Los desterrados del trumpismo se preparan para volver... ¿con Tucker Carlson a la cabeza?
Sentados alrededor de una mesa de madera iluminada por dos velas altas y blancas, algunos de los principales rostros del movimiento MAGA que han roto con Donald Trump sonríen a la cámara: la excongresista Marjorie Taylor Greene; el aún congresista Thomas Massie; el exdirector de antiterrorismo, Joe Kent; y el expresentador de la Fox e influencer, Tucker Carlson. Fue Greene quien compartió la fotografía en X con el siguiente comentario: “Nuestro compromiso es America First para todos los americanos, ya sean de derechas, izquierdas o centro. El movimiento ha empezado”.
Desde entonces, la instantánea ha sacudido el ala conservadora, pasando de ser una mera provocación a una posibilidad real de que la facción escindida del trumpismo planee contraatacar con un nuevo partido. Por si Greene no había sido suficientemente clara, Carlson compartió su publicación y subió la apuesta: “El movimiento MAGA ha sido traicionado. Todos nosotros lo fuimos. Es hora de abrir un nuevo camino hacia adelante”.
La promesa de un nuevo grupo político que pueda capitalizar la decepción de las promesas rotas por Trump llega en uno de los peores momentos para los republicanos: a poco menos de tres meses para las legislativas, en medio del callejón sin salida iraní y con un aumento del malestar ciudadano por el encarecimiento del coste de vida. La estrategia que tome el nuevo movimiento puede hacer daño al Partido Republicano, ya que los disidentes del trumpismo conjurados aún mantienen fuerza política.
El grupo de desertores concentra las dos grandes crisis que ha sufrido Trump entre sus bases. Primero, la de los papeles del pederasta Jeffrey Epstein, con quien el magnate tuvo una estrecha relación. La reticencia inicial de Trump a publicarlos derivó en la primera deserción: la congresista Marjorie Taylor Greene pasó de acérrima lealista a íntima opositora. Tras su estela fue el congresista Thomas Massie, quien ya no podrá optar a la reelección este noviembre, pues el mandatario se encargó de bloquearle el paso.
Poco después, con el caso Epstein ya medio enterrado, la guerra de Irán provocó las otras dos grandes rupturas de alto nivel: el expresentador de la Fox criticó duramente a Trump por la campaña, al incumplir su promesa de sacar el país de los conflictos exteriores. Kent se convirtió en el primer miembro de la Administración en dimitir de su cargo por razones ideológicas. En una carta que envió al presidente y compartió en redes, el exjefe de lucha antiterrorista afeaba al republicano haber antepuesto los intereses israelíes a los estadounidenses. “Dijimos basta ya de guerras en el extranjero y lo decíamos en serio; apoyamos a Donald Trump porque él hizo esa promesa. Pero nos ha traicionado a todos”, escribía Taylor Greene en su publicación en redes.
El trasiego provocado por la foto ha derivado en nuevas especulaciones de que Carlson pudiera presentarse a las presidenciales de 2028, a pesar de que ya lo ha negado anteriormente. El martes pasado, Kent explicó en The Young Turks show que en su grupo han estado intentando convencer a Carlson para que se postule como candidato. “Diría que todos nosotros, en algún momento, le dijimos a Tucker que tiene que presentarse y Tucker ha sido bastante claro públicamente en que no va a hacerlo”, explicó el exjefe de lucha antieterrorista. “Así que todos le expusimos a Tucker nuestras razones de por qué debería presentarse y, con suerte, algún día se despierta y Tucker dice que va a presentarse”.
Una idea que esta semana ha sido desmentida por Greene en una conversación con Politico. Ahora bien, lo que sí confirmaba la excongresista es la intención de crear una alternativa real a los dos actuales partidos. “Nuestro argumento es que el sistema bipartidista es un fracaso total”, dijo.
Greene aseguraba que su idea de crear un nuevo movimiento ha recibido un apoyo “abrumador”, y afirmaba al mismo medio que ya ha recibido ofertas de “grandes donantes” que quieren “donar generosamente para ayudar”.
La influencia del pulso Vance-Rubio
La gran razón por la que el grupo de díscolos aún no ha despejado la incógnita de bajo qué estrategia piensa presentar su alternativa es porque aún no hay un candidato claro para el ticket republicano de cara a 2028. Durante los últimos meses, Trump se ha dedicado a alimentar la pugna entre el vicepresidente JD Vance —sucesor natural— y el secretario de Estado, Marco Rubio. De hecho, al hispano ya se le ha estado poniendo cara de presidente en las últimas encuestas para 2028.
Debido al éxito de su campaña en Venezuela y el favor que ha mostrado Trump por él en los últimos meses, los seguidores del magnate se han decantado más por Rubio que por Vance. En cambio, el vicepresidente carga con una tarea muy pesada —las negociaciones con Teherán— y no ha logrado tener el mismo carisma que ha mostrado el secretario de Estado en diversas ocasiones.
Aun así, el candidato que tendría más papeletas para desactivar la revuelta de los díscolos es Vance. El vicepresidente es quien encara mejor todos los valores de aislacionismo y cristianismo conservador. Cuando Trump intervino militarmente en Venezuela, Vance guardó un perfil bajo. Algo que se repitió con el inicio de la guerra de Irán, que iba totalmente en contra de sus principios y su agenda. Cuando, horas después, Vance finalmente se pronunció sobre los bombardeos sobre Teherán, dejó claro que no estaba del todo de acuerdo, pero que cerraba filas con su jefe.
A diferencia de Vance, Rubio sí que se inclina por el intervencionismo exterior. El hispano forma parte de los “halcones” favorables a la mano dura contra Irán, Venezuela y Cuba. Todo el asedio energético al que está siendo sometida la isla y las amenazas de una posible acción militar contra el régimen castrista también llevan su firma.