Isabel y Alberto

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Fin de semana de gloria en el Partido Popular. Tras el congreso a la búlgara en Madrid y dejarlo todo atado y bien atado en Galicia, Díaz Ayuso y Núñez Feijóo ya están listos para lanzarse a la carrera definitiva para subvertir de una vez por todas al Sanchismo. Son los Bonnie and Clyde de la derecha española, rebeldes, osados y en lucha sin descanso contra un sistema cruel y corrupto jaleados por el entusiasmo indescriptible de los suyos, aliviados y felices tras tantos meses de dudas, sofocos y disgustos.

Tras poner Isabel en su sitio a las mujeres que no saben aguantar una regla en silencio y como Dios manda y descubrir Alberto que muchas de las cosas que decía en Galicia y los suyos le aplaudían, cuando las dice en Madrid le ponen mala cara y le silban, ambos están ya liberados de distracciones y listos para centrarse en lo que realmente importa: no habrá piedad ni para los malvados ni para Pedro Sánchez.

Ya sabemos todos qué le pasó al último líder popular a quien Díaz Ayuso juró lealtad eterna desde una tarima. Pero si les preocupa la integridad de Feijóo, no se inquieten. En Galicia ya nadie recuerda el nombre del último que se subió a una tribuna a decirle a Feijóo lo que tenía que hacer y lo que era mejor para él. Lo hemos olvidado para que no tuviera que matarnos a todos. 

A Feijóo le sonríe la demoscopia, pero también le era propicia a Casado. A Feijóo le apoya el partido porque no se fían de Ayuso, pero también apoyaban a Casado por desconfianza hacia la lideresa hasta que dejaron de hacerlo. Si únicamente fuera por esas razones, Feijóo no podría estar muy tranquilo. La diferencia sustancial es que Feijóo gana elecciones, más y mejor que todos los demás, Ayuso incluida. Casado solo las perdía. Hasta que voten los andaluces, es una ley inalterable de la física Popular.

En Valencia, Díaz Ayuso subió al escenario a darle permiso a Pablo Casado para que siguiera como candidato a la Moncloa. En Madrid, Núñez Feijóo subió al escenario a decirle que era la mejor, que si quería libertad ahí tenía dos tazas y que no les hiciera perder más tiempo ni a él ni al partido, que tiene unas elecciones que ganar; un abrazo mariano de manual. 

Díaz Ayuso se alimenta del conflicto, lo necesita para seguir viva en la política estatal y Feijóo le ha dejado claro que no le va a dar esa baza. Da igual lo que haga o lo que diga, no habrá ni una mala palabra, ni una buena acción; solo abrazos. Cuando quiera darse cuenta del peligro en el que está, ya será tarde. 

Fin de semana de gloria en el Partido Popular. Tras el congreso a la búlgara en Madrid y dejarlo todo atado y bien atado en Galicia, Díaz Ayuso y Núñez Feijóo ya están listos para lanzarse a la carrera definitiva para subvertir de una vez por todas al Sanchismo. Son los Bonnie and Clyde de la derecha española, rebeldes, osados y en lucha sin descanso contra un sistema cruel y corrupto jaleados por el entusiasmo indescriptible de los suyos, aliviados y felices tras tantos meses de dudas, sofocos y disgustos.

Tras poner Isabel en su sitio a las mujeres que no saben aguantar una regla en silencio y como Dios manda y descubrir Alberto que muchas de las cosas que decía en Galicia y los suyos le aplaudían, cuando las dice en Madrid le ponen mala cara y le silban, ambos están ya liberados de distracciones y listos para centrarse en lo que realmente importa: no habrá piedad ni para los malvados ni para Pedro Sánchez.

Ya sabemos todos qué le pasó al último líder popular a quien Díaz Ayuso juró lealtad eterna desde una tarima. Pero si les preocupa la integridad de Feijóo, no se inquieten. En Galicia ya nadie recuerda el nombre del último que se subió a una tribuna a decirle a Feijóo lo que tenía que hacer y lo que era mejor para él. Lo hemos olvidado para que no tuviera que matarnos a todos. 

A Feijóo le sonríe la demoscopia, pero también le era propicia a Casado. A Feijóo le apoya el partido porque no se fían de Ayuso, pero también apoyaban a Casado por desconfianza hacia la lideresa hasta que dejaron de hacerlo. Si únicamente fuera por esas razones, Feijóo no podría estar muy tranquilo. La diferencia sustancial es que Feijóo gana elecciones, más y mejor que todos los demás, Ayuso incluida. Casado solo las perdía. Hasta que voten los andaluces, es una ley inalterable de la física Popular.

En Valencia, Díaz Ayuso subió al escenario a darle permiso a Pablo Casado para que siguiera como candidato a la Moncloa. En Madrid, Núñez Feijóo subió al escenario a decirle que era la mejor, que si quería libertad ahí tenía dos tazas y que no les hiciera perder más tiempo ni a él ni al partido, que tiene unas elecciones que ganar; un abrazo mariano de manual. 

Díaz Ayuso se alimenta del conflicto, lo necesita para seguir viva en la política estatal y Feijóo le ha dejado claro que no le va a dar esa baza. Da igual lo que haga o lo que diga, no habrá ni una mala palabra, ni una buena acción; solo abrazos. Cuando quiera darse cuenta del peligro en el que está, ya será tarde. 

Fin de semana de gloria en el Partido Popular. Tras el congreso a la búlgara en Madrid y dejarlo todo atado y bien atado en Galicia, Díaz Ayuso y Núñez Feijóo ya están listos para lanzarse a la carrera definitiva para subvertir de una vez por todas al Sanchismo. Son los Bonnie and Clyde de la derecha española, rebeldes, osados y en lucha sin descanso contra un sistema cruel y corrupto jaleados por el entusiasmo indescriptible de los suyos, aliviados y felices tras tantos meses de dudas, sofocos y disgustos.

Tras poner Isabel en su sitio a las mujeres que no saben aguantar una regla en silencio y como Dios manda y descubrir Alberto que muchas de las cosas que decía en Galicia y los suyos le aplaudían, cuando las dice en Madrid le ponen mala cara y le silban, ambos están ya liberados de distracciones y listos para centrarse en lo que realmente importa: no habrá piedad ni para los malvados ni para Pedro Sánchez.