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Referéndum entre niños de Primaria para borrar el nombre de un militar franquista de su colegio: “Una lección democrática”

Lourdes Barragán

Madrid —
22 de septiembre de 2026 22:08 h

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Era la primera vez que sus estudiantes habían sido llamados a las urnas: los que votaron apenas pasaban el umbral de los 10 años, y algunos incluso menos. También era la primera vez que su colegio (o cualquier otra escuela pública de Madrid que conozcan) convocaba un referéndum para cambiar el nombre a sus instalaciones. Todo a raíz de una pregunta. En la dirección del centro llevaban tiempo haciéndosela y, un día, decidieron trasladarla al alumnado y sus familias: ¿tiene sentido que un colegio público lleve el nombre de un militar? Y más si, como es el caso, se trata de uno de los sublevados durante la Guerra Civil por liderar una rebelión de guardias civiles en plena contienda contra la República.

Antes de las vacaciones, el CEIP Capitán Cortés decidió que era la hora de abandonar simbólicamente a este personaje, un militar que encabezó un asedio en Andújar (Jaén) poco después del golpe de Estado, convirtiéndose en un emblema de la dictadura y que cuenta con un homenaje en la capital, pese a la ausencia de relación personal alguna con Madrid.

Los estudiantes del centro público que hoy mantiene ese legado acudieron a votar el pasado 21 de mayo. Lo hicieron junto a sus docentes, familiares y el resto del personal, en un plebiscito autoorganizado que ganó la escritora María Lejárraga, una de las opciones disponibles en la papeleta. Eligieron que fuera ella quien diera al centro su nuevo nombre, pero, a la vuelta del verano, todavía no se sabe qué será de esta promesa.

Desde la dirección del actual CEIP Capitán Cortés cuentan que, nada más llegar a un acuerdo, lo remitieron tanto al Ayuntamiento como a la Comunidad de Madrid. Los primeros se encargan de velar por el mantenimiento de las instalaciones públicas educativas, mientras que los segundos tienen las competencias sobre su gestión. Hasta el momento no han recibido noticias, así que el resultado del referéndum –y la disposición que antes marcó el Consejo Escolar– no quedará zanjado hasta superar ambos filtros.

Siguiendo el espíritu de la Ley de Memoria Democrática

Según avanzan desde la dirección del actual CEIP Capitán Cortés, el primer escalón será el municipal. El trámite está paralizado, y habían puesto sus esperanzas en una visita del concejal-presidente del distrito, Carlos Izquierdo, que acudió a las instalaciones para supervisar un tema de obras. Que Cibeles dé el visto bueno al cambio de nombre no implicará su aprobación inmediata: también deberá aprobarlo la Comunidad de Madrid en un Consejo de Gobierno, tal y como transmite la cúpula del centro después de dirigirse a la Dirección del Área Territorial en Madrid Capital, a la que está adscrito el colegio.

Este periódico se ha puesto en contacto con la Consejería de Educación para conocer antecedentes similares a la votación en las aulas de Carabanchel y sus primeras consideraciones acerca de la iniciativa ratificada en primavera, pero no ha obtenido respuesta. La Ley de Memoria Democrática aprobada en 2022 incorporó entre sus novedades la resignificación de espacios públicos erigidos durante la dictadura de Franco, y que mantienen su herencia.

“Más allá del resultado en las urnas, lo valioso de este proyecto es todo el camino recorrido: alumnos y alumnas han aprendido historia investigando en primera persona, desarrollando su propio criterio, debatiendo con respeto y experimentando el poder de decidir en común”, resolvieron sus docentes unos meses atrás, en el comunicado conjunto que se publicó después de la elección. “Más que un cambio de nombre, esto es una lección de democracia”, puede leerse aún en el encabezado.

El colegio Capitán Cortés está en Carabanchel, en el barrio de Puerta Bonita. Durante la jornada electoral el alumnado de Primaria fue a la vez votante, organizador, supervisor de las mesas y revisor del censo. Sin embargo, y pese al inicio de un nuevo curso, aquella decisión aún sigue lejos de ser efectiva. Si logra pasar los filtros hasta alcanzar su cometido, sentará precedentes en una región donde nunca antes se había votado para cambiar el nombre a una escuela pública.

La directora del centro desde hace cinco años, Maite Cerviño, confirma que se atrevieron a dar el paso al ver que la idea tenía “buena aceptación” no solo en el profesorado, sino también entre las familias. Fue entonces cuando decidieron elevar el asunto al Consejo Escolar, el órgano administrativo que ejerce como un gobierno de las escuelas. Lo forman miembros de la dirección, del personal docente o no docente y las familias, así como un representante municipal. “Toda la comunidad educativa ha votado a favor de un cambio más que justificado. Para hacerlo, los niños han tenido que aprender quién da nombre a su colegio, y ahora conocen la Guerra Civil a otras figuras contemporáneas”, defiende así su directora la posición que ha tomado el centro.

Toda la comunidad educativa ha votado a favor de un cambio más que justificado

La acompaña en la conversación el jefe de estudios, Alfredo Hidalgo, otro de los miembros presentes en el Consejo Escolar que avaló llamar a este colegio a las urnas. Votaron los estudiantes de quinto y sexto de Primaria, principalmente, al igual que sus familias. Entre los más pequeños se emitió un voto de grupo por clase y la participación se abrió también al personal interno. Sobre la mesa había varias opciones y algunos rasgos en común: todos los nombres debían ser de mujeres que, a ser posible, tuvieran algún vínculo con la historia del distrito.

Finalmente, la disputa estuvo entre la jurista María Telo, las maestras Justa Freire o Ramona Aparicio, la activista Lourdes Hernández Osorno y la escritora María de la O Lejárraga, por cuyo nombre se decantó la balanza. “La participación fue masiva y el ambiente, impecable [...] Con esta elección queremos homenajear a una escritora e intelectual firmemente comprometida con los derechos de las mujeres y la cultura, unos valores que encajan a la perfección con la escuela pública del siglo XXI”, determinaron desde el centro en una publicación web reciente.