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El espíritu de Euskadiko Ezkerra

Junto a una militancia de un fuerte compromiso ético y político con la solución de los problemas de la sociedad coincidieron en EE tres liderazgos distintos pero que compartieron los mismos valores de honestidad intelectual, compromiso ético e inteligencia política: Onaindía, Aulestia y Bandrés 

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Mario Onaindia (EE) y Ramón Jauregui (PSE)

Mario Onaindia (EE) y Ramón Jauregui (PSE) Foto cedida por EITB.

Se acaban de cumplir 25 años de la convergencia entre el PSE-PSOE y Euskadiko Ezkerra (EE) y más allá de la consideración de si ésta fue realmente una confluencia o más bien una integración o  una fusión por absorción, como de manera deslegitimadora se la ha calificado por parte de alguno de sus detractores, sí es cierto que a lo largo de estos años se ha asentado un cierto discurso de que  “en el PSE, de EE sólo quedan las siglas” como en alguna ocasión ha afirmado el historiador Gaizka Fernández Soldevilla o de que en el PSE no se integró “el espíritu de Euskadiko Ezkerra” como a veces comenta coloquialmente Felipe Juaristi.

A lo largo de su corta pero fecunda historia, Euskadiko Ezkerra suscitó muchas simpatías no siempre materializadas en votos entre la ciudadanía, algunos amores apasionados entre ciertos sectores intelectuales y periodísticos y unos odios furibundos entre el nacionalismo tradicional y el violento. Pero en todas estas actitudes siempre hubo un reconocimiento del valor diferencial de EE, de su forma distinta de hacer las cosas, aunque ni los propios integrantes del partido supiesen a ciencia cierta en qué radicaba ese intangible diferencial.

¿Pero, en qué consistió pues ese valor diferencial?¿en qué consistió el espíritu de Euskadiko Ezkerra?  Evidentemente no estaba en sus siglas, puesto que las siglas no es algo que determinase la esencia de EE de acuerdo con Fernández Soldevilla y su rotunda afirmación posteriormente matizada.

Un intento de aproximarse a ese intangible nos la ofrece  Xabier Gurrutxaga en su artículo “Las ocho claves de la absorción de EE por el PSE” del pasado 15 de marzo publicado en este periódico cuando afirma que “...a pesar de la fusión con el PSE, esta formación no ha conseguido integrar en su proyecto aquel valor añadido que sin discusión tenía EE como activo propio, ganado con el esfuerzo de todos sus militantes en la lucha por la libertad, el autogobierno, la igualdad, la solidaridad y la paz entre los vascos”.

Para este destacado dirigente de EE y posterior secretario general de la escindida Euskal Ezkerra, Euskadiko Ezkerra tuvo pues un valor añadido que él lo concreta en el activo conseguido a través de la lucha de sus militantes por todas esas cuestiones que enumera. Pero la lucha por la libertad, el autogobierno, la igualdad, la solidaridad y la paz fue algo común a los militantes de todos los partidos democráticos que hicieron la Transición y protagonizaron los primeros años de construcción de la democracia y no algo distintivo y diferencial de los militantes de Euskadiko Ezkerra. Por lo tanto no es ahí tampoco donde radicaba el “espíritu de Euskadiko Ezkerra”.

La mejor manera quizás de aproximarnos a la cuestión es analizar la posición y la actuación de EE a lo largo de los principales hitos políticos en los que tuvo una participación activa y tratar de rastrear si hubo elementos propios y diferenciales respecto al resto de fuerzas políticas a derecha e izquierda, nacionalistas o no nacionalistas y violentas y no violentas. De forma cronológica EE intervino en los siguientes acontecimientos y procesos.

En las primeras elecciones democráticas, el 15 de junio de 1977, en las que la entonces coalición electoral Euskadiko Ezkerra-Izquierda de Euskadi apuesta, junto con el resto de partidos democráticos, por la participación democrática frente a posiciones violentas y rupturistas de las que procedía y que optan por la no participación. No parece que haya nada diferencial en ello respecto al resto de partidos democráticos, más allá de la aceptación de los procesos electorales democráticos como único medio de acción política frente a los planteamientos de la extrema izquierda que no descartaban la utilización de procedimientos revolucionarios violentos para la “toma del poder”. Emerge así una de las señas de identidad de EE de la mano, de la inteligencia, de la honestidad intelectual y de la visión estratégica de quien va a ser un gigante político de la izquierda en Euskadi y en España: Mario Onaindia.

