Más de seis horas para echar gasolina: cómo impactan en las calles de Cuba el bloqueo y las amenazas de Trump

Ruaridh Nicoll

La Habana —

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Ysil Ribas y Javier Peña llevan esperando desde las seis de la mañana frente a una gasolinera de Línea, una de las arterias principales en el habanero barrio de El Vedado. Ya son más de las doce. Para entretenerse, se han puesto a arreglar una fuga de su Mercury blanco y dorado, fabricado en 1955.

Un camión cisterna se detiene en la explanada y la cola detrás de su Mercury se forma a toda velocidad. La gasolinera solo acepta dólares estadounidenses, a un precio muy lejos del alcance de la mayoría de los cubanos, pero Peña dice que es su única opción. “No hay gasolina en pesos nacionales”, explica encogiéndose de hombros.

Incluso comprar gasolina en dólares podría dejar de ser posible en poco tiempo tras la decisión del Gobierno de Estados Unidos de impedir el envío de combustible a la isla acorralada. Donald Trump firmó el jueves pasado una orden ejecutiva que le permite imponer aranceles extra a cualquier país que venda petróleo a la isla. Según la Casa Blanca, el objetivo es “proteger a los ciudadanos y a los intereses de EEUU” frente a un régimen que concede “refugio a grupos terroristas transnacionales como Hizbulá y Hamás”.

Sin presentar pruebas que fundamenten su acusación, la Administración Trump ha dejado claro que pretende derrocar al régimen comunista que gobierna la isla desde hace 67 años. “Cuba fracasará muy pronto”, dijo Trump a principios de la semana pasada.

El viernes, la presidenta de México alertó de la posibilidad de que los aranceles de Trump desencadenen “una crisis humanitaria de gran alcance que afectaría directamente a los hospitales, al suministro de alimentos y a otros servicios básicos para el pueblo cubano”.

"[Si Cuba se quedase sin combustible], el impacto sería catastrófico, ya que el diésel alimenta el transporte, tanto de pasajeros como comercial, el ferrocarril, la agricultura, la industria, la distribución de agua y la caña de azúcar"

La situación para los cubanos es precaria. De acuerdo con la consultora de datos Kpler, este año solo ha llegado a la isla un cargamento de petróleo: 84.900 barriles procedentes de México. Si no llegan más petroleros, y teniendo en cuenta el actual nivel de reservas, Kpler estimó en un artículo publicado el jueves por The Financial Times que Cuba se quedaría sin combustible en las próximas tres semanas.

Miguel Díaz-Canel, el presidente de Cuba, ha acusado a Trump de querer asfixiar a la isla. “Con un pretexto falso y sin fundamentos, el presidente Trump pretende asfixiar la economía cubana imponiendo aranceles a los países que comercian soberanamente su petróleo con Cuba”, escribió el viernes en redes sociales.

Según Jorge Piñón, experto en energía de la Universidad de Texas, el combustible diésel es la clave: “[Si Cuba se quedase sin él], el impacto sería catastrófico, ya que el diésel alimenta el transporte, tanto de pasajeros como comercial, el ferrocarril, la agricultura, la industria, la distribución de agua y la caña de azúcar”. También alimenta un sistema eléctrico que ya funciona muy mal, con muchas partes de la isla sufriendo apagones de más de 12 horas por día.

No parece que la ayuda esté en camino. México ya canceló un envío de petróleo. “Una decisión soberana”, según la presidenta Claudia Sheinbaum, pese a la presión evidente que está ejerciendo Washington.

El petróleo de Venezuela, otro aliado tradicional de Cuba, no llega desde que el 3 de enero Estados Unidos secuestró violentamente a Nicolás Maduro, su presidente. Argelia y Rusia, también aliados, no se han mostrado muy generosos: sus últimos envíos ocurrieron en febrero y en octubre del año pasado respectivamente, según datos de Kpler.

China ha expresado “su profunda preocupación y rechazo a las acciones de Estados Unidos” prometiendo “apoyo y asistencia”. Tradicionalmente ha comprado a Cuba parte del petróleo que el Gobierno cubano recibía de Venezuela como ayuda.

“No hace falta ser un genio para comprender que han agotado todas sus cartas”, dijo un empresario que lleva tiempo trabajando con el Gobierno cubano.

El miércoles, mientras el pueblo cubano se preparaba para más miseria, la embajada de Estados Unidos en La Habana organizaba la fiesta Freedom 250 por el 250 aniversario de la declaración de independencia de Estados Unidos (los periodistas independientes cubanos informaron que no pudieron asistir porque los servicios de seguridad de Cuba se lo impidieron).

En un discurso dirigido a sus colegas diplomáticos, el encargado de negocios de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer, dijo que el Gobierno cubano tenía que escuchar el mensaje que le llegaba de Washington. “Los cubanos se han quejado durante años del ‘bloqueo’”, dijo en referencia al embargo estadounidense de seis décadas. “Ahora va a haber un bloqueo de verdad”.

Sus declaraciones se producen tras una semana durante la que se han celebrado en Washington varias sesiones informativas contra Cuba. En un artículo publicado por The Wall Street Journal se decía que las autoridades estadounidenses estaban buscando activamente a miembros del gobierno cubano “dispuestos a llegar a un acuerdo”, el mismo tipo de contacto que se dice que buscaron con el círculo íntimo de Maduro antes de derrocar al hombre fuerte de Venezuela.

Según Politico, Washington también está sopesando un bloqueo naval total. Un diplomático europeo presente en la fiesta Freedom 250 rechazó esa posibilidad. “No necesitan cañoneras, solo la presión parece ser suficiente para impedir que nadie les envíe petróleo”, dijo.

“Si aún no han hecho las maletas, háganlas”, aconsejó Hammer al personal de la embajada durante una reunión, según una información difundida el miércoles por la cadena CNN. La embajada de Estados Unidos sostiene que no hay ningún plan de evacuación.

El Gobierno cubano ha respondido con vídeos de soldados entrenándose para resistir una invasión. Según Carlos Fernández de Cossio, que dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba es el responsable de la oficina de Estados Unidos, un bloqueo representa “un ataque brutal contra una nación que no amenaza a Estados Unidos”.

Pero en general la reacción ha sido discreta. A diferencia del presidente de Venezuela antes del ataque a Caracas, ningún alto cargo cubano ha sido visto bailando como una respuesta a la agresión.

Los líderes cubanos tienen pocas opciones. Entre 2019 y 2024 la economía cayó un 11%, según las cifras de su propio gobierno. Hasta septiembre de 2025 ha retrocedido otro 5%, con la hiperinflación empobreciendo a los que perciben pensiones o salarios estatales.

El médico Eddy Marrero espera en la cola con su motocicleta para repostar gasolina. Ahora trabaja como conductor de mototaxi transportando a pasajeros por la ciudad. “Haciendo esto gano en un día lo que ganaría en un mes como médico”, dice. Por supuesto, disponer de gasolina es fundamental.

Nadie sabe con certeza qué pasará después, solo que la vida se hará más difícil. “Llevamos 20 años en una espiral descendente”, dice un hombre junto a su Lada amarillo en la cola de la gasolinera. ¿A quién responsabiliza de ello? “No me meto en política”, responde.