Una gran fiesta de la cerveza toma Malasaña para celebrar el Oktoberfest como un auténtico bávaro en Madrid
El primer fin de semana de octubre, Múnich se convierte en el epicentro mundial de la cerveza con la celebración del Oktoberfest. La fiesta, una de las tradiciones más conocidas de Alemania, tiene su origen en 1810, aunque la historia sobre cómo nació mezcla hechos y leyendas. La versión más extendida sitúa su comienzo en las celebraciones por la boda del príncipe heredero Luis de Baviera y la princesa Teresa de Sajonia, cuando se organizó una jornada festiva para el pueblo que incluía carreras de caballos.
Aquella primera celebración tuvo lugar el 17 de octubre y su éxito entre los habitantes de Baviera hizo que se repitiera en los años siguientes. Sin embargo, el Oktoberfest de entonces tenía poco que ver con el actual. La cerveza no era todavía la gran protagonista y la fiesta estaba marcada por las carreras de caballos, los mercados de ganado y las exhibiciones de animales, en una región donde buena parte de la población vivía del campo.
Con el paso de los años, la ciudad de Múnich tomó las riendas de la celebración y fue incorporando atracciones, puestos de comida y, finalmente, la cerveza como uno de sus principales reclamos. El festival se mantiene en la misma pradera en la que nació, la Theresienwiese (prado de Teresa), bautizada así en honor a la princesa. Allí se concentran cada año las grandes carpas de cerveza, la gastronomía bávara y millones de visitantes.
La tradición también ha saltado las fronteras alemanas y durante estas fechas son muchos los locales de otras ciudades europeas que organizan sus propias versiones de la fiesta. Madrid no es una excepción: cervecerías y restaurantes alemanes aprovechan las primeras semanas de otoño para sacar los pretzels, las salchichas, el codillo y, sobre todo, las jarras de cerveza. En Malasaña, uno de ellos ha querido llevar la celebración un paso más allá.
El Oktoberfest donde la cerveza te la tiras tú
En Leinerhaus, en la calle Ballesta, 18, el Oktoberfest se celebra hasta el 11 de octubre con cinco variedades de Festbier traídas directamente de Múnich, platos de inspiración bávara y un campeonato en el que los propios clientes pueden ponerse detrás de la barra para competir por conseguir la mejor corona de espuma.
La propuesta arrancó el 19 de septiembre coincidiendo con el tradicional pinchado del primer barril en Múnich. Uno de los rituales de la fiesta también se reproduce en el restaurante madrileño, donde los barriles se abren a golpe de mazo y comienza el particular Proyecto Schaumkrone (“corona de espuma”). Los participantes tienen que demostrar su habilidad tirando la cerveza y quien consiga hacerlo mejor se lleva como premio una caja.
Pero el Oktoberfest es también una oportunidad para conocer la particular relación de Leinerhaus con la cerveza alemana. Su propietario, Mario Lasheras Meierlohr, pertenece a una saga familiar de cuatro generaciones de hosteleros y viaja varias veces al año a la Alta Franconia, en el norte de Baviera, para seleccionar personalmente las referencias que llegan a su barra.
La región es conocida por su elevada concentración de pequeñas cerveceras familiares. Muchas de ellas elaboran estilos tradicionales que apenas tienen presencia fuera de Alemania, desde Kellerbier sin filtrar hasta cervezas ahumadas, envejecidas en barrica o elaboradas con técnicas tradicionales. En Leinerhaus conviven algunas de estas referencias con estilos alemanes más conocidos, como las Helles, Dunkel, Weizen o Märzen.
“Lo hago por ética, nostalgia y romanticismo”, explica Lasheras Meierlohr, que conoce de cerca esa tradición: sus abuelos, Hedwig y Georg Meierlohr, llevaron entre 1968 y 1988 la cervecería integrada en la fábrica Leinerbräu, en el pueblo de Förtschendorf. De allí procede también el nombre del restaurante madrileño.
Entre las referencias que llegan a Malasaña hay cervezas procedentes de pequeñas fábricas familiares de la Alta Franconia como Weiherer, Staffelberg-Bräu, Krug-Bräu o St. Georgen. El propietario selecciona las novedades durante sus viajes y los pedidos se agrupan después para enviarlos directamente a Madrid, sin intermediarios.
Para estas semanas de Oktoberfest, la selección se amplía con cinco de las seis marcas de Múnich autorizadas para elaborar la Festbier que se sirve en las carpas de la fiesta. Es una de las particularidades que Leinerhaus quiere trasladar a Malasaña. No se trata simplemente de servir una cerveza de estilo alemán, sino de llevar a Madrid las mismas variedades que protagonizan la celebración muniquesa.
“Solo seis marcas de Múnich pueden hacer la cerveza del Oktoberfest y nosotros traemos cinco de ellas a Malasaña”, explica Lasheras Meierlohr. La selección se suma a los grifos habituales del local, donde aparecen la ahumada Schlenkerla de Bamberg, la Leiner Pils o la muniquesa Augustiner, entre otras referencias.
La carta cambia con frecuencia para dar cabida a cervezas de pequeñas casas familiares. Algunas se elaboran con métodos poco habituales fuera de Franconia, como las Kellerbiers, que se sirven sin filtrar, o las cervezas ahumadas sobre madera. La idea es recuperar estilos y elaboraciones tradicionales de una región en la que, según el propietario, muchas familias llevan generaciones vinculadas a la elaboración de cerveza.
Cuatro generaciones alrededor de una mesa
La historia de Leinerhaus no termina en la barra. El restaurante intenta reproducir parte de la tradición familiar de Lasheras Meierlohr también en su cocina y en el ambiente del local. En el centro está el Stammtisch, la mesa fija de los parroquianos que el propietario se llevó de la antigua cervecería familiar y que hoy ocupa un espacio en Ballesta.
En aquella mesa se sentaban los trabajadores del ferrocarril, la cantera y la fábrica de porcelana de Förtschendorf. Hoy acoge a la comunidad alemana de Madrid y a los habituales de la cervecería, además de actividades como catas, encuentros en alemán y celebraciones vinculadas a la cultura alemana.
La cocina también bebe de la tradición familiar. Durante el Oktoberfest se mantienen algunos clásicos como el codillo, las salchichas, el chucrut, los arenques, los Spätzle o el strudel, junto a nuevas recetas en las que la cerveza entra también como ingrediente. Este año se incorpora, por ejemplo, el pollo rebozado en bagazo con salsa de cerveza.
La carta mantiene además algunas recetas vinculadas directamente a la familia, como la salchicha del bisabuelo Karl, una Bratwurst fina de Franconia reconstruida a partir de una receta familiar. También hay un menú para grupos que incluye salchichas, codillo y strudel, acompañado de la tradicional jarra de un litro de Festbier.
Durante estas semanas, la celebración se completa con retransmisiones en directo desde Múnich y música de bandas de viento. Una forma de acercar a Malasaña algunos de los rituales del Oktoberfest y, al mismo tiempo, mostrar la tradición cervecera de una región alemana que el propietario de Leinerhaus lleva años intentando recuperar en Madrid.