Mejor los abrazos de Lamine Yamal que los gritos ayusers contra Sánchez

21 de julio de 2026 22:24 h

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Vivimos un tiempo más guiado por las emociones que por la racionalidad, más por la “creencia” que por la ciencia, los expertos lo corroboran. Es mal asunto cuando desaparecen las razones, la base, porque las emociones son mucho más fáciles de manipular y de llevarnos a equívocos. Y es algo que sabemos implícitamente hasta desde el primer enamoramiento. Pues, estos días hemos vivido un círculo completo de esos impactos que turban el ánimo en cualquier dirección, porque a los habituales en alza, se añadían los provocados por todo un campeonato del mundo de fútbol que ha ganado la selección española.

Tras toda clase de dimes y diretes durante el desarrollo del mundial, llegamos a una final especialmente significativa. España se enfrenta a Argentina, la campeona en ese momento y que ha ganado el trofeo ya en tres ocasiones. Apenas van a tirar a puerta en el larguísimo encuentro con prórroga, pero en lugar de golpear el balón, golpean a los jugadores españoles. Con una gran permisividad del árbitro. Dos goles anulados con dudoso fuera de juego, uno de Nico Willians, que acaba de salir y clava en la portería el gol de su vida, el de la victoria. Menos mal que hubo otro después que dio el triunfo a España.

Argentina reacciona mal a la derrota. Se producen agresiones de sus jugadores y cuerpo técnico a los españoles, continúan en realidad. Aquí uno de los varios ejemplos. Aquí: un resumen de agresiones durante el partido. Y hasta se vuelven de espaldas cuando España recibe el trofeo. Messi, probablemente el mejor jugador del mundo, había intentado inculpar de una falta a Cucurella, pero al terminar el partido rompe a llorar. Y entendemos perfectamente que llora porque es la última vez que jugará un mundial, más aún que por no haber conseguido ganarlo. Emociones contrapuestas, potentes, que habrá de… racionalizar.

Argentina es un caos en manos del ultra Milei, quien por superstición no ha ido al partido y, sin superstición, ha perdido. No es inocuo para la sociedad vivir esas tensiones y esas penurias mal repartidas. Aunque es mucho suponer que esa sea la causa de la violencia desatada en el campo, no descarten sin embargo que un clima de tal cariz influye -para mal- en la sociedad que lo padece.

Lamine Yamal, en cambio, va dando abrazos. A jugadores argentinos también. A su hermanito, que no cabe en sí de alegría. Al rey, que se lo devuelve con la misma efusión. Al seleccionador nacional. Otro caso, el de Luis de la Fuente. Mal recuerdo dejó su actitud en el caso de Rubiales y Jenni Hermoso, pero ha sido tan excepcional su trabajo con la selección, se advierte tal cariño y respeto en el equipo que emociona y queremos creer que todo el mundo tiene alguna vez un mal día.

Lo de Nico Williams conmueve al máximo y llena de orgullo tenerlo ahí. Ese correr a darle la medalla de oro a su madre, a la que se recorrió el Sahara -donde la dejaron tirada- embarazada y descalza para llegar a España y empezar una nueva vida. Este hijo magnífico es una recompensa al esfuerzo tan grande y ojalá todos entendieran qué es luchar por el futuro, superando tantas dificultades. Ese primer paso al menos: luchar por el futuro. Conseguir un hijo como Nico Williams, eso ya es de nota: de Matrícula de Honor.

Hubo actitudes dignas frente a Trump, y hasta alguna broma por su empeño en acaparar él también el triunfo de la selección española. Como todo lo que toca ese patético ser. Saludó además a Pedro Sánchez y ha declarado que ya no tiene ningún recelo contra España. Hasta la próxima.

En las terrazas del Paseo de la Castellana cantaban -según referencias- “Pedro Sánchez, hijo de puta”. También en Nueva York algunos de quienes pudieron pagarse el carísimo viaje con vuelos, estancia y entradas (solo éstas costaban entre 6.130 y 34.100 euros cada una). Son reacciones emocionales inducidas. Ayuso, la autora material del insulto que ha saltado hasta la otra orilla del Atlántico, cosecha muchos más motivos para ser odiada y despreciada -por personas informadas, racionales, y con ética, naturalmente- y ya ven.

Por otra parte, los elogios internacionales a la selección, pero también a la España actual que la acoge, han sido numerosos, como este del profesor de Derecho de la Universidad de Howard Ziyad Motala, sudafricano, que escribe en Al Jazeera: “Anoche fui español, al igual que millones de personas en todo el mundo.”

Así que saliendo de esa burbuja del triunfo deportivo, con todas esas emociones positivas, negativas, contradictorias, conviene saber que en la vida cotidiana vienen a estar igual. Y que la irracionalidad hace mucho daño y puede ser muy injusta. Algunos medios de los que están al servicio del PP y el equipo crispador de guardia del partido se muestran entusiasmados -otra emoción- con una noticia: “Sánchez hunde a España en el peor puesto de su historia en el ranking de corrupción”. Añaden un subtítulo con datos parciales; los reales son estos: el último índice de percepción elaborado por Transparencia Global de la corrupción situó a España en el puesto 49 de 182 países, “ocho por debajo del lugar que ocupábamos cuando Sánchez llegó a Moncloa” (dicen en la información sesgada por incompleta, dado que no proporcionan el total: 182 países). Parece que intentaban -sin éxito, como ven- que nadie repare en la eficacia del odio que inducen, de los bulos que esparcen. Porque esto es verdad que se lo han trabajado a fondo.

En absoluto hay más corrupción ahora -a pesar de que hay y duele e indigna como siempre o más- que en épocas anteriores del PP. En absoluto. Lo que pasa es que ese estudio no mide los datos, sí la percepción de la corrupción -y bien claro lo dice el enunciado-.Y la percepción, con los casos judicializados del estilo de la mujer y el hermano de Sánchez o del fiscal general, machacados a diario, durante meses, se perciben aunque se tengan los sentidos atrofiados, plastificados: ojos, nariz, boca… y, por supuesto, el cerebro. Para percibir -y más entre informaciones sesgadas- hace falta una brújula de gran precisión.

¡Qué daño han hecho! Al punto de ese hallazgo que exhiben con orgullo, porque deberían titular: “Entre el lawfare y la cloaca mediática hemos conseguido que España baje ocho puestos, hasta el 49 en percepción de la corrupción”. Que tampoco estaba para tirar cohetes en el puesto 41 con Rajoy.

Las emociones nos hacen experimentar toda la gama de las sensaciones desde las más terribles a las realmente maravillosas. Del desasosiego o la tristeza a la sensación de felicidad. Nos hacen sentir, vivir. Pero es indispensable una brújula que nos deje los pies bien asentados en la tierra, porque esa es la forma de calibrar la realidad.

Para todo en la vida, es imprescindible de hecho, pero si nos atenemos a lo experimentado estos días, creo preferibles los abrazos de Lamine Yamal a los estúpidos gritos de inspiración ayuser “Sánchez, hijo de puta” y cuanto llevan ambos mensajes detrás. Reflexionen cómo funcionan mejor los países y las gentes que vivimos en ellos.