El maestro que prometió el mar a un instituto humilde de Vallecas: una colecta logra su primer viaje escolar en 15 años

“A veces se dice que hay proyectos que parecen imposibles hasta que alguien decide intentarlos. Este era uno de ellos. Y, sin embargo, gracias al esfuerzo, la generosidad y la confianza de muchas personas, el IES Numancia ha logrado hacerlo realidad: un viaje de estudios”. En octubre del año pasado, un instituto en un barrio obrero decidió que no iba a conformarse por tener menos recursos. Este centro de Vallecas, uno de los distritos con menor renta per cápita de Madrid, llevaba 15 años sin poder organizar una salida. Ocho meses más tarde, afrontan el último tirón del curso sabiendo que aquel deseo sí estaba a su alcance: gracias a una colecta viral, han regresado a casa después de tres días en Granada.

En otoño, un grupo de profesores abrió un crowdfunding con el objetivo de llegar a los 8.000 euros, la cantidad que necesitaban para que el alumnado del IES Numancia –con unos 300 estudiantes, entre Primaria y Secundaria– pudiera visitar la Alhambra, bañarse en las playas de Salobreña o contemplar la capital nazarí desde sus impresionantes miradores. No todos pudieron viajar, pero la cifra final ha ido creciendo con sus expectativas: si en un primer momento se plantearon llevar a unos 60 alumnos, en la madrugada del pasado 8 de junio fueron 84 estudiantes y siete docentes quienes, a bordo de un autobús, pusieron rumbo a la ciudad andaluza.

Habían quedado muy temprano, casi a las cinco de la mañana, en la puerta del instituto. “Sorprendentemente, nadie faltó ni llegó tarde. Está claro que esta ilusión que nos movía fue capaz de vencer hasta a la más pertinaz de las perezas adolescentes”, recuerda ahora con gracia su profesor de Geografía e Historia, David Sicilia. El es uno de los docentes que capitearon la colecta, que terminó duplicando su presupuesto inicial: de los 8.000 euros fijados, al cierre del crowdfunding habían recaudado casi 20.000 euros en donaciones, algunas de hasta 100, 200 o 400 euros.

Otros métodos más tradicionales para costear viajes largos no eran efectivos en Puente de Vallecas, donde vender dulces a 22 euros la caja no se logra fácilmente. Finalmente, el viaje salió puntual y con alguna sorpresa. “Tuvimos un nuevo momento de suspense antes de la salida: se presentó un estudiante que inicialmente había estado incluido en el viaje, pero que hace unos meses nos dijo que no podía ir”, recuerda el profesor en una crónica del viaje. Aunque no estaba previsto, comprobaron que aún quedaba un asiento libre y, rápidamente, contactaron con el hotel: “¡Se subió al bus en el último instante!”.

Los nervios impidieron conciliar el sueño, y algunos vieron amanecer desde sus ventanas. Después de una parada a medio camino, donde pudieron contemplar los territorios en los que tuvo lugar la batalla de Las Navas de Tolosa –y que aparece en su temario de Historia–, llegaron al embalse de Cubillas. Entre las montañas granaínas pasaron la mañana practicando actividades acuáticas. Kayak, remo, hidropedales, paddle surf... el alumnado disfrutó del enclave hasta las cinco de la tarde, cuando pudieron contemplar una panorámica de la ciudad que estaban a punto de conocer desde el mirador de San Cristóbal. “Las vistas desde allí son impresionantes”, admite Sicilia.

Se hicieron fotos, tomaron conciencia de dónde estaban y lo que habían logrado. Nada más llegar al hotel volvieron las sorpresas: Amanda, que había sido profesora en el Numancia tres cursos atrás, apareció en el hall para convertirse en guía inesperada en su primer paseo de reconocimiento. Después de cenar, disfrutaron “con responsabilidad” de la noche y volvieron a las habitaciones con un buen sabor de boca. Ya al día siguiente tocaba el plato fuerte del viaje: una visita a la Alhambra.

Divididos en grupos de cuatro, pasaron dos horas y media en el complejo fortificado, corazón del antiguo reino nazarí de Granada. “Nos impresionaron profundamente la belleza de los palacios y la gestión andalusí del agua”, sigue la crónica de David Sicilia. Antes de eso, a primera hora, pudieron disfrutar de otra joya del patrimonio nacional. En la Capilla Real les esperaba un grupo de guías voluntarios de una asociación local de Granada, taQa. Cuando conocieron su historia, se ofrecieron de manera gratuita a mostrar sus conocimientos al alumnado, que también accedió sin coste al monumento gótico.

“Antes de entrar, dedicamos unos minutos a tomar conciencia de todo lo que había hecho posible estar allí y a agradecer la generosidad”, reflexiona el docente, una semana después de aquel viaje. Esa noche, la última, fueron a la bolera: “Casi nadie había jugado nunca, así que nos reímos tanto de nuestros aciertos como de nuestros fallos”. A la mañana siguiente también hubo primeras veces. Cuando Somos Madrid se hizo eco de la colecta del IES Numancia, David Sicilia recordó que para muchos estudiantes esa sería la primera vez que ven el mar. Entonces aquello era solo un sueño bonito, pero ese día pudieron cumplirlo.

“Cuando llegamos a la playa de Salobreña, comprendimos que todo el esfuerzo había merecido la pena”, resume el profesor, uno de los principales impulsores del crowdfunding, en su recuerdo del viaje: “Uno de los motivos que nos hicieron ponerlo en marcha era que parte del alumnado nunca había visto el mar. Por eso, compartir ese instante tuvo algo de especial y de emocionante. Hubo reacciones de todo tipo, aunque algunas nos arrancaron una sonrisa inmediata. La meteorología se puso de nuestra parte y el cielo permaneció nublado durante buena parte de la mañana, lo que nos permitió disfrutar sin sufrir el calor directo del sol. Pasamos horas bañándonos, paseando por la orilla, jugando y, sobre todo, disfrutando de una experiencia que difícilmente olvidaremos”.