Inventario de objetos raros enseñados en los parlamentos

En el Congreso un diputado enseñó el pito. Un compareciente en una comisión de estudio sacó armas durante su intervención en un Parlamento autonómico. Una diputada regional bien podría montar una línea de ropa con sus camisetas reivindicativas. Nuestros parlamentos nacionales y autonómicos suelen darnos debates soporíferos la mayoría de los días, pero de vez en cuando sorprenden con una nota de color. Estos son algunos de los objetos que han enseñado nuestros políticos para poder salir en los informativos y periódicos.

A veces el Parlamento es puro espectáculo. Pocas, pero pasa. Sucedió, por ejemplo, la semana pasada a cuenta de la protesta de los mineros contra los recortes al sector puestos en marcha por el Gobierno. El primero en captar la atención de los medios fue el senador socialista Ibán García, que intentó darle a Rajoy un casco de minero que éste rechazó sin molestarse siquiera en devolverle la mirada. Quizá fuera porque el casco iba dentro de una bolsa blanca de Mango y pensara que mejor no aceptar nada que pareciera un traje, que en el partido tienen malas experiencias con esas cosas.

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Más éxito tuvo el diputado Antonio Trevín, también socialista, que sacó una lámpara minera bastante 'vintage' en el Pleno del Congreso ante la sorprendida mirada de su compañera de asiento. La actuación de Trevín fue secundada por un grupo de mineros que, enfundados en camisetas negras, fueron expulsados del palco de invitados del Congreso. Seguramente porque no habían pagado su entrada para el show.

Algo más sutil fue el diputado de Compromís Joan Baldoví. Aunque no lo parezca porque enseñó el pito en la misma tribuna. El pito (o silbato según prefieran) era una forma de protestar por el cambio que impulsó el Gobierno para castigar las protestas ciudadanas

Pero los de Compromís no son nuevos en este tipo de actuaciones. Su cabeza de lista por la Comunidad Valenciana, Mònica Oltra, se ha labrado una enorme fama gracias a sus camisetas. Tanto es así que acabó consiguiendo una entrevista de Andreu Buenafuente en plena campaña electoral y luego una aparición estelar en un reportaje de Jordi Évole sobre especulación con obras públicas: un exitazo para una diputada autonómica. Ojo a algunas de las camisetas que ha exhibido (y al rifirrafe que ha originado con ellas): una buscando una salida, otra en nombre de la felicidad, otra contra los 'chorizos', una con la cara de Camps...

Tanto éxito tuvieron las camisetas de Oltra que al final el PP valenciano hizo uso de su mayoría absoluta para modificar la legislación de las Cortes sobre vestimenta. ¿Qué hizo ella entonces? Llevar una camiseta de 'Mango' a la comisión que trataba una de las múltiples tramas de corrupción del Gobierno autonómico. Vistas las recopilaciones que hacen con su indumentaria medios como Levante o ABC bien le daría para abrir una línea de moda.

Pero si hubo una línea de camisetas que llamó la atención fue la del 'No a la guerra' allá por 2003. Durante un Pleno en el Congreso conocidos actores acudieron invitados por PSOE e IU. Allí estaban Pilar Bardem, Juan Echanove, Imanol Uribe o Natalia Dicenta. A la entrada les retuvieron, registraron y quitaron una pancarta y varias chapas reivindicativas, pero no se esperaban que bajo su ropa llevaran unas camisetas que exhibieron en cuanto el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, empezó a hablar. Les expulsaron, seguramente por combinar de forma tan atrevida rojo, negro y blanco.

Mucho más gusto para combinar colores ha tenido Gaspar Llamazares, que revivió aquella protesta luciendo un papel en su solapa repitiendo el eslogan para protestar por la intervención de la OTAN en Libia. Revivió la protesta pero sólo con colores rojos y negros, mucho más combinables.

Al final los de IU le cogieron tanto el gusto a las camisetas que decidieron hacer un día temático: todos los miembros del grupo parlamentario se pusieron la camiseta verde con la que se ha protestado por los recortes en la Educación pública. Abajo en la imagen el diputado Joan Josep Nuet

El más efectista de los últimos tiempos fue Alfred Bosch, de Esquerra, que plantó una bandera independentista catalana en el atril del Congreso. La cara de Santiago Cervera, secretario del Congreso y diputado del PP, que sale a la derecha de la escena, era un poema.

Bosch y los demás políticos catalanes tuvieron buena escuela en el debate sobre la prohibición de los toros en el Parlament. Allí se vio de todo. Desde Albert Rivera enseñando un periódico (¡un periódico!) durante su comparecencia hasta Jorge Wagensberg, que introdujo armas para defender sus argumentos: un descabello, unas banderillas... Los diputados, asustados, decidieron hacerle caso y votar a favor de la prohibición de los toros.

Ampliación

Algunos lectores recuerdan otros objetos que no habíamos incluido. Por ejemplo, @josepmrechera rememora la mítica naranja que González Lizondo llevó al Congreso y le entregó a Felipe González. Por si alguien no le recuerda, Lizondo era diputado de Unió Valenciana, un partido nacionalista conservador que acabó desapareciendo tras su fallecimiento porque su sustituto en el cargo firmó un acuerdo con Zaplana por el que se integraban con el PP valenciano, lo que fue el origen de las mayorías absolutas que ha encadenado el partido hasta hoy.

La naranja en cuestión llamó tanto la atención que quedó reflejada en las actas parlamentarias, de donde sale esta cita:

Finalmente Lizondo le dio la naranja al propio González. Años después un compañero de partido comentó que no pudo evitar lo que sucedió aunque, al menos, consiguió que no entregara la fruta “en una bolsa del Corte Inglés”, cosa que hubiera hecho la situación aún más cómica. La escena está recogida en este vídeo sobre su biografía que muy crítico muy crítico con el exdiputado no es precisamente

Santiago Cervera, diputado del PP y secretario del Congreso, también nos llama la atención sobre la bomba de racimo desactivada que la exministra Carme Chacón llevó al Congreso y que Cristóbal Manuel fotografió para El País cuando se trataba en el Congreso la prohibición de unas armas que España fabricó hasta 2008 y que, por ejemplo, se usaron en la guerra de Libia.

Mucho antes de estas cosas un hombre entró disfrazado al Congreso. Llevaba uniforme, un extraño sombrero negro y una pistola en la mano. Llevaba bigote. Tejero, creo que se llamaba. Aquella sesión en el Congreso sí que fue un espectáculo. Fíjense que hasta Suárez logró colar unos cigarros y se puso a fumar allí donde ahora se sienta Rajoy...