Los deportistas se alzan contra Putin
Europa está viviendo días que pensamos que no volveríamos a ver más. Creíamos que las guerras entre países eran cosas del pasado pero, por desgracia, nos equivocábamos. La invasión rusa en Ucrania centra la actualidad de la información internacional desde la semana pasada, un conflicto que están sufriendo miles de personas y que afecta a todos los ámbitos de la sociedad. El mundo del deporte no es una excepción. El pasado fin de semana hemos visto, de manera más intensa, cómo muchos deportistas han alzado su voz en contra de la guerra. Utilizando el altavoz que les da su popularidad, llegando incluso a un público determinado al que quizá no le lleguen otras noticias, muchos atletas han dejado clara su postura. Y para algunos no ha tenido que ser nada fácil posicionarse, como para el tenista ruso Andréi Rublev, quien después de ganar un partido en un torneo en Dubai firmaba con un rotulador la cámara que le estaba grabando escribiendo “no a la guerra, por favor”.
Las consecuencias del ataque iniciado por Putin no están siendo únicamente políticas. El Comité Olímpico Internacional emitía el jueves un comunicado en el que “condenaba enérgicamente el incumplimiento de la tregua olímpica” e instaba a todas las federaciones internacionales a “cancelar o reubicar los eventos deportivos planificados en Rusia o Bielorrusia”. Además de esto, también les pedía que “no se exhiban las banderas nacionales de estos dos países ni se escuchen sus himnos en ninguna competición”. En este sentido, una de los primeras asociaciones en tomar medidas ha sido la UEFA (el máximo organismo del fútbol europeo), quien ha trasladado la sede de la final de la Champions (el mayor título en juego en el continente, a nivel de clubes) a París, cuando estaba previsto que fuese en San Petersburgo. La otra gran decisión tomada es que, a partir de ahora, los equipos rusos que jueguen competiciones europeas tendrán que buscar una ciudad neutral para disputar sus partidos como locales.
El mundo del fútbol suele ser siempre más conservador que otros deportes. Por ejemplo, en baloncesto los jugadores sí suelen manifestar sus ideas políticas públicamente con mayor normalidad. Es el caso del georgiano Tornike Shenguelia, que subió estos días a su perfil de Facebook la bandera de Ucrania. Después, abandonó Rusia (cancelando un contrato millonario) afirmando que no podía jugar para el equipo del ejército, como así se les considera. A él le han seguido otros compañeros, como el danés Iffe Lundberg, que escribía en redes sociales: “Debido a la compleja situación en la que nos encontramos, he regresado a mi país para salvaguardar la seguridad de mi familia. Di no a la guerra”. Más jugadores lituanos, americanos y alemanes también han dejado los equipos rusos para volver a sus países. Entre los que, de momento, se han quedado crece ahora la duda de si podrán cobrar sus contratos (muy elevados en la mayoría de los casos) dados los problemas con los bancos. Por su parte, la Euroliga, el máximo organismo del baloncesto europeo a nivel de clubes, tomaba ayer una decisión sin precedentes: Cancelar todos los partidos con equipos rusos implicados hasta que se solucione la situación (CSKA, Zenit Unics Kazan y Lokomotiv Kuban, de Eurocup). Varios de estos equipos, además, han dado permiso a sus jugadores extranjeros para que abandonen el país hasta que evolucione favorablemente el conflicto. Teniendo en cuenta que quedan sólo tres meses para que termine el curso deportivo, se antoja complicado que vuelvan a competir esta temporada.
Además, casualidades del destino, el jueves pasado había programado un España-Ucrania de baloncesto en Córdoba, pero lo deportivo pasó totalmente a un segundo plano. Lo coherente es que no se hubiese jugado, dada la coyuntura. Pero se jugó y fue un encuentro marcado por las emociones ya desde antes de comenzar. Los ucranianos salieron del hotel de concentración enfundados en la bandera de su país y visiblemente emocionados. No era para menos. Cuentan que si este partido se hubiese disputado en territorio ucraniano, muy posiblemente les hubiesen reclutado para luchar. El momento de los himnos y el final del partido se vivió con el corazón en un puño, con los deportistas llorando sobre la pista y el público puesto en pie ofreciendo una sonora ovación. Cuando terminó salió a rueda de prensa el jugador Artem Pustovyi, que durante el año juega en Gran Canaria, y fue muy tajante: “No he podido pensar en el partido en ningún momento. Mi mente estaba con los muertos y con los heridos. Con todos los que están en mi país, Ucrania. Mi familia está a salvo en zona segura, pero la de otros muchos compañeros no. Putin debe dejar de hacerle esto a nuestro país. Está loco. Nuestro mundo no puede quedarse al margen de lo que está pasando en Ucrania porque podría hacer lo mismo en otros países”.
