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Soberanía en funciones

La imagen de la bancada azul del Gobierno completamente vacía es una de las más grotescas que se han visto en España en los últimos años

La bancada azul del Gobierno vacía durante la sesión de control. | EFE

La bancada azul del Gobierno vacía durante la sesión de control. | EFE

Ocurrió el pasado martes: el Congreso de los Diputados esperaba al Gobierno para la sesión de control de rutina pero el Gobierno decidió no acudir a la cita. Rajoy y sus ministros se declararon en rebeldía y quebraron la cintura del sistema parlamentario con un silogismo demoledor: un Ejecutivo en funciones no tiene la obligación de explicar nada. La Junta de Portavoces, desolada, tuvo que suspender la sesión de control y sustituirla por un improvisado rapapolvo que los diputados de la oposición dirigieron por turnos a unas elegantes butacas vacías.

La imagen es de esas que valen por mil palabras y resulta un ejemplo maravilloso para una sociedad cada vez más alejada de la clase política. No hay duda de que este tipo de performances contribuyen a acercar a la gente a sus representantes en el hemiciclo. Gestos como el del Gobierno sirven la ciudadanía entienda hasta qué punto le interesa al Ejecutivo encontrar una solución a la delicada situación que atraviesa el país. Entre hacer campaña y cumplir con las más elementales normas de la convivencia política, Rajoy no lo dudó ni un segundo.

Lo que Rajoy no acaba de entender, o entiende pero no le importan las consecuencias, es que cuando decide no someterse a las preguntas de los periodistas o no acudir a una sesión de control no está privando de explicaciones a la prensa o a la oposición, sino a los ciudadanos del país que preside.

No es un asunto menor, porque las formas en democracia y los procedimientos que rigen el funcionamiento de las instituciones no están para esquivarlos a voluntad. Tampoco es la primera vez que el presidente nos deja con la boca abierta. Las ruedas de prensa a través de una televisión de plasma fueron una innovación que a día de hoy sigue sin ser superada. Y en Santander todavía se recuerda aquella comparecencia pública a cincuenta metros de los periodistas en un Hospital de Valdecilla a medio terminar. Situaciones distintas que evidencian los mismos problemas: falta de interés, menosprecio, soberbia. Se empieza menospreciando a la prensa y se acaba dando plantón al Congreso. De ahí a la heroína solo hay un paso.

Lo que Rajoy no acaba de entender, o entiende pero no le importan las consecuencias, es que cuando decide no someterse a las preguntas de los periodistas o no acudir a una sesión de control no está privando de explicaciones a la prensa o a la oposición, sino a los ciudadanos del país que preside, que son los depositarios de esa soberanía nacional que se guarda en las Cortes y de la que tanto nos gusta presumir en los discursos y las llamadas al orden.

La soberanía nacional, el martes, se quedó sin escuchar a su presidente. La imagen de la bancada azul del Gobierno completamente vacía es una de las más grotescas que se han visto en España en los últimos años, y hemos visto muchas imágenes grotescas. Evidencia que Rajoy está muy por debajo del cargo que ocupa y que este país pasan cosas muy graves de las que algún día, seguramente, tendremos que avergonzarnos.

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