Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
El PP compite con Vox y choca con el Gobierno por la acogida de menores
El sueño de la futbolista marroquí que murió en el cruce a Ceuta era ir a Europa
Opinión - 'La España progresista en una UE retrógrada', por Rosa M. Artal

El verano de los “iPad kids”: cuando los niños se quedan solos en casa y la única alternativa es la pantalla

“Cuando no hay red —ni económica, ni de conciliación, ni comunitaria— la pantalla no es un capricho, es la opción que queda”.

Lucía M. Quiroga

4 de agosto de 2026 22:21 h

0

Unos 120.000 niños, niñas y adolescentes de seis a 13 años pasan muchas horas del día solas y solos en casa, con poco acompañamiento de personas adultas, según cálculos de la ONG Educo. En verano, muchos de ellos encuentran en las pantallas –tabletas, ordenadores, móviles y videoconsolas– la única alternativa de ocio y compañía. Las altas temperaturas, las largas jornadas de sus padres o la imposibilidad de salir a la calle sin un adulto les condenan a pasar el día solos en casa, sin la posibilidad de asistir a campamentos o actividades deportivas. De ahí que se les llame “iPad kids” (niños iPad o niños tableta) o “screenagers” (adolescentes pantalla).

“Estos términos hay que usarlos con mucho cuidado. Son etiquetas o eufemismos que suenan simpáticos, pero que individualizan un problema que muchas veces es estructural: familias sin conciliación real, sin recursos para campamentos, sin apoyo comunitario, o directamente en situación de vulnerabilidad”, denuncia Diana Jiménez, psicóloga especializada en infancia e integrante de FABA.

Una de esas madres es Marbelys. Tiene dos niños que este verano han tenido que quedarse en casa por falta de recursos. “Si por ellos fuera, estarían pegados a la televisión todo el día, desde las nueve que se levantan hasta las diez que se acuestan. Hasta se pelean por verla”, reconoce. Por falta de recursos, ha tenido que elegir a cuál de ellos enviar a actividades puntualmente, y le ha tocado al menor poder escaparse de vez en cuando, por lo que el mayor pasa gran parte del día solo. “Él no quiere quedarse en casa, le gustaría más irse a un campamento o a la piscina con sus amigos. Yo no tengo vacaciones, trabajo todo el día y no puedo pagar por esas actividades”, explica Marbelys, que reconoce que no le gusta la situación en la que están. “¿Pero qué puedo hacer? No me quedan alternativas”, lamenta.

Estos términos hay que usarlos con mucho cuidado. Son etiquetas o eufemismos que suenan simpáticos pero que individualizan un problema que muchas veces es estructural

Diana Jiménez psicóloga especializada en infancia

A esos 120.000 niños, niñas y adolescentes que se pasan horas del día en casa sin compañía se les llamó en su momento “niños de la llave”, porque tenían las llaves de su casa y se iban solos del colegio al domicilio, preparándose la merienda, la cena y haciendo los deberes sin ayuda. Ahora se les añade la sobreexposición a las pantallas, especialmente en verano: “Más del 40% de madres y padres destaca que los niños y niñas de seis a 13 años están delante de las pantallas más o mucho más tiempo que durante el resto del año”, señala el informe de Educo, y añade: “Con los efectos que eso conlleva en su salud: problemas de peso, salud visual y salud mental, como ansiedad, estrés, síntomas depresivos o problemas de sueño”.

Guiomar Todó, directora adjunta de la ONG, matiza que no se trata de “demonizar las pantallas”, sino de señalar su uso abusivo, sobre todo cuando se hace porque no hay alternativas: “Pasar todo el verano delante de las pantallas es perder la oportunidad de disfrutar de un tiempo libre que no se tiene durante el curso escolar para jugar, relacionarse, ir a campamentos, descubrir la naturaleza o, simplemente, aburrirse”, asegura.

Él [su hijo mayor] no quiere quedarse en casa, le gustaría más irse a un campamento o a la piscina con sus amigos. Yo no tengo vacaciones, trabajo todo el día y no puedo pagar por esas actividades

Marbelys madre de dos hijos

“En España, uno de cada tres niños, niñas y adolescentes no puede irse de vacaciones ni una semana al año”, continúa Guiomar Todó. “Cuando los ingresos son justos y dan para poco más que para pagar el alquiler, la comida y las facturas, las vacaciones desaparecen de la ecuación. Conocemos casos de niños y niñas de tan solo nueve años que se quedan jugando a la consola y scrolleando en las redes sociales hasta bien entrada la madrugada”, señala la directiva de Educo.

