Los precios de los coches nuevos se mantienen a raya: suben mucho menos que el IPC general

Archivo - Interior de  un concesionario en Vitoria

Toni Fuentes

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Los precios de los coches nuevos se mantienen en la senda de la moderación de los últimos meses, aunque después de fuertes subidas en los años posteriores a la pandemia. Si la cesta de la compra cerró junio con un incremento interanual del 3,2%, adquirir un coche nuevo apenas resultó un 0,6% más caro que hace un año. Se trata de una de las subidas más contenidas de todo el IPC y confirma que el mercado de vehículos nuevos ha dejado atrás las fuertes tensiones de precios que marcaron los años de la crisis de suministros.

La fotografía que dibujan los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) es, sin embargo, mucho más compleja que la simple evolución del precio de los automóviles. La movilidad en España evoluciona a varias velocidades: mientras comprar un vehículo nuevo apenas supone un esfuerzo adicional respecto a hace un año, reparar el coche, desplazarse en transporte público o recurrir al mercado de ocasión sí resulta sensiblemente más caro.

Los fabricantes parecen haber conseguido estabilizar los precios después de varios ejercicios marcados por la escasez de microchips, el aumento del coste de las materias primas y las dificultades logísticas. La recuperación de la producción y el incremento de la competencia comercial , con un desembarco masivo de marcas chinas, han permitido contener las tarifas, hasta el punto de que los vehículos nuevos registran una inflación cinco veces inferior a la general.

Los coches usados, del 16% al 5,5%

La comparación con el mercado de segunda mano resulta especialmente llamativa. Los coches usados elevaron su precio un 5,5% en tasa anual, casi diez veces más que los nuevos. La explicación es que la demanda sigue siendo elevada y la oferta continúa limitada, pese a que el mercado de vehículos nuevos ha recuperado gran parte de la normalidad perdida durante la pandemia. La subida registrada en junio está muy lejos del récord del 16% anotado en 2023.

Pero el coste de tener un automóvil no termina en la compra. El mantenimiento también refleja un comportamiento desigual. Pasar por el taller resulta hoy un 3,8% más caro que hace un año, prácticamente en línea con la inflación general. En cambio, las piezas de recambio apenas aumentaron un 0,8%, los neumáticos un 0,6% y los servicios de aparcamiento un 1,9%, lo que indica que buena parte de la presión sobre las reparaciones procede del incremento de los costes laborales y de los servicios más que de los componentes.

El precio de las motos y las bicicletas también tuvo una evolución más moderada incluso que el de los turismos nuevos, con un encarecimiento del 0,4% y un descenso del 1,7%, respectivamente.

En el otro extremo aparecen los carburantes, que han dado un respiro a los conductores aunque con subidas dispares del 1,3% en la gasolina pero del 14,1% en el gasóleo. El grupo Transporte fue el único gran apartado del IPC que ayudó a contener la inflación durante junio gracias al descenso mensual del precio de los combustibles y lubricantes para vehículos particulares. Esa caída permitió que el conjunto del transporte redujera su tasa anual hasta el 5,1%, más de dos puntos por debajo de la registrada en mayo.

Fuertes subidas en el transporte público

Ese alivio coincide con un contexto en el que la inflación continúa muy condicionada por el precio de la energía. El principal responsable del mantenimiento del IPC en el 3,2% volvió a ser la vivienda, cuya tasa anual escaló hasta el 4,7% debido al encarecimiento de la electricidad y, en menor medida, del gas. La inflación subyacente, por su parte, descendió una décima y quedó en el 2,9%, confirmando una cierta moderación de las presiones inflacionistas más persistentes.

Donde la factura de la movilidad sí continúa aumentando con fuerza es en el transporte colectivo. El metro y el tranvía registraron un incremento anual del 9,2%, los servicios de autobús subieron un 6,7% y el transporte ferroviario un 6,2%, reflejando en parte la retirada progresiva de algunas ayudas públicas aplicadas durante los últimos años para amortiguar el impacto de la inflación sobre los desplazamientos cotidianos.

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