Trump se juega su poder absoluto en EEUU con las 'midterms'
Hace exactamente dos años Donald Trump arrasaba a Kamala Harris. El presidente de EEUU ganaba unas elecciones presidenciales que se presentaban empatadas, y los analistas no fueron capaces de prever la holgada victoria de un candidato republicano recién condenado por intentar sobornar a la actriz porno Stormy Daniels por la falsificación de registros comerciales en Nueva York para comprar su silencio sobre una relación extramatrimonial antes de las elecciones presidenciales.
Trump había sido desalojado de la Casa Blanca en noviembre de 2020, en medio de denuncias sin pruebas de fraude electoral y tras alentar el asalto al Capitolio.
Pero ese currículum no importó a los casi 80 millones de votantes que eligieron a Trump en noviembre de 2024, que no solo le dieron el pase al Despacho Oval, sino que también le concedieron una mayoría absoluta en la Cámara de Representantes y el Senado. De repente, el presidente condenado tenía un poder sin precedentes recientes en EEUU: el ejecutivo, el legislativo y el judicial, gracias a su mayoría de seis jueces conservadores frente a tres progresistas en el Supremo.
Cuando Trump juró su cargo en enero de 2025, a puerta cerrada por las gélidas temperaturas de Washington DC, tenía ante sí todo el poder para llevar a cabo su agenda ultra. El problema es que esa agenda requería extralimitarse tanto de sus atribuciones constitucionales que, desde entonces, no ha parado de chocar con el Congreso y los tribunales, que a menudo han intentado poner freno a sus pretensiones autoritarias.
Y este martes, si el Congreso cambia de manos, Trump tendrá aún más límites a su pulsión autoritaria. Así, los demócratas podrán poner en marcha comisiones de investigación para pedir cuentas al presidente de EEUU por los negocios de su familia y de su yerno, Jared Kushner, aprovechando su posición de poder en la Administración. Por ejemplo, el propio presidente se ha enriquecido en dos millones de dólares desde que volvió a la Casa Blanca.
En efecto, las encuestas demuestran que la preocupación por la corrupción está creciendo entre los votantes, que ven cómo la corte trumpista, incluidos los tecnoligarcas, están haciendo su agosto mientras la ciudadanía tiene dificultades para llegar a fin de mes, hacer la compra, pagar la gasolina y comprar una casa.
Los demócratas podrán pedir cuentas por el despliegue del Ejército estadounidense en América Latina con el paraguas del Escudo de las Américas, el bloqueo a Cuba, la guerra empantanada en Irán, la represión migratoria y los presupuestos disparados en defensa.
Los demócratas, incluso, podrían poner en marcha un proceso de impeachment –destitución– en la Cámara de Representantes, si bien algunos tienen dudas porque les faltarán los escaños necesarios en el Senado para culminarlo: 67.
En todo caso, los demócratas van por delante de los republicanos en casi todos los siete estados clave que determinarán qué partido controla el Senado, según la última serie de encuestas realizadas por The New York Times y la Universidad de Siena antes de las elecciones de mitad de legislatura.
Para conseguir la mayoría en el Senado, los demócratas deben defender todos los escaños que ocupan actualmente y arrebatar al menos cuatro escaños que ahora están en manos de los republicanos. Y las nuevas encuestas revelan que los candidatos demócratas van por delante en cinco estados que ahora cuentan con senadores republicanos y están prácticamente empatados en un sexto. Mantienen ventaja en Kansas, Maine, Ohio y Texas, y una ligera ventaja en Alaska. En Iowa están prácticamente empatados.
En Míchigan, el único estado clave para el Senado que ya está en manos de los demócratas, la encuesta revela que el candidato demócrata, Abdul El-Sayed, aventaja por dos dígitos.
La encuesta no incluye a Carolina del Norte, donde las previsiones llevan tiempo mostrando al demócrata en cabeza y los republicanos han reducido su gasto en campaña.
Según las encuestas, el descontento con el presidente Trump y la frustración por su gestión de la economía están lastrando a los republicanos. Solo el 38% de los posibles votantes aprobaba la labor del presidente en los siete estados incluidos en la encuesta, una cifra sorprendentemente baja teniendo en cuenta que Trump había ganado en cinco de esos estados por un margen de dos dígitos hace apenas dos años.
Trump ya ha avisado de que se dedicará a vetar todo lo que apruebe el legislativo en contra de su criterio, al tiempo que se verá con dificultades para aprobar legislaciones que no cuenten con el visto bueno de los demócratas, como los próximos presupuestos, que se han pospuesto hasta mediados de diciembre, después de las elecciones legislativas.
Con dos años por delante, sin capacidad de aspirar a la reelección y con dificultades para aprobar iniciativas en el Congreso, la presidencia de Trump puede entrar en una nueva fase con legisladores y figuras republicanas queriendo marcar distancias con un presidente en su ocaso y a dos años de unas nuevas elecciones presidenciales y legislativas.
A la espera de Irán
Las elecciones legislativas se están celebrando con la guerra en Irán empantanada y los precios de los combustibles disparados desde el bloqueo del estrecho de Ormuz, a raíz de los bombardeos de EEUU e Israel iniciados el 28 de febrero pasado.
Y todo parece preparado para un recrudecimiento de los ataques estadounidenses después de las midterms, mientras el nuevo Gobierno de Israel sigue en el aire tras el ajustado resultado electoral del pasado 27 de octubre. Por el camino, las aspiraciones de Trump en Brasil se han visto frustradas por el triunfo de Lula, y queda pendiente su creciente acercamiento a Vladímir Putin y cómo puede eso influir en el desarrollo de la invasión de Ucrania, teniendo en cuenta que el Congreso resultante de las urnas de este martes será más proucraniano aún.