En el rechazo a la Constitución de 1978 por motivos ideológicos dado el carácter antimonárquico, socialista (leninista) y autodeterminista de los partidos que conformaban la todavía coalición electoral Euskadiko Ezkerra, al no recoger la Constitución estos principios. Esto motivó la opción por el 'No' en el referéndum constitucional del 6 de diciembre de 1978, siendo el único partido parlamentario del País Vasco que defendió dicha posición. El carácter diferencial de la opción de EE no estuvo en lo descabellado de sus propuestas políticas, como el tiempo se está encargando de demostrar, sino en el acatamiento de los resultados y en la aceptación del marco democrático que se inauguraba con la Constitución del Consenso.

La participación en la elaboración y aprobación el 25 de octubre del Estatuto de Autonomía del País Vasco de 1979 supuso para Euskadiko Ezkerra la incorporación al consenso democrático y su ruptura de cualquier vínculo siquiera afectivo con los sectores rupturistas y violentos con los que todavía mantenía espacios de contacto. El abandono definitivo (la traición) de las posturas intolerantes, dogmáticas, 'revolucionaristas' y antidemocráticas propias de la extrema izquierda y del terrorismo nacionalista y la deslegitimación de la violencia (y la autocrítica) como seña de identidad propia frente a estos sectores de los que procedía, sí fue un elemento diferencial de EE no solo por la forma en que esa crítica se produjo sino por el contenido profundamente democrático de la misma.

Idoia Mendia, durante su intervención en el acto del PSE-EE en el Teatro Arriaga de Bilbao

Idoia Mendia, durante su intervención en el acto del PSE-EE en el Teatro Arriaga de Bilbao PSE-EE



La contribución de EE al final del terrorismo de ETApm sí supuso una seña de identidad diferencial de lo que ha pasado a denominarse el “espíritu de EE”. Aspecto diferencial caracterizado por la critica a la utilización de la violencia como medio de acción política, autocrítica respecto a comprensiones y connivencias históricas con el terrorismo 'polimili', deslegitimación de la violencia política desde posiciones radicalmente democráticas y apoyo político y jurídico al abandono del terrorismo y al desmantelamiento de la organización terrorista, todo ello desde el reconocimiento por parte de los militantes de ETApm de la ilegitimidad del uso de la violencia política y desde la plena asunción de los procedimientos democráticos. En definitiva, el reconocimiento de que no solo el fin no justifica los medios sino que los propios medios condicionan el fin.

Se iniciaba así una senda de un pacifismo local que aunaba la crítica descarnada al terrorismo nacionalista con la crítica indignada del terrorismo de la denominada “guerra sucia”. Esta práctica alcanza su punto álgido en la primera mitad de los 80 con la convocatoria en San Sebastián de una manifestación con el lema “ni sucias ni limpias, no queremos guerras”. Rechazo por igual, con la misma intensidad y bajo los mismos principios de radicalidad democrática de los terrorismo de cualquier signo, constituyen otra de las señas de identidad del “espíritu de Euskadiko Ezkerra”.

El referéndum de la OTAN de 1986 supuso la puesta de largo de otra de las señas de identidad de ese denominado “espíritu de EE”. A la apuesta por un pacifismo radical a nivel local, se une la decisión política de integrarse en un pacifismo global que se oponía a la política de bloques (OTAN vs Pacto de Varsovia). La presencia de Juan Mari Bandrés en el Parlamento europeo permite entrar en contacto con los movimientos de “nueva izquierda” europea liderados por los verdes alemanes y la incorporación a un potente movimiento pacifista europeo en el que de la mano de líderes como Joschka Fischer, Petra Kelly o Gert Bastian, el partido se integra en la European Nuclear Disarmament (EDN-Desarme Nuclear Europeo) e impulsa en el País Vasco y en España la estrategia “detente from below” (distensión por la base) en la que sectores de izquierda deslegitiman la estrategia de confrontación de bloques propios de la guerra fría desde posiciones radicalmente democráticas y de oposición al despliegue de los misiles de crucero y balísticos tanto de la OTAN (misiles Cruise y Pershing) como del Pacto de Varsovia (misiles SS 20), apoyándose en grupos de base (grassroot) de ciudadanos movilizados de ambos bloques.


