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Hungría acude a las urnas y Bruselas contiene la respiración
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Hungría acude a las urnas y Bruselas contiene la respiración: Orbán se juega su futuro en unas elecciones cruciales

Este domingo 12 de abril Hungría y la Unión Europea se juegan su futuro. Tras cuatro victorias consecutivas, es la primera vez que el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, tiene posibilidades de perder las elecciones frente al candidato opositor, Péter Magyar, del partido Tisza. Muchos analistas califican estos comicios como los más importantes desde la transición del país a la democracia, así como las elecciones más importantes del año para la UE.

Como en otras ocasiones y siguiendo el patrón electoral de los partidos de ultraderecha, el primer ministro húngaro ha diseñado su campaña buscando un enemigo externo al que culpar de los males de Hungría. Si en otras campañas Orbán empapeló el país con los rostros de Jean-Claude Juncker, entonces presidente de la Comisión Europea, George Soros, o con anuncios contra los migrantes, en esta ocasión están las caras de Volodímir Zelenski, presidente ucraniano, junto a la de Magyar retratados como en una ficha policial bajo el letrero: “Peligro”.

Un país relativamente pequeño ha conseguido golpear muy por encima de su peso gracias al proceso de toma de decisiones en la UE, donde muchas requieren unanimidad. Es en este contexto en el que Orbán ha ejercido de disruptor constante y por eso Bruselas contiene el aliento. La media de encuestas da a Péter Magyar una ventaja de 10 puntos. Sin embargo, la sensación general en Budapest es de imprevisibilidad. Tanto en los resultados, como en el día después.

El Parlamento se compone de 199 escaños y Orbán ha gobernado con supermayoría de dos tercios desde 2010, lo que significa que ha podido evitar en gran medida el legislativo para sus reformas. Por eso no solo es importante quién gane, sino el margen de diferencia. El sistema electoral hace muy complejo realizar una previsión de número de escaños.

“Orbán ha pasado los últimos 16 años asegurándose que no pierde unas elecciones y que, si eso ocurre, que no importe demasiado”, dice a elDiario.es Carsten Schneider, politólogo y rector de la Central European University, perseguida y cerrada por Orbán en 2017 por sus vínculos con George Soros. “En el estudio de cambios de régimen esto se denomina 'enclaves autoritarios'. Es decir, partes del Gobierno y el sistema que no están afectados por las mayorías en el Parlamento. Algunos miran a Polonia como ejemplo de esa dificultad para desmantelar el régimen, y eso que el PiS estuvo en el poder la mitad de tiempo que Orbán y fueron menos estratégicos”, añade.

“Si la oposición gana entre 100 y 110 escaños, es casi una derrota”, dice a elDiario.es un conocido analista político que prefiere no revelar su nombre. Todas las personas relacionadas con la oposición temen que cualquier declaración sea utilizada por el Gobierno para montar una campaña de difamación contra ellos a pocas horas de los comicios. Incluso Tisza ha evitado cualquier contacto con la prensa internacional. “Con mayoría simple es muy difícil gobernar. Solo si es mayor puedes empezar a desmantelar el sistema porque todo el régimen ha nacido de esa supermayoría, entre ellas las múltiples reformas constitucionales”.

Del mismo modo, si Fidesz gana por un estrecho margen “es el principio del fin”, dice el experto. “No podrán cambiar la Constitución más y no podrán gobernar por decreto. Hoy puede hacer lo que quiera sin pasar por el Parlamento”.

Bloqueo en Bruselas

La posición anti-UE no es nueva en el universo político de Orbán, lo que ocurre es que ahora tiene a un grupo más amplio de políticos de ultraderecha y mandatarios que lo respaldan. “Bruselas ha desarrollado formas creativas de lidiar con un Budapest difícil, excluyéndolo de las decisiones siempre que es posible, aún no ha encontrado una solución permanente a los vetos de Hungría. Esto significa que las elecciones importan para la UE en su conjunto. Debido al contexto global, estas elecciones son aún más importantes: los desafíos que enfrenta la UE, desde un motor económico renqueante hasta una Rusia beligerante y unos Estados Unidos hostiles, son más significativos que antes”, explica Zselyke Csaky, investigadora del Centre for European Reform.

