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Deuda pública en Cantabria

Es necesario entender la dinámica del endeudamiento y sus características tanto estructurales como coyunturales para poder actuar desde la política fiscal de la forma más certera y útil posible.

Es posible adoptar una senda que, a la vez que permita una reducción relativa del volumen de deuda pública, refuerce el Estado de Bienestar y contribuya al cambio en la estructura productiva cántabra.

El Banco de España informaba a finales del pasado mes de septiembre sobre el estado de la deuda pública autonómica a mediados de 2018. En el caso concreto de Cantabria la información revelaba que se había llegado al récord histórico de la comunidad autónoma en volumen de deuda pública, alcanzando los 3.131,9 millones de euros. Usualmente ante las noticias de la deuda pública, tanto en Cantabria como en España, el estado de ánimo en su recepción abarca desde el extremo de quienes se tapan ojos, oídos y boca pretendiendo ignorar (y que ignoremos) dicha información, hasta quienes creen ver la señal del inicio de las diez plagas bíblicas. Y ni una cosa ni la otra.

Tapándote los ojos no evitarás que, estando sobre una vía, el tren que viene de frente pase por encima de ti. Tampoco el anuncio diario del apocalipsis hace de este un hecho cierto en el presente o el futuro. Ni todo volumen de deuda pública es sostenible ni tampoco cualquier tipo de endeudamiento es necesariamente negativo. Es necesario entender la dinámica del endeudamiento y sus características tanto estructurales como coyunturales para poder actuar desde la política fiscal de la forma más certera y útil posible.

Poniendo cifras a la evolución nominal de la deuda pública en Cantabria, como se observa en la figura 1, hasta el inicio de la Gran Recesión el volumen se podría considerar bajo con una tendencia leve de crecimiento. Es a partir del año 2010 cuando el endeudamiento público se acelera, especialmente hasta el año 2013 incluido este.

En esos años el incremento interanual de la deuda pública superaba normalmente el 30%, llegando a un aumento máximo del 82,2% al inicio de 2011. Desde 2013 hasta la actualidad se ha mantenido la tendencia al crecimiento, aunque moderando su incremento interanual. Desde 2016 este nunca ha superado el 10% y se ha ido reduciendo hasta el 2,8% en el segundo trimestre de 2018, último dato publicado por el Banco de España.  

Figura 1. Deuda pública (en miles de euros), datos trimestrales. Elaboración propia en base a los datos facilitados por el ICANE.

Figura 1. Deuda pública (en miles de euros), datos trimestrales. Elaboración propia en base a los datos facilitados por el ICANE.

 

No obstante, la evolución del endeudamiento nominal no es del todo satisfactoria para explicar la relevancia de la deuda pública. Conviene también analizar el endeudamiento en base a la capacidad de pago. En la figura 2 se muestra una aproximación simple a dicho enfoque, analizando la evolución del ratio de deuda pública en relación al PIB de Cantabria.

En general se pueden corroborar las tres fases previamente identificadas en la evolución de la deuda pública cántabra: 1) bajo endeudamiento hasta la Gran Recesión; 2) crecimiento acelerado de la deuda pública entre 2010 y 2013; 3) crecimiento, con moderación en su ritmo, desde entonces. Sin embargo, también se observan matices relevantes al considerarlo en términos de ratio sobre el PIB.

En primer lugar, el crecimiento nominal de la deuda pública antes de la Gran Recesión no se corresponde con un crecimiento de su peso sobre el PIB, estable en torno al 3 o 4%. Lo que significa que el PIB creció a un nivel similar o superior que el endeudamiento público neto, siendo relativamente liviana la carga de la deuda pública.

En segundo lugar, este enfoque permite dar una idea relativa del incremento del endeudamiento en los peores años de la Gran Recesión. Desde inicios de 2010 hasta finales de 2013, el ratio de deuda pública sobre el PIB se multiplicó casi por 4, pasando del 5 al 18,5%. Este fue el periodo esencial de generación del endeudamiento del Gobierno de Cantabria. Y es cierto que una parte del mismo era prácticamente inevitable debido al efecto de la crisis, con la caída general de la actividad económica, así como, de manera relacionada, el incremento de las necesidades del gasto público (que no se cubrió al completo), el aumento del coste de financiación y la reducción de los ingresos tributarios.

Sin embargo, también se deben señalar los errores en la política fiscal como otro de los factores que explican tanto el incremento de la deuda como el agravamiento de la crisis económica. Errores cometidos por el anterior Gobierno PRC-PSOE y, especialmente por la gravedad de la política de recortes indiscriminados, por el Gobierno del PP. Errores que no tuvieron consecuencias meramente estructurales, sino que han dejado una indeleble huella estructural en la economía y la sociedad de Cantabria. Errores de un enfoque de política económica neoliberal tremendamente perjudicial.

En tercer lugar, en el análisis de los datos de la deuda pública como porcentaje del PIB se observa que desde el año 2016 se ha estabilizado en torno al 22 o 23%. Parece que se han acompasado los ritmos de crecimiento del endeudamiento y de la producción, permitiendo en un futuro próximo, siempre que no se produzcan más errores en la gestión de la política fiscal o shocks exógenos negativos, afrontar un nuevo escenario de reducción del volumen relativo de deuda pública sin que se produzcan efectos negativos sobre la economía de Cantabria. Sin embargo, conviene también no olvidar que el margen de maniobra todavía es bastante limitado debido a que el volumen de endeudamiento es considerablemente superior al existente hace una década (23,5% actualmente, 3,1% hace una década). Y esto en absoluto es neutral o trivial.

Figura 2. Deuda pública (en % del PIB), datos trimestrales. Elaboración propia en base a los datos facilitados por el ICANE.

Figura 2. Deuda pública (en % del PIB), datos trimestrales. Elaboración propia en base a los datos facilitados por el ICANE.

La situación en el aspecto de la deuda pública y la política fiscal, como en todo en la vida, es la que es. Ni se puede cambiar el pasado ni se puede ignorar la situación presente. Pero sí que se puede aprender de lo ocurrido para actuar a partir de este momento. En base a lo aprendido es necesario adoptar una posición más responsable ante la política fiscal en Cantabria. Es posible adoptar una senda que, a la vez que permita una reducción relativa del volumen de deuda pública, refuerce el Estado de Bienestar y contribuya al cambio en la estructura productiva cántabra. Se trata, sencillamente, de acompasar la amortización de la deuda pública existente con la priorización de inversiones económica y socialmente (no políticamente, y menos en año electoral) necesarias.

Sirvan como ejemplo, la necesidad de multiplicar la inversión en I+D+i o incrementar la inversión en educación, dependencia o sanidad. En estos ejemplos, la inversión y el gasto público, si se realizan de manera acertada, pueden llevar a fortalecer la economía cántabra a medio y largo plazo, permitiendo no solo un desarrollo socioeconómico deseable sino, además, incrementando la facilitad del pago del endeudamiento previo.

Si esto se complementase con una obtención de recursos tributarios más progresiva en términos de renta y riqueza se incrementaría la probabilidad de una entrada de la economía cántabra en una espiral virtuosa. En las próximas semanas se negociarán los presupuestos generales de Cantabria. Buen momento para dejar de hacer lo de siempre, que se ha mostrado como modelo fallido, y comenzar un cambio en este sentido.

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