La defensa del 'No' en el referéndum de la OTAN se hace desde posiciones radicalmente pacifistas (la frase de Mahatma Gandhi “no hay caminos para la paz, la paz es el camino” fue el eslogan) y aunque el 'No' ganó en Euskadi, EE defendió desde el primer momento la validez del resultado reconociendo que el sujeto de la soberanía era el conjunto de la ciudadanía española. Otra manifestación del espíritu de EE, el reconocimiento y aceptación de las reglas del juego democráticas.

Al mismo tiempo y durante estos años, el contacto con los grupos ecologistas y de nueva izquierda en Europa permite consolidar el ecologismo profundo del partido y potenciar las reivindicaciones feministas y de libre opción sexual tanto hacia dentro como hacía el exterior del partido. Todas estas prácticas políticas también serían señas de identidad de EE. Al igual que la profunda democracia interna que practicó hasta que la mitad del partido la abandonó al final del camino.

Primera sesión del VIII Congreso del PSE-EE.

Primera sesión del VIII Congreso del PSE-EE.


Avanzando en la década de los 80, durante la formación del Gobierno vasco resultante de las elecciones autonómicas de 1986, el rechazo a la pretensiones de Eusko Alkartasuna (EA) de formar una pinza contra el PSE-PSOE para forzarle a aceptar su desplazamiento del primer lugar parlamentario (19 escaños) en el que las elecciones le habían situado democráticamente, también supone una seña de identidad de EE, en el sentido de que se apuesta por defender el interés general por encima incluso de los intereses del partido.

Llegamos así al Pacto de Ajuria Enea, firmado el 12 de enero de 1988, en el que las señas de identidad o si se quiere “el espíritu de Euskadiko Ezkerra” brillaron en todo su esplendor de la mano de Kepa Aulestia. El papel que jugaron el partido y en particular el propio Kepa en la arribada a buen puerto del texto final del acuerdo y del acuerdo mismo algún día serán reconocidos por la historia. Vuelve a aparecer quizás la principal seña de identidad de EE, que no es otra que la búsqueda del interés general a través de la democracia en contra incluso de los intereses inmediatos del propio partido. Y este espíritu fue posible entre otras muchas cosas porque junto a una militancia de un fuerte compromiso ético y político con la solución de los problemas de la sociedad coincidieron en EE tres liderazgos distintos pero que compartieron los mismos valores de honestidad intelectual, compromiso ético e inteligencia política en la dirección del partido: Mario Onaindía, Kepa Aulestia y Juan Mari Bandrés que a los anteriores valores unía una sensibilidad especial para denunciar violaciones de derechos humanos concretas y situaciones de pobreza y marginación social inaceptables.

Ese mismo año, el 6 de diciembre de 1988, se cumplían diez años de la aprobación de la Constitución y con tal efeméride se produce la declaración de Kepa Aulestia dando el “'sí' inequívoco a la Constitución”. Fue una declaración de la Secretaría General sin ningún debate previo ni en las bases ni en la dirección, lo que produjo cierto malestar entre la militancia más por las formas que por el fondo, aunque también por el fondo en los sectores más nacionalistas del partido. Pero lo destacable de este hecho está en que Aulestia considera que es un deber moral con la democracia en Euskadi y un ejercicio de pedagogía democrática del único partido parlamentario que se había opuesto al texto constitucional y hace ese reconocimiento al valor democrático del texto constitucional del 78 y a su extraordinaria aportación a la convivencia democrática también entre los vascos. Y lo hace al margen de que eso pudiera tener repercusiones negativas para el partido entre sus propios votantes muchos de los cuales eran muy sensibles a las críticas que desde el nacionalismo se pudieran hacer al respecto. Aparece así otra seña de identidad del partido que es su autoexigencia de realizar pedagogía democrática cuando consideraba que el interés general así lo demandaba.

La Declaración de Autodeterminación del Parlamento vasco -apoyada por EE- fue además una frivolidad y una peligrosa estupidez, como está demostrando el 'procés” catalán con su unilateralidad.

