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Opinión - 'Felipe González y el hartazgo', por Neus Tomàs

Felipe González y el hartazgo

21 de abril de 2026 21:41 h

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El último libro que Gregorio Morán publicó fue Felipe González. El jugador de billar, una biografía no autorizada por su protagonista y que solo la editorial Roca se atrevió a publicar. La comparación con un jugador de billar responde al hecho de que González tuvo que apañárselas con las distintas bolas que rodaban sobre el tapete. En eso no es tan distinto de Pedro Sánchez, aunque probablemente a ninguno de los dos les guste que se diga. Morán defendía también que, en política, el poder, el propósito de ganar las siguientes elecciones, es el único elemento que consigue explicar lo inexplicable. Es probable que esto tampoco les guste escucharlo.

Morán se ciñó a los 14 años en los que González fue presidente y dividía su partida de billar en dos etapas: cuando hizo tándem con Alfonso Guerra y cuando el entonces presidente tuvo que jugar solo. El 3 de marzo de 1996, 14 años después de haber accedido al cargo, perdió las elecciones. Sigue siendo el que más tiempo ha estado en La Moncloa.

En mayo de 2021 le confesó a Pablo Motos que el día que perdió se sintió liberado. Es la palabra que usó: liberado. “Hasta yo estaba harto de mí mismo. ¿Cómo no iba a estarlo la gente?”, añadió. Se diría que, pese a ser poco dado a conceder entrevistas, a González le gusta ir a El Hormiguero. Regresó en 2024 y, en esa ocasión, afiló el cuchillo contra el PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, Pedro Sánchez y todas las formaciones que se autoubican en la izquierda en España. Solo salvó a Salvador Illa (habría que preguntarle si aún lo considera una excepción).

A raíz de esa entrevista, Ignacio Escolar publicó un artículo en el que, entre otras preguntas, se formulaba las siguientes: ¿Cómo es posible, por ejemplo, que Felipe González se deje utilizar por la misma derecha que lo insultaba cuando estaba en La Moncloa? ¿Ha olvidado todo lo que esta misma prensa conservadora que hoy lo adula decía entonces sobre él? ¿Recuerda el expresidente el 'sindicato del crimen', esa operación mediática para tumbar a su gobierno a cualquier precio que Luis María Ansón confesó años después? ¿O es acaso un ingenuo que cree que la máquina del fango solo se usó contra él?

La derecha sigue elogiándolo, probablemente porque él sigue criticando a Sánchez. Ya ha anunciado que, si el presidente vuelve a ser candidato —algo que ha asegurado que hará—, no votará al PSOE. Su intención es votar en blanco.

La inquina de González hacia Sánchez ha vivido esta semana un nuevo episodio. Podría decirse que por persona interpuesta. La opositora venezolana María Corina Machado está en Madrid. Solo se ha reunido con dirigentes de la derecha y la extrema derecha. De hecho, con Abascal se vio en la Fundación Disenso, laboratorio de ideas ultras.

Según ha desvelado el ministro Albares, el Gobierno le ofreció una reunión, pero ella la rechazó. El titular de Exteriores también explicó que, en su momento, María Corina pidió refugiarse en la embajada española y que él mismo le dijo que no había ningún problema.

González, que escoge muy bien los escenarios, decidió que, pese a que el Gobierno de Sánchez ha ayudado también a que muchos opositores pudieran salir de Venezuela, la foto en la que aparecería sería la de una mesa rodeado de dirigentes del PP dispuestos a escuchar a María Corina. Es una imagen que ha pasado más desapercibida que la de la Puerta de Sol, con cánticos racistas incluidos, o que las declaraciones de la propia María Corina expresando su deseo de que las próximas elecciones en España sean “impecables”. Pero que haya circulado menos no significa que no deba constar en la estrategia del expresidente por marcar distancias con Sánchez.

El expresidente elogió la figura de María Corina con entusiasmo y queda la duda de si una de sus reflexiones incluía un mensaje para Sánchez: “Hablo de liderazgo no mercenario porque es la primera característica de un gran liderazgo: no pedir nada a cambio. Hacerse cargo del estado de ánimo de los ciudadanos. Y, haciéndose cargo de ese estado de ánimo, ha sido, injustamente, como tantos otros, inhabilitada para presentarse a las elecciones en Venezuela”.

Sorprende que quien hizo suyo el proverbio chino de “blanco o negro, lo importante es que el gato cace ratones” reivindique con tanta solemnidad los liderazgos no mercenarios.