Desde la invasión de Ucrania por parte de Rusia, Orbán ha tratado de tirar por tierra todas las decisiones de la UE para ayudar a los ucranianos, incluso llevan las medidas aprobadas por los 26 a los tribunales europeos. Esta política del primer ministro húngaro ha tenido su cénit en los últimos vetos que ha impuesto alrededor de Ucrania y Rusia. Orbán decidió bloquear el préstamo de 90.000 millones de euros para que Ucrania pueda financiar su guerra contra Rusia y el paquete número 20 de sanciones contra los intereses rusos, a pesar de que en una cumbre con los líderes de los 27 países miembros de la UE dio su visto bueno a un préstamo en el que tanto su país como Eslovenia estaban exentos de financiar.

¿Cuál es el objetivo real de la obstrucción de las decisiones de la UE? Júlia PÅ‘cze, investigadora del Centre for European Policy Studies, subraya que no es otra que los propios intereses políticos internos de Orbán frente a sus ciudadanos: “Durante los últimos 16 años, Orbán ha ganado fama y notoriedad en toda la UE, en gran medida gracias a su uso frecuente y vehemente del derecho de veto para torpedear decisiones basadas en el consenso en el Consejo. Estos vetos no cumplen ningún propósito real —pese a lo que él afirma públicamente— y desde luego no tienen que ver con un deseo de mejorar la vida de los húngaros. Por el contrario, son completamente interesados: su postura cada vez más extrema en el escenario europeo no ha sido más que un vehículo para situarse en el centro de cada sala y maximizar su nivel de influencia”.

Las relaciones entre Bruselas y Budapest se han complicado en los últimos años. La Comisión Europea ha llevado a Hungría ante los tribunales europeos por violaciones legales (leyes contra ONG, cierre de universidades, leyes anti-LGBTIQ) y ha cerrado el grifo de los fondos europeos para Hungría ante las continuas vulneraciones del Estado de derecho llevadas a cabo por el Gobierno del ultranacionalista, así como los problemas de la Administración de Orbán relacionados con la corrupción y la politización del poder judicial. En la actualidad hay entre 17.000 y 18.000 millones de euros retenidos por Bruselas desde 2022.

Sin embargo, fue el Parlamento Europeo la institución que dio la voz de alarma en 2013 con el Informe Tavares, donde avisaba de la deriva antidemocrática que impulsaba el Gobierno de Orbán y, posteriormente, en 2018, en el Informe Sargentini solicitaban activar el Artículo 7 contra Hungría, que permite la suspensión del derecho de voto en el Consejo. El problema para la UE, como en otros casos, es que una decisión de esta envergadura exige unanimidad en el Consejo Europeo y entonces no estaba claro que países como Polonia o Eslovaquia lo respaldaran. Además, Orbán se ha beneficiado durante años de que su partido, Fidesz, formara parte del grupo del Partido Popular Europeo (PPE), que le otorgaba cierta defensa pese a sus continuos problemas con la Comisión, hasta que tuvo que salir por las continuas salidas de tono del primer ministro húngaro contra dirigentes del PPE.

“Cada vez que Bruselas respondía de una u otra forma, le daba a Orbán más munición para culpar a la UE ante su opinión pública. El aumento del número de solicitantes de asilo o inmigrantes, el apoyo a la igualdad LGBTIQ+ y a los derechos transgénero, la crisis del costo de la vida e incluso los salarios miserables de los docentes húngaros fueron presentados como ataques orquestados por Bruselas”, subraya Júlia PÅ‘cze.