A finales del año 1989 o principios de 1990 se produce un hecho contradictorio con el 'Sí' inequívoco a la Constitución: la aprobación de la Declaración de Autodeterminación del 15 de febrero de 1990, a la que EE no solo presta su apoyo sino que participa activamente en su formulación. Es esta la primera de una serie de decisiones en la que EE empieza abandonar “el espíritu de  EE” y empieza a jugar en clave de juegos de poder lo que le llevará a su declive final. Todo comienza con una llamada nocturna de Xabier Arzalluz a Kepa Aulestia, a quien había “descubierto” en las maratonianas sesiones del Pacto de Ajuria Enea, y en la que el entonces presidente del EBB le pide ayuda para salir del entuerto en el que se había metido con unas declaraciones altisonantes sobre el derecho de autodeterminación (el de la virguería marxista, sí) a raíz de los procesos de independencia de la URSS que estaban teniendo lugar en los países bálticos y sobre los que había hecho una declaración el Parlament de Cataluña. EE atiende esa demanda de ayuda y la procesa en clave de unas relaciones privilegiadas con el PNV de cara a las negociaciones de gobierno que se deberían abrir tras los comicios autonómicos que previsiblemente tendrían lugar en otoño de es año.

Las aportaciones de EE al debate fueron notables pero desafortunadas porque visto con perspectiva histórica nunca debimos prestarnos a ello. Supusieron un retroceso en la evolución autonomista de EE con el reconocimiento no solo del binomio de constitucionalidad Constitución y Estatuto, sino con el reconocimiento explícito de la Constitución y del Estatuto. Y aunque con todos los matices y cautelas que conseguimos introducir respecto a entender este inexistente derecho como un proceso permanente de profundización en el autogobierno, el resultado final no dejó de constituir una involución democrática en la que caben interpretaciones como la que realizó el propio Xabier Gurrutxaga en el artículo mencionado más arriba en el que decía: “Esta teoría sobre lo que se entiende por la autodeterminación como proceso dinámico y permanente fue expuesta con brillantez en la propuesta que sobre este derecho se presentó en el Parlamento vasco en 1990. Convendría leer ahora aquella exposición de motivos y las intervenciones habidas. La integración en el PSE-PSOE lógicamente significaba renunciar a ese pronunciamiento estratégico y ponerse en contra por ejemplo a que se pudiera celebrar una consulta sobre la independencia si así lo pidiera el Parlamento. Eso en la cultura del PSE podría tener sentido en la de EE, nunca.” (sic a 15 de marzo de 2018, con la que está cayendo)

En lo que a EE respecta, la Declaración de Autodeterminación del Parlamento vasco de 15 de febrero de 1990 fue un ejercicio de parlamentarismo retórico en el que la unidad del grupo parlamentario se mantuvo sobre la base de la contextualización de la misma en el 'Sí' inequívoco a la Constitución y en la consideración del Estatuto de Autonomía de 1979 como la forma en que los vascos nos habíamos autodeterminado. La Declaración de Autodeterminación del Parlamento vasco fue además una frivolidad y una peligrosa estupidez, como está demostrando el 'procés” catalán con su unilateralidad.

La consideración de la Autodeterminación como proceso dinámico y permanente no deja de ser un preciosismo formal muy del gusto de los escolásticos de la política que tanto abundaron en EE. Entendida esta escolástica política como un sistema de explicación de la realidad sin contradicciones internas que, como en la corriente teológico filosófica medieval, al final siempre suponía una subordinación de la razón a la fe política fuese ésta el marximo o el nacionalismo. A partir de este momento llegaron las elecciones autonómicas de 1990 y el fracaso electoral relativo de EE, las posteriores negociaciones de Gobierno que cristalizaron en el tripartito PNV-EE-EA, el fracaso de ese Gobierno, la formación de un nuevo tripartito PNV-EE-PSE, el Congreso de EE y la ruptura del partido en dos mitades casi idénticas por parte de los perdedores de ese Congreso.

Pero eso es ya otra historia. La historia de lo que le sucedió a EE cuando la mitad del partido decidió no ser fiel al “espíritu de EE” que no era otro que la búsqueda del interés general a través del uso de procedimientos estrictamente democráticos incluso en contra de los intereses particulares del propio partido. Como bien expresaba en su artículo titulado  'El día de Mario', publicado en este mismo periódico el pasado 17 de mazo, Alberto Aguirrezabal, la persona que mejor encarna en sí mismo la convergencia PSE-EE: “Pasados los años, olvidados ya de nuestra procedencia, la sensación de muchos de nosotros es que hicimos lo que había que hacer y estamos donde hay que estar”. Y puedo asegurar que donde esté Alberto Aguirrezabal estará “el espíritu de Euskadiko Ezkerra” y sin duda el espíritu de Mario.

Xabier Garmendia  fue vicesecretario general de EE (1985-1990) y viceconsejero en dos Gobiernos vascos (1991-1995) y (2009-2012).

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