Adiós a Diego, panadero de Olavide

Ángel Alda

23 de enero de 2026 16:00 h

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Hace unos días me preguntaba Carmen Santamaría, estupenda observadora y relatora de la vida del barrio, si podía resumir en pocas líneas la evolución social, cívica y urbana de la vecindad de la plaza de Olavide, desde los tiempos posteriores al derribo del viejo mercado hasta la actualidad.

Pues resulta que de alguna manera sí que puedo encontrar un eje, un símbolo, incluso dos fotos que resumen cincuenta años de vida de barrio.

Les cuento. No hay vecino de la plaza y de su entorno que no conozca a Diego, propietario actual de la veterana Panadería Lucas en Palafox con Olid. Muchos menos recordarán a su padre, Lucas, el fundador del comercio. La noticia, la mala noticia, es que Diego cierra la panadería.

Los cambios de vecindad, la alteración en las formas de vida, lo que algunos llaman gentrificación, hace imposible el mantenimiento de los negocios comerciales en términos rentables o de calidad de vida que muchas veces es lo mismo. Sobre todo cuando coincide con la edad, el cansancio, la enfermedad crónica o la posibilidad de tener una actividad alternativa más cómoda, menos sacrificada, que un comercio con tantas exigencias horarias como una panadería.

Diego ha vivido desde niño en torno al negocio que montó su padre en Madrid nada más llegar de su natal Villardompardo, provincia de Jaén. Los que recordamos a Lucas, su estampa sólida, su fuerte acento andaluz, tenemos en la memoria a un vecino más, a una persona amable que vivía su negocio con entrega y sirviendo a sus clientes que eran a la vez vecinos. La barra del día, los bollos, las tortas, los dulces y caramelos, las chuches de los niños, todo el surtido de una panadería de barrio.

Para los curiosos de las viejas formas del comercio de barrio en Madrid en los años setenta y ochenta les voy a copiar un escrito de 2011 que un colaborador, Miguel Reina, del blog de la plaza de Olavide, que todavía está en abierto en la red, escribió sobre el negocio de panadería de Lucas Lanagran, el padre de Diego, protagonista de esta nota:

Sita en la calle Palafox número 27, está la panadería LUCAS, un mítico comercio tradicional, de los que ya desgraciadamente no abundan.

Negocio puramente familiar fundado en 1969 por Lucas Lanagran, un hombre llegado de su Jaén natal.

Uno de los comercios más antiguos de la zona, quizá junto Calzados Cantero o Ultramarinos Zurdo.

Fui muy amigo de sus hijos, Blas y Diego, con los que compartí infinidad de ratos en la plaza, jugando al fútbol.

Conocí su realidad, aquellos años de apreturas, donde en escasos metros debía convivir el matrimonio y 3 hijos más el negocio.

Eran como hormiguitas todos, muy trabajadores, muy responsables y así lograron superar las adversidades económicas y lograr un mayor bienestar, algo que no tardaron en alcanzar.

Recuerdo las broncas del padre a los hijos cuando estos se zampaban un donut, un cuerno de chocolate o un croissant a sus espaldas o también su privilegiada memoria para acordarse si le habías dejado a deber un duro. Tiempos en los cuales todas las cuentas eran de cabeza, nada de calculadoras.

Por desgracia, me acabo de enterar que Lucas falleció en 2009. No obstante, Diego regenta la panadería desde hace ya varios años, y ahí sigue, viendo como cantidad de negocios han caído y el continua.

También recuerdo cómo aguantaron cuando allá por 1993 aproximadamente, llegó la revolución de las nuevas panaderías, con artículos novedosos como baguettes, pan de ajo, pan de cereales, integral y un sinfín de variedades. En Cardenal Cisneros pusieron una de ellas y parecía que se iba a comer el mundo. Captaron clientela, la verdad, pero sin embargo no duró muchos años. La panadería quizá lo noto, pero supo aguantar con su clientela fiel.

Por último, no me olvido de los colores rojiblancos que toda la familia llevaba en el corazón, inolvidable aquella experiencia de Mayo del 86 cuando el Atleti llegó a la final de la Recopa en Lyon(Francia), y allí fuimos, en bus, junto a la peña atlética Chamberí, que estaba en la calle Santa Engracia. El equipo fue vapuleado 3-0 por un Dinamo de Kiev intratable, pero la aventura fue inolvidable, era la primera vez que salíamos al extranjero. Recuerdo cómo animaba Chari (la hija mayor).“

Dos generaciones y casi dos mundos entre medias. El que va de una plaza con una fuerte identidad social y cultural a un entramado cosmopolita y comercial determinado por las terrazas y los bares como única vertebración identitaria. De Lucas a Diego. Lucas cómo símbolo de una forma de vida y Diego como el último resistente.

Antes que él otros abandonaron su negocio o el negocio les abandonó a ellos. En el recuerdo otros amigos: Ovidio, encargado del ultramarino La Esperanza, Catalina, la recordada dueña de Calzados Cantero, Carlos Paz, el último chamarilero de Chamberí, Santiago del Maracaná, a quien todavía nos encontramos en la plaza de pascuas a ramos. O los Marianos, los quiosqueros de Eloy Gonzalo; el último nos acaba de dejar al jubilarse en diciembre de 2025.

Diego, si no me equivoco, con vosotros creo que desaparecen los últimos comerciantes del barrio de la vieja escuela. Afortunadamente queda algún que otro farmacéutico, los del Anaur, el zapatero de Olid, puede que deba contar con nuestros increíbles, sutiles y casi fantasmagóricos comerciantes chinos, a quienes pocos son capaces de poner nombre y poco más.

Por supuesto que la vida sigue y la marcha de unos va asociada a la llegada de otros nuevos. Y en el campo del comercio todavía el barrio es un mundo en el que se producen sorpresas y felices hallazgos. ¿Qué significa la presencia de Santiago y Patricia a la cabeza del Toma Café, la de Andrés en la Tienda de Vinos o la de Timi y Joaquín en Alma Nomad? No sería justo que un cronista avisado se sustrayese a la realidad. Todo entra en el bombo de la lotería de la vida.

Desaparece un mundo y otro entra en su lugar. Pero nada será, nada es igual.

Un abrazo para ti Diego y tú familia, tu mujer Montse y tus dos hijos, Diego y Ana. Te llevas contigo nuestra mejor memoria y consideración. Y nuestros mejores tiempos.