Inversores o invasores: todo lo que hay edificado en Madrid les interesa
Vienen de todas partes, de México, Venezuela, Colombia, Estados Unidos, China, Corea, Alemania, Inglaterra, Francia… y compran todo lo que está en venta y también lo que está en alquiler. Buena parte del centro de la ciudad está en sus manos, lo mismo que algunos barrios como Salamanca o Chamberí, y no se detienen: todo lo que hay edificado en Madrid les interesa. En las últimas dos décadas, la presión especulativa está expulsando a los madrileños de sus barrios y de su ciudad. Y lo más sangrante de todo es que esta invasión especulativa ha sido estimulada por ciertos gobernantes con medidas como la Golden Visa —afortunadamente eliminada por el actual Gobierno— o por la inexistencia de medidas de control de la especulación. El resultado de esta gentrificación a gran escala es el aumento desproporcionado de los precios de venta y alquiler de viviendas, hasta hacer inasumible el acceso a la vivienda para muchos madrileños, especialmente los jóvenes.
Esta fiebre especulativa no solo expulsa a los vecinos, sino que modifica profundamente el paisaje habitacional, las costumbres y los lugares de encuentro. Desaparecen las tiendas tradicionales, así como los bares y las casas de comidas populares para ser convertidos en franquicias de comida extranjera, o tiendas de souvenirs y de caprichos para los turistas.
El centro de la ciudad, poco a poco, está siendo transformado en un parque temático para los visitantes, que se multiplican hasta lo indecible cada año, suponiendo un serio obstáculo para la movilidad —incluso peatonal—, y la convivencia.
Pese a ello, nuestros gobernantes se resisten a tomar medidas para proteger a los madrileños, y por el contrario, incrementan las campañas para atraer a más y más turistas, y más y más inversores cada año.
Para colmo, la cada vez más influyente extrema derecha desvía el foco de atención acusando a quienes ninguna culpa tienen de esta situación: los inmigrantes. No en vano la ultraderecha está financiada en parte por grupos de poder económico, en los que no faltan los inversores.
Madrid, que ha demostrado su valor y su heroísmo en múltiples ocasiones, como en la revuelta de 1808 contra la invasión napoleónica, no termina de reaccionar ante esta invasión de los especuladores. Es verdad que no vienen montados a caballo con los sables en la mano, pero igualmente pretenden apoderarse de nuestra ciudad.