Los vecinos de Hortaleza desconfían del calendario de obras para el circuito de F1 mientras Ifema apura hasta el 31 de mayo

Lourdes Barragán

Madrid —
4 de marzo de 2026 07:22 h

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“Está todo patas arriba”. La frase es de Constantino Blanco, el portavoz de la Plataforma Stop F1 y uno de los más incrédulos respecto a los plazos que, en los próximos tres meses, ha de cumplir Ifema. El 31 de mayo está fijado el deadline hacia el que se dirige el recinto ferial. Es la fecha tope si quiere albergar el campeonato más importante del automovilismo hasta el año 2035. El Gran Premio de Fórmula 1 se celebrará por primera vez entre el 11 y el 13 de septiembre, aunque el circuito debe estar listo en primavera, cuando se iniciarán las pruebas de seguridad y calidad. La obra se extiende desde los alrededores de Ifema (Barajas) hasta ciertos terrenos en Valdebebas. Pero los vecinos, agrupados en la plataforma contra el ruido, sienten que avanza lenta.

“Ifema dice que sí, pero no nos queda claro que vayan a llegar a tiempo”, es la predicción de Blanco, que este lunes se reunió con otros miembros de la coalición de asociaciones vecinales organizadas contra los perjuicios que auguran para los vecinos del circuito. Allí evaluaron el impacto de unas jornadas contra el ruido en las que participaron el fin de semana previo. Llevaron el asunto de un circuito de Fórmula 1 asentado en pleno barrio residencial, y para el que estiman que se alcancen los 95 decibelios.

Según la Ley 37/2003 del 17 de noviembre, más conocida como ley del ruido, la proyección acústica en el espacio no deberá superar los 65 decibelios –unos 30 o 40 menos que los que se prevén con la F1– salvo en ciertas excepciones: situaciones de emergencia, actividades oficiales, culturales, religiosas o “de naturaleza análoga” o aquellas consideradas “de especial trascendencia pública”. En áreas residenciales, el límite ordinario está fijado en 55 decibelios durante el día (entre las siete de la mañana y las once de la noche) y 45 en horario nocturno.

Hace un año, el Ayuntamiento de José Luis Martínez-Almeida anunció su intención de suspender los niveles de calidad acústica previstos por dicha ley. Sin una autorización extraordinaria, el proceso podría dilatarse dado que el borrador debería someterse a una evaluación de impacto ambiental, y el resultado puede demorarse durante meses. Somos Madrid desveló en 2024 que, para levantar el recorrido, se pensaban eliminar 729 árboles del entorno.

Es lo que concluyó un Informe de Impacto Ambiental, emitido por la Dirección General de Transición Energética y Economía Circular y que depende de la Consejería de Medio Ambiente, Agricultura e Interior. La mayoría de los árboles afectados por la planificación fueron plantados con el nacimiento del recinto de Ifema, en el año 1991. Otros una década después, durante obras de ampliación del espacio. Los últimos ejemplares llegaron en 2017, pero según el estudio ninguno cuenta con la categoría de árbol singular, que implica una protección especial.

El documento dispone la necesidad de establecer condiciones estrictas en materia de protección ambiental, sobre todo al edificar el circuito o desarrollar las carreras. Una de las más notorias es la obligación de instalar pantallas acústicas de alta eficacia junto con medidas adicionales para mitigar la contaminación sonora que se presupone para el evento. También se analizará la posible transmisión de vibraciones a las viviendas cercanas y, en caso de confirmarse en niveles desproporcionados, se instará a tomar soluciones para evitar molestias a los residentes.

Ifema pide paciencia e insiste en que se cumplirán los plazos

Es una solución que no convence a los vecinos, pues insisten en que los niveles de ruidos generarán molestias inevitables por el perfil acústico del evento. Tampoco creen que la promesa de acabar las obras antes del 31 de mayo sea plausible teniendo en cuenta el estado de los terrenos, que perciben cada día a su paso por zonas afectadas. No obstante, el presidente del Comité Ejecutivo de Ifema Madrid, José Vicente de los Mozos, reiteró a principios de este año su seguridad en que cumplirían el deadline. “Las obras van en plazo y acabaremos a finales de mayo como estaba previsto”, afirmó en declaraciones a los medios.

Lo hizo durante un acto de patrocinio que convertía a la marca de automóviles Ford en una Local Event Supporter del Gran Premio de España, figura que implica su colaboración estratégica y logística además de convertirse en coche oficial del Madring, nombre otorgado al torneo madrileño. Desde Ifema insistieron en que no hay “problemas” con las obras y que solo se trata de un trabajo ambicioso que, por ende, conlleva tiempo: “Hay que hacer un circuito, empezar por las bases, ver todo el drenaje... luego está el asfaltado, que no es el normal de una carretera. Pero en España siempre vemos problemas”, se defendió De los Mozos.

Así, el alto cargo de Ifema dio por zanjados los rumores sobre la tardanza de Madrid para acabar a tiempo el circuito de F1. En aquellas declaraciones, que tuvieron lugar el martes de la semana pasada, el presidente del Comité Ejecutivo en el recinto ferial avanzó que hasta ese momento ya habían vendido unas 80.000 entradas, 30.000 más que a finales de 2025. De todas ellas, el 40% son locales, según Ifema Madrid, siendo México y Gran Bretaña los dos países en los que más entradas se han vendido para el GP de España. El trazado que se proyecta espera un aforo total de entre 110.000 y 120.000 personas.

En mayo del año pasado, la Justicia admitió a trámite el recurso de la Plataforma Ecologista de Madrid contra el plan especial del proyecto y accedió a estudiar supuestas irregularidades en el documento, elaborado desde el área municipal de Urbanismo, Movilidad Medio y Ambiente para reconfigurar el recinto y adaptarlo a las necesidades del circuito. La agrupación medioambientalista ya denunció entonces las posibles consecuencias que el Gran Premio de Fórmula 1 podía tener sobre el vecindario, tanto a nivel de ruidos como en la alteración de la movilidad cotidiana, la destrucción de humedales o las talas de árboles. A la espera de determinar si Ifema cumple o no su promesa, los colectivos sociales mantienen la presión.