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Amancioliebers

14 de marzo de 2026 22:36 h

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Yo trabajé en Zara Home poco después de acabar la carrera. Una vez que trabajas para Amancio no te resulta muy difícil comprender de dónde saca sus beneficios millonarios. Yo fui uno de los trabajadores que pusieron en marcha la tienda que se abrió en Parquesur cuando se produjo la ampliación del centro comercial. Mi experiencia laboral hasta el momento había sido mucho más precaria y para mí resultó un salto sustancial en las condiciones laborales que había tenido, porque las anteriores pasaban por ni siquiera estar dado de alta, que me pagaran lo que les cuadraba y que no tuviera ni horario laboral. En muchas ocasiones eso es lo que fundamenta que se vea a estas grandes empresas que contratan a gente muy joven con una gran consideración, se debe a que no hay situaciones previas aceptables con las que comparar.

En mi caso llegué a agradecer, lo contaba en mi familia como algo excepcional, que el fin de semana en el que tuvimos que montar toda la tienda para la apertura, haciendo jornadas de 18 horas, me pusieran un taxi para poder volver a mi casa en Fuenlabrada de madrugada. Flipé cuando vi lo que había ganado, ahora sé que era una miseria, a pesar de que muchas de las horas extra que hice me advirtió la encargada que eran un servicio a la empresa que servía para hacer carrera en Inditex aunque la mayoría jamás la haríamos ni queríamos hacerla. Con los años aprendí con qué sudor se consiguen sacar los beneficios empresariales del adinerado coruñés.

Amancio Ortega cobrará este año 3.234 millones de euros por los dividendos que le corresponden de Inditex. Como esas rentas las cobra a través de su empresa Pontegadea tributa por el impuesto de sociedades y al invertir antes del año en patrimonio inmobiliario queda exento de tributar una parte importante, ahorrándose hasta un 20% sobre lo que paga un ciudadano común. Amancio Ortega paga menos impuestos en porcentaje que cualquiera de sus trabajadores que lo hacen por IRPF. Su fortuna es de tal dimensión que cuando se mudó al barrio de Ciudad Vieja en A Coruña lo convirtió en el segundo de más renta de España detrás de La Moraleja en Madrid. No es que el resto de ciudadanos se hubieran vuelto millonarios, es que Amancio Ortega subió la media hasta pervertir la condición del barrio. Es fácil entender que esto no es normal y no tendría que pasar.

Plantearse la inconveniencia de estos dividendos empresariales y estas fortunas escandalosas es un deber cívico. Nadie tendría que poder ganar tanto dinero sin importar qué sea lo que hace ni aporta. Nadie. Haga lo que haga, sin importar cuál sea su aportación de su actividad económica a la sociedad. Las sociedades desiguales siempre serán menos democráticas, por lo que establecer unos filtros a la riqueza es imprescindible para tener una estructura social sana y segura. La manera en la que las democracias liberales más avanzadas proponen este equilibrio es mediante una fiscalidad progresiva. La realidad es que no estamos haciéndolo bien porque estos personajes multimillonarios tienen cientos de herramientas fiscales de elusión, que se les permiten por ser legales, que propician que paguen proporcionalmente mucho menos que un docente, un enfermero o una médica.

Amancio Ortega proporciona caridad en relación a lo que tendría que pagar haciendo regalos que le generan un alto impacto publicitario y de reputación porque tiene una serie de amancioliebers dispuestos a defender a los millonarios por cualquier cosa que hagan soñando con que alguna vez les caiga una migaja del banquete que se celebra por arriba. Son los tontos útiles de la seudocientífica —magufa más bien— teoría económica del derrame que viene a decir que cuando se bajan los impuestos a los multimillonarios ese dinero caerá en cascada hacia los de abajo.

Durante muchos meses acompañé a mi madre a los tratamientos y revisiones oncológicas en el Hospital de Fuenlabrada. Algunas de esas veces, no fueron pocas, le pospusieron una prueba de control porque la máquina para hacer los PET-TAC estaba averiada generando más lista de espera. Eso ocurría mientras veía como al lado de la planta de oncología se construía un edificio anexo para la instalación de una de las máquinas de prontoterapia donadas por la Fundación Amancio Ortega. El edificio se anunció en julio de 2024 con un plazo de ejecución de 12 meses, estamos en marzo de 2026 y solo tienen que acercarse para ver lo que falta para que esa obra termine.

Hay muchas veces que de manera terriblemente concreta vemos como los impuestos de los ricos no van a donde deben ir y las máquinas que necesitamos no funcionan para que el capricho caritativo de un multimillonario se haga realidad. A mí me pasó cada día en el servicio de oncología del Hospital de Fuenlabrada al ver construirse el edificio del antojo orteguiano sin que las que máquinas ya instaladas funcionen como deben. No sé cuándo se inaugurará con boato y fanfarrias la máquina donada, hasta entonces los impuestos eludidos por multimillonarios impedirán a muchas personas en su día a día hacerse una prueba diagnóstica o de control porque las máquinas que hacen falta para salvar vidas están averiadas.