En esa situación estaban hace unos años los padres de Lorenzo, hoy un adulto joven que se reconoce en el término de screenager. “Fui adolescente en la pandemia, con todo lo que eso conlleva: me pasé muchísimas horas del confinamiento pegado a la Play. Y luego no supe o no pude salirme de ahí. La mayoría de mis veranos los pasé viendo series, jugando a videojuegos y luego con el iPad o el móvil. Mis padres trabajaban mucho, nunca estaban en casa, no podían permitirse unas vacaciones. Y yo no tenía amigos para hacer planes o, si me los ofrecían, prefería quedarme en casa jugando online”, recuerda.

Un problema estructural

Su caso no es ni mucho menos aislado. La psicóloga Diana Jiménez aporta más datos a la ecuación: “El 92% de los menores de nivel socioeconómico alto participa en actividades extraescolares frente al 66% de nivel bajo, y casi ocho de cada diez niños de familias con rentas bajas se quedan fuera de las actividades de verano, muchas de las cuales además garantizan su alimentación”, denuncia. Por eso ella señala que no se trata de un problema de “elección familiar”, sino de estructura y recursos. “Cuando no hay red —ni económica, ni de conciliación, ni comunitaria— la pantalla no es un capricho, es la opción que queda”, asegura. Y añade que con este tipo de términos eufemísticos en inglés se fija la atención donde no se debe: “Poner el foco en el niño enganchado o en el mal padre que le da la tableta nos permite mirar hacia otro lado y no preguntarnos por qué esa familia no tenía otra alternativa. Antes de juzgar el resultado, hay que entender la causa. Y casi siempre la causa no es falta de amor ni de buena voluntad, es falta de recursos, tiempo o red de apoyo”, dice.

Coincide en su análisis Cristina Castellanos, doctora en Economía, experta en conciliación y políticas públicas y profesora en la UNED. “En verano los niños y niñas están cansados, necesitan hacer otras actividades. Especialmente en entornos de mucho calor, todos y todas deberían tener acceso a actividades deportivas en entornos frescos, con piscinas o juegos de agua. Al no poder permitírselo, muchas familias vulnerables acaban teniendo menos oportunidades para conciliar”, explica. También ella denuncia que los términos como iPad kids o screenagers pueden servir de eufemismo para esconder problemas estructurales. “Ponen el foco en el niño o niña y no en la infraestructura. Hay una falta de medidas por la conciliación, una falta de legislación y una falta de medios para los progenitores. Por eso hay que corresponsabilizar al Estado y a la sociedad, para que no se deje sin instrumentos a los progenitores que tienen muchos menos recursos para la protección de sus hijos e hijas”, asegura la experta.

En España, uno de cada tres niños, niñas y adolescentes no puede irse de vacaciones ni una semana al año

Guiomar Todó directora adjunta de la ONG Educo

También Diana Jiménez cree que hay que garantizar un acceso universal a actividades de verano. “No es un lujo educativo, es una cuestión de salud pública y de equidad. La clave es tener en cuenta el aporte positivo de la actividad al aire libre, en grupo, y accesible a los menores independientemente de su nivel socioeconómico”, propone.

Un vacío que tratan de paliar desde organizaciones como Educo: “Colaboramos con organizaciones e iniciativas dedicadas a la formación a progenitores y tutores sobre el uso saludable y las oportunidades de ecosistema digital, así como sobre la sobreexposición a las mismas y sus efectos”, aseguran desde la ONG. También organizan un sistema de becas de verano para familias vulnerables que cubren actividades y comedor.

Gracias a estas ayudas, la familia de Marbelys ha podido enviar a su hijo pequeño a un campamento. “Es una ayuda de diez para mí, nos permite que al menos algunos días pueda hacer actividades diferentes”, cuenta esta madre. Desde Educo defienden así su programa. “Las actividades de ocio educativo en verano permiten que los niños y niñas puedan disfrutar de las vacaciones. Y no deberían ser un lujo solo reservado a quien pueda pagarlas. Todos tendrían que poder disfrutarlas, especialmente aquellos y aquellas que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad. Son una oportunidad única de acceso a experiencias culturales, naturaleza y ocio que de otro modo no tendrían”, reivindican.

Etiquetas
stats