ENTREVISTA DÍA MUNDIAL DE LA LIBERTAD DE PRENSA
Jodie Ginsberg, jefa del Comité para la Protección de los Periodistas: “Este es el momento más peligroso para ser periodista”
Cuando Jodie Ginsberg, directora ejecutiva del Comité para la Protección de los Periodistas, trata con colegas sobre los riesgos de los reporteros por el mundo, las conversaciones suelen ser sobre cascos y chalecos antibalas de la talla adecuada, ventanas reforzadas en las redacciones para resistir a ladrillos, piedras y balas; abogados que se atrevan a desafiar las amenazas y terapias psicológicas para exiliados o supervivientes de un ataque. Ginsberg no habla estos días sólo de Gaza, Ucrania o Líbano. También de Estados Unidos, Hong Kong, Turquía, Brasil o Guatemala.
Las amenazas físicas y virtuales se multiplican también en los países donde no hay un conflicto bélico, incluso en las supuestas democracias, mientras las guerras se expanden, y los retos aumentan para ONG como el CPJ (por sus siglas en inglés), independiente (no acepta fondos de ningún gobierno) y con sede en Nueva York, que documenta abusos contra la prensa por todo el mundo desde 1981. Entre los pocos motivos de celebración este 3 de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa, la directora del CPJ señala la resistencia y la labor de periodistas y medios independientes en Hungría en 16 años del Gobierno autoritario de Viktor Orbán.
Esta es nuestra conversación, editada por extensión y claridad, hace unos días durante el festival de periodismo de Perugia.
¿El caso de Hungría podría ofrecer lecciones en materia de libertad de prensa y el impacto a largo plazo del trabajo de los periodistas pese a las restricciones?
Hungría puede darnos esperanza. Es llamativo que en Hungría, a pesar de la concentración de los medios y de la persecución a los periodistas, los periodistas independientes siguieron —o intentaron seguir— con su trabajo. Y eso nos muestra, junto con el hecho de que la gente seguía interesada en recibir y acceder a esa información, que incluso cuando hay un Gobierno que intenta controlar el relato, es fundamental seguir financiando y apoyando, en la medida de lo posible, a esos periodistas independientes, incluso cuando el Ejecutivo utiliza todo tipo de mecanismos para silenciarlos. Y sí creo que el flujo continuo de información veraz —información que expone la corrupción del Gobierno, los intentos de silenciar a los medios y de reprimir a la sociedad civil— jugó un papel al dejar en evidencia al Gobierno de Orbán y, en última instancia, contribuir a su caída.
Hungría muestra que cuando un Gobierno intenta controlar el relato es fundamental apoyar a los periodistas independientes... El flujo continuo de información veraz jugó un papel en la caída de Orbán
La mayoría de la actividad del CPJ viene de zonas donde no hay un conflicto bélico y donde hay cada vez más riesgos para los periodistas. ¿Cuál es la principal amenaza ahora y cómo ha cambiado en esta década?
Al inicio de la década, ya estábamos viendo una tendencia de aumento de ataques contra periodistas en zonas sin conflicto, o al menos donde no había un conflicto formal. Evidentemente, en los últimos dos años y medio eso ha cambiado de forma radical debido a Gaza. Ahora, este es el momento más peligroso del mundo para ser periodista: tenemos el mayor número de periodistas asesinados en la historia del CPJ, principalmente por la guerra en Gaza y los ataques de Israel contra periodistas, y también porque estamos viendo un aumento de conflictos en todo el mundo. Vivimos un periodo muy inestable, con más conflictos globales que en ningún momento desde la Segunda Guerra Mundial. Por supuesto, eso implica más periodistas muertos en contextos de guerra.
Sin embargo, sigue habiendo una tendencia en la que vemos a periodistas acosados, amenazados legalmente, amenazados físicamente y encarcelados en cada vez más lugares, incluidas supuestas democracias.
Están los ejemplos de Guatemala, con la persecución de José Rubén Zamora, o de Hong Kong, que operaba bajo un sistema que supuestamente protegía la libertad de prensa y expresión y donde hemos visto la persecución de medios como Apple Daily y de personas como Jimmy Lai. Y eso ocurre cada vez más.
Lo vemos también en el discurso de líderes como Donald Trump, que llama a los periodistas “enemigos del pueblo”, o de Rodrigo Duterte en Filipinas, que los llamó “prostitutas de la prensa”. Eso tiene un efecto en cómo el público percibe a los periodistas y en su seguridad.
Así que, por un lado, seguimos viendo periodistas asesinados en conflictos, especialmente en Gaza, y al mismo tiempo vemos cada vez más ataques verbales, acoso online, amenazas legales y encarcelamientos. Eso hace que los periodistas sean más vulnerables que nunca.
¿Su trabajo se ha vuelto más difícil por la falta de implicación de Estados Unidos? En algunas regiones del mundo, ejercía presión en favor de la libertad de prensa.
Se ha vuelto más complicado. Además, como muchas ONG, hemos tenido que pensar cómo la Administración actual podría actuar contra organizaciones sin ánimo de lucro. Al inicio de la Administración Trump había mucho temor de que se intentara atacar a ciertas ONG que trabajaban en ámbitos considerados inaceptables. Y, como sabemos cómo funcionan los regímenes autoritarios, conocemos el patrón: empieza con campañas de desprestigio contra periodistas y medios, luego ataques online, después acoso legal. Así que las organizaciones como la nuestra tienen que prepararse para todo eso.
Pero el trabajo sigue siendo el mismo: tenemos que denunciar las violaciones de la libertad de prensa tanto en Estados Unidos como en cualquier otro lugar. No nos contenemos. No dejamos de hablar, aunque somos muy conscientes de que puede haber consecuencias.
