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Cómo contarte este cuento

El lenguaje es un instrumento indispensable en la transmisión de una cultura y una manera de ver la vida, y en definitiva en la construcción de la propia identidad, pero más importante si cabe para esto último es el empleo del lenguaje en la creación de las historias.

Cómo contarte este cuento, por Carmen Quintana Cocolina. | JR Korpa

Cada uno es el personaje principal de la historia de su paso por el mundo. | JR Korpa

Ahora que una parte de mi día a día la dedico a enseñar mi lengua y contarle historias sencillas a un bebé, me han asaltado ciertas dudas sobre cómo hacerlo y sobre lo que significa el lenguaje y la narración para el ser humano.

Vivimos en un mundo en el que al instruir a un niño en una lengua no solo le estamos dando una herramienta para expresarse sino que además le transmitimos una cultura y una forma de ver la vida. El lenguaje implica conocimiento y construye una realidad social, es por esto que cuando una madre o un padre hablan con su hijo, le están trasladando su experiencia y su comprensión del mundo. Sin embargo, el niño no es capaz de entender que la realidad que sus progenitores le presentan no es sino voluntad de realidad, voluntad y representación como diría Schopenhauer, una construcción de la realidad que se adecúa a la experiencia vivida por estos. El niño porque es niño solo ve un producto final, no ve una realidad sino la realidad que constituirá su mundo y será la que rija todas sus acciones y pensamientos hasta la adolescencia, momento en el que necesariamente se dará cuenta de que existen también otras realidades. (He de decir en este punto que, aunque en la adolescencia y la vida adulta nos damos cuenta de que hay otras formas de ver el mundo, no siempre somos capaces de entender que las otras realidades son tan válidas como la nuestra o que la nuestra está igualmente construida. Reconoceréis a estos adultos cuando utilicen expresiones como “las cosas como son”).

La cuestión es que se trata de un tema que me preocupa: me gustaría que mi hijo creciera descubriendo y construyendo su propia realidad, aceptándola, y empezando a entender que también existen otras. Como digo, el lenguaje es un instrumento indispensable en la transmisión de una cultura y una manera de ver la vida, y en definitiva en la construcción de la propia identidad, pero más importante si cabe para esto último es el empleo del lenguaje en la creación de las historias que les contamos a nuestros hijos, es decir, la narración. Me parece una tarea que atañe una enorme responsabilidad, aunque a los ojos de muchos pueda resultar simple.

Cada uno es el personaje principal de la historia de su paso por el mundo, pero no es ni el autor ni el único narrador de su cuento, somos más bien co-autores de nuestra propia vida porque hay partes que no conocemos como el nacimiento, que pertenece a la narración de nuestros padres, o los primeros años de infancia en los que todavía no somos capaces de formar recuerdos. La autora Siri Hudsvedt, recientemente galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Letras, plantea en su obra Recuerdos del futuro (Seix Barral, 2019) el hecho de que todos nosotros estamos de alguna forma ya escritos, dicho de otra manera, que repetimos las narraciones que escuchamos o que leemos sobre nosotros o sobre el mundo. Esta idea no deja de dar vueltas en mi cabeza cuando me comunico con mi bebé. Ahora es muy pronto pero de aquí a unos años le empezaré a contar historias diversas sobre el mundo y recuerdos que tengo sobre él, sobre nosotros, y que objetivamente están creados por mí. ¿Cómo seleccionaré los datos para contarle, por ejemplo, su nacimiento, los primeros signos de su carácter, aquella vez que hizo esto o lo otro? ¿Qué tipo de narración voy a hacer con esos elementos? Las historias que le cuente sobre él, nosotros y el mundo serán historias que él heredará y que le ayudarán a formar su propia identidad, su cultura y su forma de ver el mundo. Tremenda labor a mi modo de ver.

Supongo que por el momento me debo centrar en que aprenda y fije palabras sencillas como mamá, papá o agua y que entienda lo que representan cada una de ellas en nuestra realidad familiar. Una vez conseguido esto podré pasar a otros conceptos más complejos y expresiones con denominación de origen, como “ven que te coja a cuchus que esta cuesta está llena de verdín y es muy pindia y si te caes te vas a poner hecho un bardal”. Es muy probable, además, que más tarde le hable de los habitantes de La Montaña, de las bellas anjanas, del temido ojáncanu y también de los caballucos del diablu, a los que pronto algunos verán en la noche de San Juan, y que todavía más adelante alcance a contarle que nació una lluviosa y gélida tarde huracanada de los últimos días de mayo en una ciudad cercana al Círculo Polar Ártico después de una larga espera en la que no me dio tiempo a mirar el reloj, y que llegó al mundo cambiando para siempre mi realidad y mi concepción del amor y exhalando ese bálsamo tan característico de la sangre añeja que anuncia muerte pero también vida, aunque quizá esto último me lo salte, veremos a ver, es solo un arranque en frío.

En fin, en esas estoy. Deseadme suerte.

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