Israel amenaza con arrebatar a los palestinos el yacimiento histórico de las 'Piscinas de Salomón' de Belén
Israel amenaza con hacerse con el control de unos históricos depósitos de agua situados cerca de Belén, en lo que supondría una importante escalada de una campaña cada vez más intensa por el control de las tierras de Cisjordania y de la narrativa histórica de Oriente Medio.
Desde que el ministro de Finanzas ultraderechista de Israel, Bezalel Smotrich, amenazó explícitamente en mayo con “borrar” los acuerdos que hace más de 30 años reconocieron la propiedad palestina de las Piscinas de Salomón, los colonos y los soldados israelíes han intensificado su presencia en torno a este espectacular enclave.
Las piscinas se remontan al siglo II a. C., aunque la mayor parte de la infraestructura fue construida por los romanos un siglo después, como parte de una extensa obra de ingeniería que incluía dos embalses, acueductos y túneles para abastecer de agua a Jerusalén, situada a 13 kilómetros.
Bajo el dominio otomano se añadió una tercera cuenca monumental y se construyó una fortaleza para proteger el suministro de agua. Durante el Mandato Británico de Palestina, de 1923 a 1948, las autoridades británicas modernizaron el sistema con la instalación de bombas y tuberías metálicas.
Zona de ocio
La estación de bombeo de piedra clara, construida durante el Mandato Británico, permanece hoy abandonada entre las colinas boscosas de la zona. Las piscinas, que en algunos puntos superan los diez metros de profundidad, ya no abastecen de agua a Jerusalén, sino que se han convertido en el principal espacio de ocio de la zona.
En una tarde reciente, los niños de los pueblos vecinos de Artas y Al Khader se lanzaban corriendo desde los muros de piedra de la piscina central a las aguas de un verde intenso, mientras varios hombres pescaban entre los juncos junto a las murallas del otro lado.
Los viernes y los días festivos, las familias llegan desde Belén, situada a 3,5 kilómetros al noreste, para pasar la tarde, bañarse y hacer un pícnic. A medida que la ciudad ha ido quedando cercada por nuevos asentamientos en todas direcciones, las piscinas se han convertido cada vez más en un refugio para los habitantes de Belén.
“Es el único lugar de Belén donde puedes encontrar un sitio para sentarte y disfrutar del agua, la sombra y el espacio verde… y ahora están intentando arrebatárnoslo”, lamenta Mahmoud Jaber, un activista y horticultor de Artas, que utiliza el agua de los manantiales para cultivar hortalizas.
Ataque frontal
Aunque un barrio del asentamiento de Efrat se alza sobre las piscinas, estas solo se vieron amenazadas de forma tangible en mayo, cuando Smotrich y otro destacado dirigente de la derecha más radical israelí, Zvi Sukkot, hicieron que la policía expulsara a los palestinos de la zona para poder ser grabados mientras se bañaban en la piscina central.
“Esta es nuestra tierra”, declaró Smotrich, y Sukkot secundó su llamamiento para que Israel tomara el control del lugar. Desde entonces, las incursiones de los colonos se han vuelto más frecuentes. El 10 de julio, soldados israelíes llevaron a cabo una redada sin precedentes, lanzando gases lacrimógenos mientras los niños nadaban en las piscinas.
Es el único lugar de Belén donde puedes encontrar un sitio para sentarte y disfrutar del agua, la sombra y el espacio verde… y ahora están intentando arrebatárnoslo
La campaña de presión ha desatado la indignación en Palestina, no solo por la importancia arqueológica de las tres cisternas rectangulares que —con una capacidad conjunta de 250.000 metros cúbicos— constituyen uno de los mayores sistemas hidráulicos que se conservan del mundo antiguo. También representa un nuevo ataque frontal contra la Autoridad Palestina (AP).
En virtud del segundo Acuerdo de Oslo de 1995, las Piscinas de Salomón pasaron a formar parte de la zona más amplia de Belén, clasificada como Área A, bajo control civil y policial palestino. La división de Cisjordania en las áreas A, B (control civil palestino y militar israelí) y C (administración israelí plena) pretendía ser una etapa intermedia hacia la retirada definitiva de Israel del territorio ocupado y la creación de un Estado palestino.
