visitadas de esta ciudad, llueva, truene, te congele el frío la nariz que apenas te sobresale de la bufanda o se desplome el sol sobre el asfalto como una llamarada satánica, todas las tardes los bebedores, una multitud semejante a un ejército de hormigas sedientas, nos arrastramos desde nuestras madrigueras hasta la barra de los bares con el propósito de airearnos, comentar las nimiedades nuestras de cada día, desprendernos, con suerte, de nosotros mismos o en el mejor de los casos soltar un par de carcajadas.
No todos somos el mismo bebedor. Claro. Los hay de todas las clases. Los más son los herederos de los legendarios chiquiteros. Hombres, la mayoría jubilados, que van de bar en bar apurando un vino tras otro a una velocidad digna de récord olímpico. En otro tiempo, entre trago y trago, cantaban canciones ñoñas, blandas, de un sentimentalismo maternal, pero en esta época se limitan a beber el cosechero mientras lamentan o recuerdan algo que solo ellos lamentan o recuerdan, antes de salir de estampida hacia el próximo establecimiento.
También hay quienes beben el vino en soledad. En este caso suelen ser individuos más jóvenes. Hombres solitarios que piden un crianza al camarero, siempre en copa, y salen a la calle a fumar un cigarrillo mientras miran a las mujeres o se entretienen dentro del local contemplando la televisión o consultando en sus teléfonos móviles los resultados deportivos de la pasada jornada, además de las habituales barbaridades que se suceden en nuestro planeta con una monotonía de carrusel cansino, descuidado...
En la barra de un bar en el Casco Viejo, en esta tarde sorprendentemente lluviosa, un hombre de abundante pelo cano, barrigón, con unas gafas de pasta negra pasadas de moda, de una antigüedad incontestable, tras masticar una patata frita, apurar un trago de cerveza y señalar el televisor, donde el futbolista del Real Madrid Kylian Mbappé está siendo halagado por unos cuántos periodistas comprados, mientras en la pantalla se muestran las imágenes de todos los goles que el astro francés ha marcado enfundando la camiseta del club presidido por el desvergonzado Florentino Pérez, le comenta al camarero con una voz grave, rotunda, como la del capellán de una división acorazada, que: “Eso de hartarse de España me parece que tiene mucho que ver con hartarse del Real Madrid y esta pesadísima presencia suya en todos los malditos medios de comunicación”. Hartazgo. Hartazgo de todo. La pandemia que se extiende.
Sobre este blog
Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.
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