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Gracias a la FIFA, es el Mundial más político

13 de junio de 2026 22:13 h

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Lo mejor del Mundial es que se trata de una lucha que se entiende. Nos viene bien. Cuando la vida política se convierte en vida judicial y en cada titular se libra una lucha por el poder, los lectores acaban por no entender nada.

En cambio, cuando hay once tíos a cada lado, un balón y una portería la vida vuelve a parecer sencilla. Hay una serie de partidos y eliminatorias hasta llegar al final: sólo puede ganar uno. Reglas fáciles. Sin embargo, tras esta aparente sencillez, el del fútbol también es un mundo impregnado por luchas de poder, o sea, político en el peor significado de la palabra.

Este Mundial terminará deportivo, pero ha empezado político.

Trump tiene mucho que ver. Si en el último año y medio no hubiera declarado la guerra arancelaria a Canadá y México, sería distinto. Más aún, ha amenazado con anexionar Canadá y convertirlo en el estado número 51 de los EEUU. “Canadá es el único país del mundo que sabe cómo vivir sin identidad”, dijo McLuhan. Gracias a Trump ya tienen un sentimiento nacional clásico que pueden canalizar a través del fútbol.

México está en el punto de mira de la guerra contra el narcotráfico estadounidense. Claudia Sheinbaum colabora más con la administración norteamericana, pero insiste en la soberanía de su país. El equilibrio se mantiene en tensión por el temor de que EEUU actúe fuera de sus fronteras en cualquier momento (sí, como en Venezuela).

El mundial es político, pero no más que el de 1978 en la Argentina de la Junta Militar o el de 1934 en la Italia de Mussolini. La seña distintiva esta vez es que el propio presidente de FIFA parece el más empeñado en ser político. Y no en abstracto, sino tendenciosamente político, partidista, podríamos decir, a favor de Trump.

Infantino se inventó el Premio de la Paz de FIFA para otorgárselo en diciembre pasado, con la excusa de su papel pacificador en el mundo y sobre todo en Oriente Próximo, ejem. ¿Por qué lo hizo? Se le ocurrió la gran idea cuando Trump no recibió el Nobel de la Paz: es el tipo de decisión que toma un hombre dispuesto a poner la organización al servicio de sus caprichos y sus relaciones.

Muchos episodios de corrupción comienzan a la vista de todos, y con esto no quiero sugerir nada, solo que a veces no se entiende lo que sucede en público porque desconocemos vemos algo pero no lo que ocurre en privado. En el césped, en cambio, todo está claro.

A lo largo de los años Infantino no ha dejado de elogiar a Trump en público. No solo asistió a la segunda toma de posesión de Trump, sino que también le acompañó en un viaje de Estado al Golfo Pérsico. Durante el último año, FIFA ha tenido alquilada en Nueva York una oficina de la empresa familiar de Trump que apenas ha usado, según The New York Times. Ha hecho viajes a Mar-a-Lago, estuvo en el estreno del documental Melania, vive en las cercanías de Trump todo el tiempo que puede…

La pregunta es: ¿en beneficio de quién? Infantino ha sido denunciado ante la comisión ética de FIFA por vulnerar el principio de neutralidad política. Lo que durante meses parecía su preocupación razonable por el éxito del Mundial, está dejando de ser una excusa creíble.

En cualquier país, en cualquier sector, en todas las épocas, la corrupción empieza así, con la decisión de poner una organización, un cargo público, un proyecto, al servicio del interés personal. A ver cómo acaba la denuncia contra Infantino. Tal vez no haya mucho más que comprender, solo esperar. La felicidad también depende de a dónde dirijamos la vista. El secreto está en no mirar más allá del césped, donde la raya blanca marca los límites con nitidez. En el palco nunca se sacan tarjetas rojas. Centrémonos en el césped. No levantemos la vista. Con eso y la ilusión de que España gane, se presentan unas semanas prometedoras.