El primer ministro, Benjamin Netanyahu, y su coalición de extrema derecha renunciaron hace tiempo a ese objetivo y han acelerado la expansión de los asentamientos israelíes por toda Cisjordania con el propósito de impedir un Estado palestino viable.
“Anular los Acuerdos de Oslo”
A lo largo de esa campaña de varios años, la Zona A se ha considerado en su mayor parte inviolable, hasta que en febrero de este año un decreto del gabinete de seguridad israelí estableció el control israelí sobre el enclave histórico de la Tumba de Raquel, un importante lugar de peregrinación situado en Belén. La toma de las Piscinas de Salomón sentaría un nuevo precedente y sugeriría que partes de la Zona A podrían ser apropiadas a voluntad mediante decisiones puntuales tomadas de forma unilateral por los ministros.
Cuando visitó las piscinas en mayo, Smotrich afirmó que dejar un “magnífico y antiguo yacimiento acuático” como ese bajo control palestino había sido “uno de los errores más graves” de los Acuerdos de Oslo. “Estamos haciendo todo lo posible para reparar el enorme daño causado por el desastre de los Acuerdos de Oslo”, dijo.
“Este yacimiento se está utilizando como arma para erosionar y, en esencia, anular los Acuerdos de Oslo”, dice Alon Arad, arqueólogo israelí y director ejecutivo de Emek Shaveh, una organización creada para proteger los históricos yacimientos. “Hay 6.000 yacimientos antiguos en Cisjordania y solo una [fracción] de ellos guarda alguna relación con el patrimonio judío”.
No está claro si la coalición israelí intentará hacerse con las Piscinas de Salomón ni cuándo lo hará, pero los arqueólogos y los palestinos locales se preparan para más incursiones a medida que se acercan las elecciones israelíes de octubre. Mientras tanto, los sectores más radicales de la propaganda israelí ya han sentado las bases para justificar la toma de control, argumentando que la Autoridad Palestina ha permitido el deterioro de las Piscinas de Salomón. El enclave muestra signos de degradación en algunos puntos y, en un rincón de la piscina central, se ven varias acumulaciones de botellas de plástico y otros residuos.
El Waqf de la Autoridad Palestina —la institución que administra los bienes religiosos— tenía previsto desarrollar el lugar con fines turísticos, pero esos planes se vieron frustrados cuando Smotrich retuvo los ingresos fiscales y aduaneros que corresponden a la Autoridad Palestina, privándola así de una importante fuente de financiación.
Los yacimientos arqueológicos nunca deberían convertirse en instrumentos de conflicto político
La otra justificación esgrimida para una toma de control por parte de Israel es que las Piscinas de Salomón son exclusivamente judías. En un artículo publicado a principios de este mes en la página web del Centro de Jerusalén para la Seguridad y los Asuntos Exteriores, el teniente coronel de la reserva Maurice Hirsch afirmó que el propio nombre del lugar demuestra su relevancia e importancia históricas para el pueblo judío. Sin embargo, el nombre de “Piscinas de Salomón” es históricamente erróneo. Se cree que el rey Salomón, si es que existió (cuestión que es objeto de debate), habría gobernado Israel y Judá unos 800 años antes de que comenzaran las obras de los embalses.
Las dos primeras piscinas se construyeron en la época de otro rey judío, Herodes el Grande, un gobernante vasallo de Roma, pero, al igual que muchos yacimientos antiguos de Israel y Palestina, las Piscinas de Salomón muestran las huellas superpuestas de sucesivas épocas e imperios.
Los palestinos locales mantuvieron el nombre a lo largo de los siglos, pero Eman al-Titi, directora del departamento de turismo y antigüedades de Belén, afirma que acabó refiriéndose al sultán otomano Solimán el Magnífico, quien restauró las murallas y el suministro de agua de Jerusalén en el siglo XVI.
“Los yacimientos arqueológicos nunca deberían convertirse en instrumentos de conflicto político”, señala al-Titi. “Esta cuestión va más allá del control del territorio en sí. También implica intentos de reescribir la historia y promover una única narrativa histórica que no refleja las pruebas arqueológicas ni las numerosas civilizaciones que han contribuido al rico patrimonio cultural de Palestina a lo largo de miles de años”.
Traducción de Emma Reverter.