¿En qué medida ha notado diferencia entre los años de Biden, cuando usted llegó al CPJ, y los de Trump?
Hemos visto muchas más acciones legales, por ejemplo, por parte de la Administración. Uno de los grandes cambios es el número de demandas del propio presidente contra medios de comunicación o la exclusión de Associated Press del grupo de prensa de la Casa Blanca. Han crecido las amenazas.
Además, la inestabilidad dentro de Estados Unidos también genera riesgos para los periodistas. Por ejemplo, durante protestas contra políticas migratorias en Minnesota, vimos periodistas gaseados, tirados al suelo, detenidos… a un ritmo distinto al de antes.
Por primera vez, lanzamos un fondo de respuesta rápida en Estados Unidos para ayudar directamente a periodistas que necesiten apoyo en materia de seguridad. También emitimos nuestro primer aviso de viaje para Estados Unidos, porque había temor de que periodistas fueran retenidos en frontera o se les negara la entrada por su trabajo. Y en algunos casos eso ha ocurrido. Es algo nuevo: nunca habíamos visto ese nivel de inseguridad dentro del país.
¿Cómo equilibran estas amenazas nuevas en Estados Unidos con las habituales en otras regiones?
Somos muy conscientes de que no podemos centrarnos solo en Estados Unidos. Intentamos analizar todos los países por igual: evaluamos necesidades, documentamos amenazas y tratamos de cubrir vacíos donde nadie más actúa. En Estados Unidos, ya hay muchas organizaciones trabajando, así que no necesitamos duplicar esfuerzos. Es un equilibrio constante. Pero incluso así, la demanda es mayor que nunca: hay casi el doble de periodistas encarcelados que hace diez años, cifras récord de periodistas asesinados, más necesidad de apoyo psicológico y en el exilio. No es solo cuestión de equilibrio: tenemos que crecer para responder a esa demanda.
Por primera vez, lanzamos un fondo de respuesta rápida en Estados Unidos para ayudar directamente a periodistas que necesiten apoyo en materia de seguridad. También emitimos nuestro primer aviso de viaje para Estados Unidos, porque había temor de que periodistas fueran retenidos en frontera o se les negara la entrada por su trabajo. Es algo nuevo: nunca habíamos visto ese nivel de inseguridad dentro del país
¿Cuáles son las regiones a las que se les hace menos caso?
Sudán está poco cubierto, sin duda. Hemos dado ayuda a los periodistas que hemos podido, sobre todo a los que han podido salir. Es un ejemplo claro de atrocidades que no reciben la atención internacional que sí vemos en otros lugares.
Sobre sus denuncias de los ataques a la prensa en Gaza, ¿han conseguido tratar con el Gobierno israelí?
No lo hemos conseguido. Llevamos años pidiendo responsabilidades por la muerte de periodistas, no solo desde el 7 de octubre, sino desde antes, y no ha habido avances reales por parte de Israel. Seguimos intentándolo, centrados en documentar lo ocurrido y presentar pruebas. En los últimos meses, también hemos investigado cuestiones como la tortura de periodistas en prisión y seguiremos impulsando ese trabajo.
¿Y el veto que impide a los periodistas entrar en Gaza?
Sí, presionamos de forma constante, mediante campañas públicas y apoyo a iniciativas legales. Pero no ha habido avances. Y es importante decir que la falta de acceso de medios internacionales a Gaza no tiene precedentes recientes.
La falta de acceso de medios internacionales a Gaza no tiene precedentes recientes
En cuanto a conseguir más apoyo del público, ¿qué formas de recuperar la confianza le parecen más efectivas?
Me entusiasma el crecimiento de los medios comunitarios locales. La gente confía más en quien conoce. Muchas personas se sienten desconectadas de los medios nacionales e internacionales. Los medios locales tienen un vínculo más cercano con sus comunidades. Apoyarlos puede ayudar a reconstruir la confianza en el periodismo, porque la gente necesita información para vivir de forma segura y libre. Reforzar ese vínculo local puede ser clave.
Pero incluso cubrir un pleno municipal puede ser peligroso ahora…
Cubrir reuniones de consejos educativos —si piensas en Estados Unidos, donde hay tantas polémicas sobre libros prohibidos— puede ser complicado. Y sé de periodistas que han recibido amenazas graves simplemente por hacer una crítica negativa del álbum de música de alguien o de su actuación en una obra de teatro.
Todo eso forma parte de un problema más amplio relacionado con cómo nos comportamos en las redes sociales. Pero también es cierto que la gente necesita información y le gusta estar informada; quiere saber qué está ocurriendo en sus comunidades locales. Una manera de ayudar a mantener a las personas más seguras y menos polarizadas es precisamente esa: que la gente entienda que compartimos espacios y que vivimos experiencias similares.
Los medios locales tienen un vínculo más cercano con sus comunidades. Apoyarlos puede ayudar a reconstruir la confianza en el periodismo, porque la gente necesita información para vivir de forma segura y libre. Reforzar ese vínculo local puede ser clave
¿Han notado un aumento de las amenazas con el uso de la inteligencia artificial?
Aún no vemos un impacto directo en la seguridad de periodistas, pero es inevitable que ocurra, especialmente con los deepfakes y la manipulación de contenido visual.
¿Qué le da esperanza?
Que siempre necesitaremos información y hechos compartidos para convivir. Cambiará la forma de transmitirlos, pero la necesidad seguirá ahí. Y, aunque ahora parece un momento oscuro, estamos aprendiendo a responder a nuevas formas de censura.
¿Algún ejemplo concreto?
El año pasado, premiamos a la periodista tunecina Sonia Dahmani, que estaba encarcelada ese día y no pudo asistir. Una semana después fue liberada. Aunque sigue afrontando dificultades, demuestra que es posible lograr justicia y libertad.