Testigos de una guerra
A todos se nos encoge el alma cada vez que vemos imágenes de lo que está sucediendo en Ucrania. Es doloroso ver la cantidad de refugiados que intentan cruzar cualquier punto de la frontera rumbo a países vecinos, dejando atrás lo que hasta ahora era su vida, o escuchar a madres relatar cómo han llamado a filas a sus hijos. Este conflicto ha pillado en medio a varios deportistas españoles que se encontraban jugando para equipos ucranianos. Algunos, afortunadamente, ya están en casa. Jorge López, director de la academia del FC Kryvbas, Izan Martín, preparador físico del Dnipro, y Marc Gual, jugador del Dnipro, abandonaron Ucrania gracias al trabajo conjunto con la Federación de Rumanía. No fue fácil, seguro que vivieron situaciones que se les quedarán grabadas en la cabeza durante mucho tiempo: “Cuando estás intentando salir y ves lo que está pasando, tanques, militares, de todo, intentas mantener la entereza pero es complicado. Vivimos los inicios de la invasión y al principio no te vas dando cuenta de lo que estaba pasando, hasta que te despiertan el ruido de las armas”, comentaron cuando aterrizaron en España. Familiares y amigos les estaban esperando con los brazos abiertos y las emociones desbordadas. Faltan tres por regresar todavía. Lluís Cortés y Jordi Escura, técnicos de la selección ucraniana femenina, salieron por Polonia, mientras que Abraham Campomar llegó a Hungría en un convoy, con su mujer en un avanzado estado de gestación. El grupo ha decidido que volverán juntos por carretera.
Más complicado lo está teniendo el jugador de balonmano Carlos Molina, quien nos está narrando a través de su cuenta de Twitter el calvario que está pasando. La verdad es que es agónico leerle: “Tan cerca y a la vez tan lejos. Estoy intentando tocar suelo europeo, pero cada vez que avanzamos pienso que estoy muy lejos. Las gasolineras están empezando a cerrar porque escasea la gasolina (permiten 10 litros por coche)”, escribía el sábado. Conforme pasaban las horas, los nervios y la preocupación iban creciendo: “Tengo escaso internet. Estamos desesperados intentando llegar a la frontera polaca. En las últimas 11 horas hemos recorrido solamente 8’5 kilómetros. En las últimas tres horas, sólo 500km. Nos quedan 20km hasta la frontera, pero eso supone cuatro o cinco días de espera casi sin comida y con muchísimo frío. Durante el día hay ventiscas y aguanieve. Por la noche podemos estar a diez grados bajo cero en campo abierto, pasando muchísimo frío para no gastar gasolina. Nos vamos juntando coches con autobuses y gente que llega caminando. Tenemos mucho miedo. Es una invasión en todo el país, con tiroteos por las calles, bombardeando edificios y la gente escondiéndose con muchísimo miedo. Las tropas enemigas están cada vez más cerca de nuestra ubicación, ¡ayuda, por favor!, clamaba Carlos el domingo. Ayer todo cambió y, parece, que a mejor: ”Anoche todo dio un giro inesperado. Tras tomar algunas decisiones, negociar y contar con la ayuda de la embajada de Lituania, tuvimos mucha suerte de encontrar una vía para posicionarnos a menos de 5km de la frontera. Posiblemente hoy o mañana pisemos suelo europeo“.
Conforme pasan los días vamos conociendo más casos, más dramas, de las consecuencias de la invasión rusa en Ucrania. El mundo del deporte es un reflejo más de lo que están sufriendo miles y miles de ucranianos y de rusos, que están en contra de Putin (al que, por cierto, le han quitado el título de presidente honorífico y embajador de la Federación Internacional de judo). Ojalá acabe pronto esta pesadilla.