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El elefante en el salón de Mañueco

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Carisma, según la RAE, es la especial capacidad de algunas personas para atraer o seducir. Una especie de efecto imán que algunas personas desprenden con su mera presencia; otras, con su manera de comunicar y alguna que otra, con una simple mirada. De ahí lo de los ojos que atrapan cuando nos miran o lo de las miradas huidizas que tanto repelen. 

Alfonso Fernández Mañueco es de esos políticos que antes de alcanzar el poder, no atraía ni por su mirada ni por su elocuencia ni por su presencia. Tampoco, después. La presidencia de Castilla y León no le ha dado lo que no está en su ADN.  Ni pasión ni convicción. 

El sucesor del también popular Juan Vicente Herrera lleva ocho días por todas las televisiones y radios pidiendo la dimisión del ministro Garzón y seguramente desde ocho meses antes, tratando de huir del elefante que tiene en su salón. Disimula, miente, manipula, descontextualiza, trata de escaparse con un adelanto electoral… Y todo para ignorar la presencia del colosal mamífero que merodea por su habitación y que lleva el nombre de corrupción. 

No es  por tanto la calidad de la carne ni el futuro de la ganadería lo que ocupa o preocupa a Mañueco en estas semanas de precampaña electoral. Es el caso 'Perla Negra', es la trama eólica y es la presunta financiación ilegal de su partido. El PP se revuelve contra el adversario para tapar sus vergüenzas por unas palabras que el ministro no dijo. Le ha tocado a Garzón pero podía haber sido a Planas, a Robles, a Marlaska, a Belarra o a Montero. Y el PSOE ha sido incapaz de verlo porque le han temblado las piernas por lo que el debate pueda desgastarle en las urnas.

El ministro de Consumo no dijo que la carne española fuera de mala calidad ni atacó a los ganaderos, sino que criticó las industrias con miles de animales contra las que ya se están tomando medidas tanto el Gobierno de España como distintas Comunidades Autónomas. Lo que afirmó es que las macrogranjas “contaminan el suelo, contaminan el agua y luego exportan carne de peor calidad de animales maltratados”. Nada que no esté en el debate desde hace años y que no hayan explicitado en alguna ocasión los dirigentes del PP de distintas regiones, los del PSOE y hasta sus homólogos europeos.

El Ministerio de Agricultura trabaja en un decreto que regulará el tamaño de las granjas de vacuno y que limita la capacidad máxima de la explotación a 850 unidades de ganado de gran tamaño para las granjas de bovinos. Castilla-La Mancha ha anunciado una moratoria que prohíbe la construcción de nuevas macrogranjas; Aragón ha presentado un proyecto de ley que limita el tamaño de “todas las explotaciones ganaderas intensivas”; Navarra prohíbe ya la construcción o ampliación de explotaciones con más de 1.250 unidades de vacuno y Cataluña ha tomado medidas para impedir el desarrollo de nuevos proyectos. El problema existe, por tanto, y también la voluntad política de atajarlo.

Esta es la realidad y estos son los datos. Luego ya, está lo que Mañueco ha querido tergiversar con un único objetivo, que es que no se hable de los casos que investiga la justicia y afectan de lleno al PP en Castilla y León. El elefante que hay en su salón tiene 12 cabezas -no de ganado- que la Audiencia de Valladolid sentará en el banquillo el próximo marzo, entre ellas la de varios cargos del PP de la Junta durante el mandato de Juan Vicente Herrera, a quienes se les imputan delitos tan graves como el de prevaricación, malversación de caudales y revelación de secretos. El propio Herrera tendrá que declarar como testigo en el juicio por las actuaciones de un gobierno del que Mañueco formaba parte cuando se realizaron operaciones presuntamente corruptas y que responde al conocido como caso Perla Negra

En el cercano horizonte judicial también está presente la llamada trama eólica, un caso que se investiga desde hace cinco años, por las supuestas irregularidades en la concesión de licencias para la instalación de parques eólicos en Castilla y León. Y a todo ello se suma la reciente decisión del titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Salamanca, de imputar al PP de Salamanca como persona jurídica; a su presidente, Francisco Javier Iglesias, y a la gerente, María Isabel Sánchez, en una causa en la que se investiga la presunta financiación ilegal del partido durante las primarias en 2017 que ganó Mañueco. 

Tanto el anticipo electoral como la campaña contra Garzón es tan sólo una finta para llegar a las urnas antes de que sean juzgados los asuntos judiciales que afectan a su partido y para apartar el foco de los escándalos propios. Más claro: Mañueco ha usado a las vacas de coartada para no enfrentarse al elefante. 

Carisma, según la RAE, es la especial capacidad de algunas personas para atraer o seducir. Una especie de efecto imán que algunas personas desprenden con su mera presencia; otras, con su manera de comunicar y alguna que otra, con una simple mirada. De ahí lo de los ojos que atrapan cuando nos miran o lo de las miradas huidizas que tanto repelen. 

