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Xabier Garmendia

Fuenterrabía/Hondarribia (Gipuzkoa). Ingeniero Industrial ETSII de Bilbao 1968-1973. Especialidad Técnicas Energéticas. Consultor y Emprendedor en energía y medio ambiente. Parlamentario Vasco III y IV Legislaturas. Viceconsejero Medio Ambiente 1991-1995 y Viceconsejero Industria y Energía 2009-2013 del Gobierno Vasco.

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El espíritu de Euskadiko Ezkerra

Se acaban de cumplir 25 años de la convergencia entre el PSE-PSOE y Euskadiko Ezkerra (EE) y más allá de la consideración de si ésta fue realmente una confluencia o más bien una integración o  una fusión por absorción, como de manera deslegitimadora se la ha calificado por parte de alguno de sus detractores, sí es cierto que a lo largo de estos años se ha asentado un cierto discurso de que  “en el PSE, de EE sólo quedan las siglas” como en alguna ocasión ha afirmado el historiador Gaizka Fernández Soldevilla o de que en el PSE no se integró “el espíritu de Euskadiko Ezkerra” como a veces comenta coloquialmente Felipe Juaristi. A lo largo de su corta pero fecunda historia, Euskadiko Ezkerra suscitó muchas simpatías no siempre materializadas en votos entre la ciudadanía, algunos amores apasionados entre ciertos sectores intelectuales y periodísticos y unos odios furibundos entre el nacionalismo tradicional y el violento. Pero en todas estas actitudes siempre hubo un reconocimiento del valor diferencial de EE, de su forma distinta de hacer las cosas, aunque ni los propios integrantes del partido supiesen a ciencia cierta en qué radicaba ese intangible diferencial. ¿Pero, en qué consistió pues ese valor diferencial?¿en qué consistió el espíritu de Euskadiko Ezkerra?  Evidentemente no estaba en sus siglas, puesto que las siglas no es algo que determinase la esencia de EE de acuerdo con Fernández Soldevilla y su rotunda afirmación posteriormente matizada. Un intento de aproximarse a ese intangible nos la ofrece  Xabier Gurrutxaga en su artículo “Las ocho claves de la absorción de EE por el PSE” del pasado 15 de marzo publicado en este periódico cuando afirma que “...a pesar de la fusión con el PSE, esta formación no ha conseguido integrar en su proyecto aquel valor añadido que sin discusión tenía EE como activo propio, ganado con el esfuerzo de todos sus militantes en la lucha por la libertad, el autogobierno, la igualdad, la solidaridad y la paz entre los vascos”. Para este destacado dirigente de EE y posterior secretario general de la escindida Euskal Ezkerra, Euskadiko Ezkerra tuvo pues un valor añadido que él lo concreta en el activo conseguido a través de la lucha de sus militantes por todas esas cuestiones que enumera. Pero la lucha por la libertad, el autogobierno, la igualdad, la solidaridad y la paz fue algo común a los militantes de todos los partidos democráticos que hicieron la Transición y protagonizaron los primeros años de construcción de la democracia y no algo distintivo y diferencial de los militantes de Euskadiko Ezkerra. Por lo tanto no es ahí tampoco donde radicaba el “espíritu de Euskadiko Ezkerra”. La mejor manera quizás de aproximarnos a la cuestión es analizar la posición y la actuación de EE a lo largo de los principales hitos políticos en los que tuvo una participación activa y tratar de rastrear si hubo elementos propios y diferenciales respecto al resto de fuerzas políticas a derecha e izquierda, nacionalistas o no nacionalistas y violentas y no violentas. De forma cronológica EE intervino en los siguientes acontecimientos y procesos. En las primeras elecciones democráticas, el 15 de junio de 1977, en las que la entonces coalición electoral Euskadiko Ezkerra-Izquierda de Euskadi apuesta, junto con el resto de partidos democráticos, por la participación democrática frente a posiciones violentas y rupturistas de las que procedía y que optan por la no participación. No parece que haya nada diferencial en ello respecto al resto de partidos democráticos, más allá de la aceptación de los procesos electorales democráticos como único medio de acción política frente a los planteamientos de la extrema izquierda que no descartaban la utilización de procedimientos revolucionarios violentos para la “toma del poder”. Emerge así una de las señas de identidad de EE de la mano, de la inteligencia, de la honestidad intelectual y de la visión estratégica de quien va a ser un gigante político de la izquierda en Euskadi y en España: Mario Onaindia. En el rechazo a la Constitución de 1978 por motivos ideológicos dado el carácter antimonárquico, socialista (leninista) y autodeterminista de los partidos que conformaban la todavía coalición electoral Euskadiko Ezkerra, al no recoger la Constitución estos principios. Esto motivó la opción por el 'No' en el referéndum constitucional del 6 de diciembre de 1978, siendo el único partido parlamentario del País Vasco que defendió dicha posición. El carácter diferencial de la opción de EE no estuvo en lo descabellado de sus propuestas políticas, como el tiempo se está encargando de demostrar, sino en el acatamiento de los resultados y en la aceptación del marco democrático que se inauguraba con la Constitución del Consenso. La participación en la elaboración y aprobación el 25 de octubre del Estatuto de Autonomía del País Vasco de 1979 supuso para Euskadiko Ezkerra la incorporación al consenso democrático y su ruptura de cualquier vínculo siquiera afectivo con los sectores rupturistas y violentos con los que todavía mantenía espacios de contacto. El abandono definitivo (la traición) de las posturas intolerantes, dogmáticas, 'revolucionaristas' y antidemocráticas propias de la extrema izquierda y del terrorismo nacionalista y la deslegitimación de la violencia (y la autocrítica) como seña de identidad propia frente a estos sectores de los que procedía, sí fue un elemento diferencial de EE no solo por la forma en que esa crítica se produjo sino por el contenido profundamente democrático de la misma.

