Sovintern, la alternativa de Rusia a la Internacional Socialista que explota las divisiones de la izquierda europea
Rusia, el país cuyo líder comunista suplica a Vladímir Putin que no se repita una revolución como la de 1917 y cuyo principal partido socialdemócrata pide el voto para el actual presidente, quiere erigirse en faro de la izquierda global.
Este lunes se ha celebrado en Moscú el foro inaugural de Sovintern, una red de más de 100 formaciones socialistas de 70 países distintos, de Europa, África, Asia y América. En común, su rechazo al “imperialismo de Donald Trump” y a “la guerra de la OTAN contra Rusia” en Ucrania.
La iniciativa tiene lugar una semana después de que la Internacional Socialista, con Pedro Sánchez al frente, y otras organizaciones celebraran en Barcelona un encuentro del progresismo mundial en pleno auge de la extrema derecha. Sovintern cuenta con el beneplácito del Kremlin y pretende poner de manifiesto que la socialdemocracia occidental ya no representa el verdadero socialismo, sino que sirve a los intereses militaristas de Estados Unidos.
Para Putin, es la ocasión perfecta para situar a Rusia, una vez más, como referencia de un mundo multipolar y para hurgar en las divisiones de la izquierda europea. Además, le permite esgrimir que, ante las acusaciones de falta de libertades, democracia y pluralismo, decenas de políticos progresistas de todo el planeta han debatido libremente a escasos metros de la Plaza Roja.
Una URSS 2.0
Los organizadores no han perdido la oportunidad de explotar el potencial simbólico de la Unión Soviética. La sesión plenaria ha discurrido en la Sala de las Columnas de la Casa de los Sindicatos, un palacio clásico de finales del siglo XVIII, al lado de la Duma. Fue la sede de las capillas ardientes de todos los líderes de la URSS, desde Lenin a Gorbachov, además de albergar la interminable partida de ajedrez entre Garri Kaspárov y Anatoli Kárpov entre 1984 y 1985.
Inevitablemente, el término “Sovintern” busca evocar la “Komintern” (la Internacional Comunista), mientras que su tipografía neoconstructivista recuerda al cartelismo posrevolucionario. “No se trata de recrear el pasado soviético”, ha declarado Serguéi Mirónov, máximo dirigente de Una Rusia Justa (URJ), el partido ruso que ha impulsado esta red. “El socialismo 2.0 incorporará los mejores éxitos soviéticos y globales, pero dentro de las nuevas realidades del siglo XXI”, ha añadido.
Mirónov no ha asistido al acto, sino que se ha dirigido a los participantes a través de un vídeo. Putin, por su parte, ha enviado un comunicado deseando el éxito del proyecto y subrayando la importancia de defender “la justicia social, el desarrollo soberano y los valores espirituales y morales tradicionales”.
Socialdemocracia al servicio de Putin
La relación entre Putin y Mirónov se entiende solo en el contexto único del sistema político ruso. Ambos se conocen desde la década de los 90, cuando coincidieron en la política local de San Petersburgo. Y, a pesar de liderar partidos ideológicamente enfrentados, en teoría, Mirónov siempre le ha sido leal y nunca lo ha desafiado.
De hecho, Una Rusia Justa fue auspiciado por el Kremlin hace 20 años. Vladislav Súrkov, entonces subjefe de la Administración Presidencial (y el personaje en que se basa El mago del Kremlin), invitó a varias formaciones a unirse para aglutinar el voto socialdemócrata en lo que debía constituir la alternativa bipartidista a Rusia Unida, la coalición de Putin.
Desde entonces, Mirónov y su partido han ejercido el rol de oposición sistémica, para legitimar el pluralismo político, discutiendo políticas concretas, pero sin cuestionar nunca la presidencia de Putin ni, en los últimos cuatro años, la guerra de Ucrania. Es más, Mirónov solo disputó la presidencia a Putin en 2004 y 2012, e incluso en aquellas ocasiones su candidatura sirvió al Kremlin como válvula de escape en un contexto de malestar social.
En el resto de elecciones, URJ ha respaldado el candidato de Rusia Unida. Durante la última campaña, en 2024, Mirónov dijo: “El país necesita un líder fuerte y experimentado, y Putin es capaz de resolver los problemas políticos más complejos”.
La ruptura con la Internacional Socialista
Hasta 2022, Una Rusia Justa era miembro de la Internacional Socialista, la organización que agrupa a los principales partidos socialdemócratas del mundo y que actualmente preside Pedro Sánchez. Sin embargo, cuando Putin ordenó la invasión de Ucrania, la formación rusa fue expulsada del movimiento por “apoyar el uso ilegítimo de la fuerza militar” e “ignorar la acción internacional a favor de la paz, el diálogo y el entendimiento”.
URJ criticó la condena de la Internacional Socialista a la guerra calcando los argumentos de Putin para justificar la agresión: la protección de la población de Donetsk y Lugansk, y la desmilitarización y la “desnazificación” de Ucrania.
Desde entonces, Mirónov y sus diputados han cerrado filas todavía más con el presidente ruso y su invasión, a la vez que han aumentado la retórica antioccidental.
Contra la OTAN
La guerra en Ucrania ha sido objeto de debate durante el foro y varios de los delegados visitarán en los próximos días el Donbás ocupado por el ejército ruso. Una Rusia Justa ha promovido el relato de que “la operación militar especial”, el eufemismo del Kremlin para la invasión, es “una lucha contra el imperialismo” de Trump, según ha apuntado el diputado Nikolai Novichkov.
