“Cada día de mi mandato es una victoria histórica”: Trump convierte los fastos del 250 aniversario en una fiesta sobre sí mismo
Donald Trump es el presidente de EEUU que ha pedido cambiar los carteles de los museos de la Smithsonian Institution en Washignton DC para hacerlos “menos woke”. Trump también es el único presidente de EEUU que no tiene una pequeña biografía en su cuadro de la Galería de Retratos de la capital del país. Trump es el único presidente que no celebra el Juneteenth (una contracción de June y nineteenth), un festivo que conmemora el fin de la esclavitud, a raíz del 19 de junio de 1865, cuando las tropas de la Unión llegaron a Galveston (Texas) para anunciar la libertad de los últimos esclavos afroestadounidenses en la Guerra de Secesión estadounidense.
Trump es el presidente que está renombrando cuarteles y buques de guerra, como el de Harvey Milk, activista LGTBI asesinado, de un barco de la Armada. En efecto, el Departamento de Guerra de Pete Hegseth ha decidido retirar los reconocimientos a figuras representativas de la lucha por los derechos humanos y civiles de sus dependencias.
El presidente de EEUU tiene uno de los Gabinetes menos representativos de la realidad racial del país, y cuenta con un solo miembro afroamericano, Scott Turner, exjugador de la NFL, al frente de Vivienda y Desarrollo Urbano.
Estados Unidos vive desde su fundación la paradoja de la libertad entre quienes la disfrutan y los oprimidos que la anhelan; entre quienes pueden pagar un seguro médico y quienes no tienen sanidad en el país más rico del mundo; entre los que ejercen la dominación sobre el resto y quienes la padecen; y entre quienes son multimillonarios y tienen a los políticos en sus bolsillos a través de la financiación de sus campañas y quienes alimentan a sus familias con subsidios.
Pero el discurso de Trump de este miércoles, inaugurando la feria de la independencia de la capital de EEUU no ha tenido ningún recuerdo ni ningún gesto para ese Estados Unidos. Tampoco lo ha tenido para los 13 soldados muertos en su guerra en Irán, a pesar de sacar pecho de una operación bélica que iba a durar cuatro semanas y va por cuatro meses y cuyo final es más una derrota de la Casa Blanca que de Teherán.
“Cada día de mi mandato estamos logrando una victoria histórica tras otra para el pueblo estadounidense”, ha sentenciado con triunfalismo el presidente de EEUU en el escenario del Mall en un discurso que prometió sería el “mejor” y ha vuelto a ser una sucesión de lugares comunes, frases hechas, argumentos repetidos hasta la saciedad en una narrativa partidista para celebrar un hito nacional: la independencia del Imperio Británico.
“Tenemos la mejor cultura del mundo”, ha proclamado quien decidió inaugurar los fastos del 250 aniversario el día de su cumpleaños con la Casa Blanca convertida en un sangriento circo romano en el que luchadores de artes marciales mixtas se destrozaron la cara para mayor gloria del presidente de EEUU.
Tampoco se le conoce a Trump ningún libro favorito ni autor que le inspire ni lecturas que hayan marcado su pensamiento. Lo que sí se sabe es que su gobernador de Florida, Ron DeSantis, prohíbe libros en los colegios por “wokes”, y que la Administración Trump persigue medios de comunicación, amenaza con retirar licencias de televisión y apadrina fusiones para achicar el espacio de libertad mediática.
Lo que también se sabe es que Trump le llama Trump a todo y que incluso quiere acuñar moneda con su rostro, porque nada se escapa al trumpismo.
“Como bien sabéis, hace poco éramos un país acabado, ahora somos el país más caliente de todo el mundo”, ha vuelto a decir Trump por enésima vez: prácticamente cada día dice la misma frase, a menudo atribuida a líderes internacionales, pero esta vez la ha pronunciado como cosa propia, antes de soltar una ristra de bulos de elaboración propia: “Ya nadie se ríe de nosotros. Hace dos años se reían de nosotros. Ahora somos los más respetados en todas partes. ¿Dónde estábamos hace dos años? No se nos respetaba, éramos un chiste, pero ya no lo somos. Al igual que aquellos patriotas de 1776, en los últimos 17 meses hemos recuperado el poder de manos de una clase política alejada de la realidad. Están intentando recuperarlo, pero eso no va a suceder. Hemos recuperado nuestra soberanía, hemos recuperado nuestra libertad, hemos restablecido nuestra prosperidad y hemos salvado a nuestro país en todos los aspectos”.
En efecto, Trump ha comparado su presidencia con el movimiento que logró la independencia del país en 1776.
“Muy pronto, la gasolina costará 2,50 dólares el galón, e incluso menos, igual que antes de que le quitáramos el arma nuclear a Irán, e Irán seguirá sin tenerla durante mucho tiempo, para siempre, en realidad”, ha afirmado Trump, en una nueva versión personalista de la verdad: la media de la gasolina hace un año estaba en 3 dólares por galón, y mientras ahora habla de haber quitado el arma nuclear a Irán, se olvida que hace un año dijo que las instalaciones nucleares iraníes estaban “devastadas”, y también se olvida de que ninguna agencia de inteligencia estadounidense consideraba a Irán una amenaza antes de que iniciara la guerra el pasado 28 de febrero.
En ese ejercicio tan trumpista de catalogar de buen americano aquel que encaja en el mundo MAGA y de considerarlo un traidor antiamericano si no lo haces, Trump se ha permitido, por ejemplo, celebrar la expulsión “de miles de asesinos, miembros de bandas, traficantes de drogas y delincuentes peligrosos que entraron a través de una frontera abierta ridícula”. Y ha añadido, sin reparar que la mayoría de los detenidos por el ICE no tiene delitos graves sobre su espalda: “Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a todos los hombres y mujeres que han ayudado a liberar a Estados Unidos de esta lacra. Los héroes del ICE y de la Patrulla Fronteriza: vosotros sois héroes y, con la ayuda de nuestros héroes de las fuerzas del orden, en 2025 logramos la mayor caída de la tasa de homicidios jamás registrada, hasta alcanzar el nivel más bajo en 125 años”.
¿Y Renee Good y Alex Pretti, asesinados por el ICE en las calles de Minneapolis a manos de agentes federales que estaban ejecutando la represión migratoria en Minnesota? De ellos dos no se ha acordado Trump. Ciudadanos estadounidenses asesinados a sangre fría de los que nunca se acuerda la Administración bajo cuyo mandato fueron asesinados.
Esa misma mirada trumpista del mundo es la que le ha llevado a afirmar que Washington “se convirtió en una vergüenza nacional, pero ya no es así. Hoy en día, los campamentos de personas sin hogar han desaparecido. Los grafitis han desaparecido. Desde que asumí el cargo, se han reparado y embellecido más de 50 monumentos y memoriales”. En efecto, para Trump es un éxito haber escondido a las personas sin hogar y borrar el arte urbano.