La contribución de EE al final del terrorismo de ETApm sí supuso una seña de identidad diferencial de lo que ha pasado a denominarse el “espíritu de EE”. Aspecto diferencial caracterizado por la critica a la utilización de la violencia como medio de acción política, autocrítica respecto a comprensiones y connivencias históricas con el terrorismo 'polimili', deslegitimación de la violencia política desde posiciones radicalmente democráticas y apoyo político y jurídico al abandono del terrorismo y al desmantelamiento de la organización terrorista, todo ello desde el reconocimiento por parte de los militantes de ETApm de la ilegitimidad del uso de la violencia política y desde la plena asunción de los procedimientos democráticos. En definitiva, el reconocimiento de que no solo el fin no justifica los medios sino que los propios medios condicionan el fin. Se iniciaba así una senda de un pacifismo local que aunaba la crítica descarnada al terrorismo nacionalista con la crítica indignada del terrorismo de la denominada “guerra sucia”. Esta práctica alcanza su punto álgido en la primera mitad de los 80 con la convocatoria en San Sebastián de una manifestación con el lema “ni sucias ni limpias, no queremos guerras”. Rechazo por igual, con la misma intensidad y bajo los mismos principios de radicalidad democrática de los terrorismo de cualquier signo, constituyen otra de las señas de identidad del “espíritu de Euskadiko Ezkerra”. El referéndum de la OTAN de 1986 supuso la puesta de largo de otra de las señas de identidad de ese denominado “espíritu de EE”. A la apuesta por un pacifismo radical a nivel local, se une la decisión política de integrarse en un pacifismo global que se oponía a la política de bloques (OTAN vs Pacto de Varsovia). La presencia de Juan Mari Bandrés en el Parlamento europeo permite entrar en contacto con los movimientos de “nueva izquierda” europea liderados por los verdes alemanes y la incorporación a un potente movimiento pacifista europeo en el que de la mano de líderes como Joschka Fischer, Petra Kelly o Gert Bastian, el partido se integra en la European Nuclear Disarmament (EDN-Desarme Nuclear Europeo) e impulsa en el País Vasco y en España la estrategia “detente from below” (distensión por la base) en la que sectores de izquierda deslegitiman la estrategia de confrontación de bloques propios de la guerra fría desde posiciones radicalmente democráticas y de oposición al despliegue de los misiles de crucero y balísticos tanto de la OTAN (misiles Cruise y Pershing) como del Pacto de Varsovia (misiles SS 20), apoyándose en grupos de base (grassroot) de ciudadanos movilizados de ambos bloques.

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El trilema de la transición eléctrica en España

Hoy en día nadie, ni siquiera la administración Trump, discute la necesidad de una transición hacia un sistema energético mundial descarbonizado. Podrá discrepar de la forma, podrá no estar de acuerdo con el supuesto impacto negativo que desde una perspectiva muy miope considera que el Acuerdo de París supone para la industria americana o podrá estar en contra del ritmo con el que se debe llevar a cabo, pero el consenso mundial tras la cumbre de París roza la unanimidad respecto a que el futuro energético de la humanidad se encuentra en un mundo libre del uso de combustibles fósiles.

Y en esa transición tenemos que pasar de un mundo funcionando a base de energías fósiles y nuclear de fisión a un mundo energético fundamentalmente descarbonizado basado en el ahorro, la eficiencia energética y las energías renovables como fuentes de energía primaria del futuro. En el límite, de las seis fuentes de energía primaria existentes en el universo y actualmente aprovechables–carbón, petróleo, gas natural, nuclear de fisión, renovables y ahorro y eficiencia- solo estas dos últimas serían necesarias.

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De la energía escasa a la energía inagotable

Desde el comienzo de la revolución industrial, la disponibilidad de energía utilizable ha estado históricamente asociada a la escasez relativa de las fuentes de energía primaria disponibles. El siglo XIX fue el siglo del carbón y el siglo XX el del petróleo con el carbón, el gas natural y la energía nuclear de fisión como energías de acompañamiento del petróleo.

Por lo tanto, durante los dos últimos siglos hemos construido un mundo basado en la utilización de las energías fósiles –carbón, petróleo y gas natural- y de la energía nuclear de fisión que si bien abundantes son recursos limitados y por lo tanto en principio agotables.

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