Orbán ha pasado los últimos 16 años asegurándose que no pierde unas elecciones y que, si eso ocurre, que no importe demasiado. Eso se denominan 'enclaves autoritarios'. Algunos miran a Polonia como ejemplo de esa dificultad para desmantelar el régimen, y eso que el PiS estuvo en el poder la mitad de tiempo que Orbán y fueron menos estratégicos

Pero en unas elecciones que se han convertido en una pugna entre el mundo hostil de los líderes autoritarios y las democracias liberales clásicas, Europa también tiene que estar preparada para cambiar sus formas de gobernanza para poder funcionar con mandatarios que trabajan para desmontar las instituciones comunitarias. Con 27 países miembros, pendientes de la ampliación hacia el Este, la UE se debe transformar para tomar decisiones por mayoría y abandonar la política de unanimidad y la posibilidad de vetos que impide al bloque europeo convertirse en un jugador global real.

“Bruselas debe prepararse para la posibilidad de que Orbán permanezca en el poder. Si eso ocurre, ya no podrá continuar con el statu quo anterior. Tendrá que afrontar el comportamiento disruptivo de Hungría, antes de que próximas elecciones —como la votación francesa de 2027— lleven al poder a otros gobiernos obstruccionistas”, explica la analista Zselyke Csaky.

Conversaciones con Rusia

La situación se ha tensado aún más con los recientes descubrimientos de que el ministro de Exteriores de Hungría, Péter Szijjártó, habría estado proporcionando información confidencial en tiempo real a Moscú sobre las discusiones y las decisiones que adoptaban los 27 países de la UE en las cumbres del Consejo Europeo en Bruselas. La connivencia de ataques contra la Unión Europea desde Rusia y Estados Unidos, con el apoyo sin matices a la candidatura de Viktor Orbán más las acusaciones a Bruselas de injerencia en las elecciones por parte de ambas potencias, demuestran que en estas elecciones no solo se juega la próxima legislatura húngara, sino también el devenir de Europa en los próximos años.

Pero incluso si gana las elecciones Magyar, tras 16 años en el poder, Orbán ha logrado ocupar las instituciones de una manera que hace complicado que el nuevo Ejecutivo húngaro pueda ejercer el poder de una manera democrática. La investigadora del Centre for European Reform puntualiza que “en lo que respecta a la capacidad de gobernar de un nuevo partido, mucho dependerá de la magnitud de su victoria. Fidesz ha capturado las instituciones de Hungría, consolidándose mediante la ocupación de cargos a largo plazo, desde el fiscal jefe hasta el Tribunal Constitucional y el Consejo de Medios. También ha reescrito la Constitución de Hungría 15 veces desde que llegó al poder. El gobierno de Orbán ha transformado profundamente la sociedad húngara, modificando la opinión pública sobre cuestiones que van desde la política exterior hasta las libertades personales, casi siempre en desacuerdo con la corriente principal europea”.

O incluso Orbán podría resistirse a ceder al poder dejando a una democracia de la UE en una situación impensable. Saskia Hollander, investigadora del think tank Clingenda, advierte de que “Orbán dispone de algunas herramientas para retrasar la transferencia de poder. Por ejemplo, la presidencia leal a Orbán podría retrasar la formación del gobierno. Además, el Gobierno saliente podría declarar el estado de emergencia o utilizar su mayoría de dos tercios en el Parlamento saliente para prorrogar el estado de peligro (que actualmente se aplica hasta el 13 de mayo de 2026), lo que proporcionaría al Gobierno saliente poderes excesivos y extraordinarios”.

La lección para Europa es que los regímenes como el de Orbán no son solo un ataque a la línea de flotación de las instituciones europeas sino también una prueba del deterioro de la esencia de la democracia. Zsuzsanna Szelényi, investigadora del Central European University Democracy Institute, explica que “Tisza no será el renacimiento de una alternativa liberal o socialdemócrata coherente. Más bien, es el vehículo en el que casi todos los opositores a Orbán están depositando ahora sus esperanzas. Liberales e izquierdistas pueden votarlo, no porque el partido refleje sus posiciones ideológicas, sino porque es el único instrumento plausible de cambio. Esa es la mayor advertencia que Hungría transmite a Europa: cuando las instituciones democráticas se deterioran durante el tiempo suficiente, las elecciones dejan de ser contiendas entre programas y se convierten en referendos desesperados sobre si el cambio político es posible”.