Alfonso Fernández Mañueco es de esos políticos que antes de alcanzar el poder, no atraía ni por su mirada ni por su elocuencia ni por su presencia. Tampoco, después. La presidencia de Castilla y León no le ha dado lo que no está en su ADN.  Ni pasión ni convicción. 

El sucesor del también popular Juan Vicente Herrera lleva ocho días por todas las televisiones y radios pidiendo la dimisión del ministro Garzón y seguramente desde ocho meses antes, tratando de huir del elefante que tiene en su salón. Disimula, miente, manipula, descontextualiza, trata de escaparse con un adelanto electoral… Y todo para ignorar la presencia del colosal mamífero que merodea por su habitación y que lleva el nombre de corrupción. 

No es  por tanto la calidad de la carne ni el futuro de la ganadería lo que ocupa o preocupa a Mañueco en estas semanas de precampaña electoral. Es el caso 'Perla Negra', es la trama eólica y es la presunta financiación ilegal de su partido. El PP se revuelve contra el adversario para tapar sus vergüenzas por unas palabras que el ministro no dijo. Le ha tocado a Garzón pero podía haber sido a Planas, a Robles, a Marlaska, a Belarra o a Montero. Y el PSOE ha sido incapaz de verlo porque le han temblado las piernas por lo que el debate pueda desgastarle en las urnas.

El ministro de Consumo no dijo que la carne española fuera de mala calidad ni atacó a los ganaderos, sino que criticó las industrias con miles de animales contra las que ya se están tomando medidas tanto el Gobierno de España como distintas Comunidades Autónomas. Lo que afirmó es que las macrogranjas “contaminan el suelo, contaminan el agua y luego exportan carne de peor calidad de animales maltratados”. Nada que no esté en el debate desde hace años y que no hayan explicitado en alguna ocasión los dirigentes del PP de distintas regiones, los del PSOE y hasta sus homólogos europeos.

El Ministerio de Agricultura trabaja en un decreto que regulará el tamaño de las granjas de vacuno y que limita la capacidad máxima de la explotación a 850 unidades de ganado de gran tamaño para las granjas de bovinos. Castilla-La Mancha ha anunciado una moratoria que prohíbe la construcción de nuevas macrogranjas; Aragón ha presentado un proyecto de ley que limita el tamaño de “todas las explotaciones ganaderas intensivas”; Navarra prohíbe ya la construcción o ampliación de explotaciones con más de 1.250 unidades de vacuno y Cataluña ha tomado medidas para impedir el desarrollo de nuevos proyectos. El problema existe, por tanto, y también la voluntad política de atajarlo.

Esta es la realidad y estos son los datos. Luego ya, está lo que Mañueco ha querido tergiversar con un único objetivo, que es que no se hable de los casos que investiga la justicia y afectan de lleno al PP en Castilla y León. El elefante que hay en su salón tiene 12 cabezas -no de ganado- que la Audiencia de Valladolid sentará en el banquillo el próximo marzo, entre ellas la de varios cargos del PP de la Junta durante el mandato de Juan Vicente Herrera, a quienes se les imputan delitos tan graves como el de prevaricación, malversación de caudales y revelación de secretos. El propio Herrera tendrá que declarar como testigo en el juicio por las actuaciones de un gobierno del que Mañueco formaba parte cuando se realizaron operaciones presuntamente corruptas y que responde al conocido como caso Perla Negra

En el cercano horizonte judicial también está presente la llamada trama eólica, un caso que se investiga desde hace cinco años, por las supuestas irregularidades en la concesión de licencias para la instalación de parques eólicos en Castilla y León. Y a todo ello se suma la reciente decisión del titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Salamanca, de imputar al PP de Salamanca como persona jurídica; a su presidente, Francisco Javier Iglesias, y a la gerente, María Isabel Sánchez, en una causa en la que se investiga la presunta financiación ilegal del partido durante las primarias en 2017 que ganó Mañueco. 

Tanto el anticipo electoral como la campaña contra Garzón es tan sólo una finta para llegar a las urnas antes de que sean juzgados los asuntos judiciales que afectan a su partido y para apartar el foco de los escándalos propios. Más claro: Mañueco ha usado a las vacas de coartada para no enfrentarse al elefante. 

Carisma, según la RAE, es la especial capacidad de algunas personas para atraer o seducir. Una especie de efecto imán que algunas personas desprenden con su mera presencia; otras, con su manera de comunicar y alguna que otra, con una simple mirada. De ahí lo de los ojos que atrapan cuando nos miran o lo de las miradas huidizas que tanto repelen. 

Alfonso Fernández Mañueco es de esos políticos que antes de alcanzar el poder, no atraía ni por su mirada ni por su elocuencia ni por su presencia. Tampoco, después. La presidencia de Castilla y León no le ha dado lo que no está en su ADN.  Ni pasión ni convicción.