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Qué hacer cuando un niño no quiere besos ni abrazos: “Educar en el consentimiento empieza en la infancia”

Ana M. Longo

8 de junio de 2026 21:58 h

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Un beso que se esquiva, un abrazo que se evita o un niño que gira la cara ante una muestra de afecto pueden generar dudas en muchas familias. Aunque estos gestos suelen interpretarse como una falta de educación o de cariño, las razones pueden ser muy distintas y conviene mirar más allá del comportamiento en sí.

Aitana tiene cuatro años y evita los besos de algunas personas de su entorno. Cuando alguien intenta acercarse demasiado rápido, se esconde detrás de su madre o se aparta sin decir nada. “Había familiares que pensaban que era distante”, cuenta Ana, su madre. “Pero luego en casa ella busca muchísimo contacto con nosotros”, añade.

No todos los niños que rechazan un beso o un abrazo lo hacen por el mismo motivo. En algunos casos puede existir una resistencia relacionada con ciertas muestras de afecto; en otros, una necesidad de espacio o una forma de decidir el grado de cercanía con los demás. Para entender qué hay detrás de estas conductas conviene fijarse en el contexto en el que surgen y en cómo se relaciona el menor en otras situaciones cotidianas.

Un artículo publicado en 2022 sobre autonomía corporal infantil recoge cómo distintos especialistas y familias defienden la importancia de que los menores puedan decidir sobre algunos gestos de proximidad y aprender a comunicar aquello que les resulta cómodo y lo que no. Entre las estrategias descritas figuran enseñar frases sencillas para expresar malestar o respetar ciertas negativas sin convertirlas automáticamente en un conflicto.

En la misma línea, una revisión publicada en 2023 por la investigadora Priscilla Alderson sostiene que los niños pueden expresar opiniones y preferencias sobre cuestiones que afectan a su propio cuerpo desde edades tempranas. Su trabajo subraya la importancia de escuchar esas aportaciones y de reconocer la integridad corporal de los menores como una parte relevante de su bienestar y desarrollo.

Mirar más allá del gesto

Un mismo comportamiento puede tener significados distintos según las circunstancias en las que se produce. Lo que para algunos menores puede responder a una necesidad de mantener cierta distancia o regular la cercanía con los demás, en otros casos puede estar relacionado con la forma en que perciben determinadas situaciones de contacto físico.

La psiquiatra infantojuvenil y divulgadora María Velasco, autora del libro Criar con salud mental: Lo que tus hijos necesitan y solo tú les puedes dar (Ediciones Paidós, 2023), explica que una de las primeras cuestiones importantes es observar si ese rechazo al acercamiento físico está presente en la manera habitual de vincularse del niño o si, por el contrario, aparece de modo repentino. En este último caso, indica que habría que valorar si “al menor le ha sucedido algo traumático y no se encuentra bien”.

La psiquiatra María Velasco explica que es importante observar si ese rechazo al acercamiento físico está presente en la manera habitual de vincularse del niño o si aparece de modo repentino

Cuando esta forma de reaccionar lleva tiempo presente, la especialista recomienda fijarse en otros aspectos de la interacción. Propone observar cómo se relaciona el menor, qué tipo de lenguaje no verbal utiliza, cómo se vincula con otras personas, si mantiene contacto visual o en qué situaciones se produce ese rechazo. Asimismo, considera importante analizar de quién rechaza el abrazo y qué tipo de contacto evita.

Velasco recuerda además que en el caso de niños con trastorno del espectro autista, cuyo procesamiento sensorial puede diferir, “necesitan amor y cariño y necesitan que encontremos la vía para comunicárselo”. La especialista confirma que conviene tener en cuenta la cultura y el entorno familiar en el que vive el niño. No todas las familias expresan el cariño de la misma manera y, en algunos hogares, las muestras físicas de afecto tienen un papel menos relevante que en otros.

La psiquiatra defiende que la actitud debe pasar por respetar al menor y ofrecerle cariño de maneras que no le resulten incómodas. Por último, recomienda valorar si existen otras dificultades que convenga explorar con más profundidad para descartar experiencias traumáticas o posibles dificultades en la interacción.

Por ejemplo, Pablo empezó a preocuparse cuando su hijo de seis años comenzó a ponerse rígido cada vez que algunos familiares intentaban abrazarlo. “Al principio pensábamos que era una etapa o que estaba más tímido”, afirma. “Pero llegó un momento en el que era evidente que no se sentía cómodo y aun así había adultos que seguían insistiendo”, dice.

No todas las familias expresan el cariño de la misma manera y, en algunos hogares, las muestras físicas de afecto tienen un papel menos relevante que en otros

Con el tiempo, empezó a fijarse en otros detalles: cuándo ocurría, con quién reaccionaba así y qué situaciones parecían afectarle más. Algunos familiares dejaron de insistir y comenzaron a preguntarle cómo prefería saludar. Según apunta su padre, esa presión disminuyó y las interacciones empezaron a resultar más fáciles para todos.

Respetar el límite sin convertirlo en un conflicto

En algunos hogares, el problema no aparece tanto por el rechazo inicial del niño como por la reacción que provoca en quienes lo rodean. Hay familiares que se sienten heridos, interpretan esa distancia como algo personal o insisten para evitar que el gesto parezca desagradable delante de otros.

A menudo, la atención se centra en conseguir que el menor dé el beso o el abrazo esperado, en lugar de preguntarse cómo se siente o qué necesita en ese momento. La respuesta de los adultos ante esa negativa también puede influir en cómo evoluciona la situación.

Para la psicóloga sanitaria y experta en bienestar psicológico Elena Dapra, asesora de la sección clínica del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, muchas de estas situaciones empiezan a entenderse cuando los adultos asumen que el cuerpo de un niño también le pertenece y que aprender a respetar sus límites forma parte de una educación emocional saludable.

Frases como 'no pasa nada, puedes saludar de otra manera' resultan más útiles que reproches como 'me vas a poner triste', explica la psicóloga Elena Dapra

Dapra considera que no querer dar un beso o un abrazo no debería interpretarse automáticamente como rechazo, mala educación o falta de cariño. En muchos casos, subraya, el menor simplemente está expresando cómo se siente en ese momento.

Ante estas situaciones, recomienda validar la emoción sin ridiculizarla ni exigir cercanía física. También aconseja evitar comentarios que puedan hacer sentir al menor culpable por no reaccionar como esperan los adultos. Frases como “no pasa nada, puedes saludar de otra manera” resultan más útiles que reproches como “me vas a poner triste”, explica. A su juicio, obligar a los menores a mostrar afecto puede transmitirles el mensaje de que deben acceder físicamente para no decepcionar a los demás.

La psicóloga recuerda además que “educar en el consentimiento también empieza en la infancia”. Cuando un niño siente que sus preferencias son escuchadas y respetadas, añade, suele desarrollar una relación más sana tanto con su propio cuerpo como con los vínculos afectivos.

No todos los niños expresan el cariño de la misma manera ni se sienten cómodos con las mismas formas de proximidad. Escuchar aquello que expresan y respetar cómo desean relacionarse también contribuye a construir relaciones basadas en el respeto y la confianza.