Algunos de los participantes internacionales del encuentro, como el gallego-argentino Lois Pérez Leira, secretario ejecutivo de la Internacional Antiimperialista de los Pueblos y que fue candidato a la alcaldía de Vigo en 2011 por Nova Esquerda Socialista, se mostraban contundentes: “Apoyamos la guerra de Rusia contra el fascismo en Ucrania”.
Todas las leyes deben necesariamente contribuir a mejorar la vida de las familias con hijos
Otros apostaban por una conferencia de paz europea, si bien señalaban la responsabilidad de la OTAN en el conflicto. “No le vemos ningún sentido a la guerra de la OTAN contra Rusia”, aseguraba a elDiario.es Carlos Martínez, presidente de Soberanía y Trabajo. Este partido fundado en Madrid en 2004 es uno de los representantes españoles en Sovintern, aunque sus líderes no han podido viajar a Moscú.
Desde Reino Unido, el Partido de los Trabajadores de Gran Bretaña expresaba su “comprensión y empatía con las necesidades de seguridad de Rusia”. En declaraciones a elDiario.es, su responsable de Organización Nacional, Peter Higgins, insiste: “La OTAN es la manifestación del imperialismo en el mundo y la principal amenaza para la paz”.
Choque de discursos
El líder de esta formación es el polémico George Galloway, exdiputado en el Parlamento británico y que ahora afirma haberse exiliado en Moscú: “Estamos aquí porque no estamos seguros prácticamente en ningún otro sitio. Antes los disidentes huían del oeste al este; ahora es al revés”. Higgins añade que su prioridad es construir un “frente rojo” para “coordinar el antiimperialismo ahora que el imperialismo americano vuelve al ataque”.
En este sentido, Pérez Leira ve Sovintern como un ariete “contra el neofascismo emergente y el liberalismo decadente” que represente “la voz colectiva de los oprimidos” y “la libertad de los pueblos”.
Este discurso anticapitalista contrasta con el que ha pronunciado el portavoz de Una Rusia Justa en el plenario, Aleksander Babakov. A diferencia de los eslóganes clásicos de la izquierda altermundista, el político ruso ha lanzado proclamas mucho menos incendiarias, con formulaciones vacías, apelando a posiciones socialdemócratas o socialconservadoras.
Babakov ha parafraseado a Putin al sostener que “las personas deben ser el objetivo del desarrollo económico”, que “todo debe estar subordinado a metas y objetivos que reflejen la vida humana” y que “todas las leyes deben necesariamente contribuir a mejorar la vida de las familias con hijos”.
Izquierda ‘antiwoke’
Este conservadurismo en lo que respecta al modelo de familia es característico del partido de Mirónov, que apoya las leyes del Kremlin contra el movimiento LGTBI, considerado extremista en Rusia.
En la presentación del foro, el diputado Novichkov criticaba que “la Internacional Socialista se ha convertido en una agrupación de fans de los 20 géneros, de la propaganda sin niños y otras tonterías en contra de la familia tradicional”.
Ante estas declaraciones, el representante de Soberanía y Trabajo asegura no tener “absolutamente nada” contra el colectivo LGTBI y niega la idea de “familia tradicional”, pero sí dice oponerse al “transgenerismo”. “El wokismo ha sido el principal enemigo del socialismo. El wokismo tiene un efecto muy negativo: el crecimiento de la extrema derecha. El wokismo ha echado a la gente joven de España en manos de la ultraderecha”, dice Martínez.
El Partido de los Trabajadores de Gran Bretaña prefiere no polemizar con Una Rusia Justa. “Si permitimos que las políticas de identidad nos dividan no iremos a ninguna parte”, explica Higgins, que concluye: “Los valores tradicionales de la clase trabajadora y los valores de la familia no son de ninguna manera contradictorios con un programa económico radical”.
¿Una operación del Kremlin?
Según los impulsores de la iniciativa, el objetivo de Sovintern es que no se convierta en “una colección de foros, congresos y conferencias”, sino que se transforme en un sistema de coordinación y comunicación constante. Su gran esperanza es la inteligencia artificial, el esperanto del siglo XXI, con la que aspiran a conectar a los miembros de la red “prácticamente sin traductores”.
Sin embargo, uno de los temores de algunos de los asistentes es que Rusia, por medio de los organizadores, vacíe de contenido la plataforma y se ocupe solo de la foto, para demostrar al mundo que no está aislada.
Esto preocupaba, por ejemplo, a los participantes de la izquierda confederal española presentes en la Casa de los Sindicatos, que rechazan la posibilidad de ser utilizados por el Kremlin. Desde Soberanía y Trabajo también se oponen a esta hipótesis: “A nosotros no nos interesa apoyar ninguna operación del Kremlin. A nosotros lo que nos interesa es apoyar a la clase trabajadora española”.
No sería la primera vez que Rusia intenta posicionarse como un centro alternativo al orden liderado por Estados Unidos y Europa, ya sea creando su propia versión de Eurovisión, o su alternativa a la Internacional Socialista.
El Kremlin tiende a valerse de actores insatisfechos con el rumbo de Occidente para consolidar las fuerzas de izquierda globales bajo su influencia política, con el propósito último de socavar la unidad de la Unión Europea, difundir narrativas antioccidentales y justificar la agresión contra Ucrania.