La portada de mañana
Acceder
Trump reacciona a la desesperada ante el golpe económico y la presión
Telefónica, Iberia, Glovo: 2026 arranca con un goteo de ERE y el auge de la incertidumbre
Opinión - 'El derrumbe del debate público', por Esther Palomera

Si algo sobra en esta guerra es inteligencia

12 de marzo de 2026 22:16 h

0

Hemos dicho muchas veces, yo el primero, eso de que “la inteligencia militar es a la inteligencia lo que la música militar a la música”. La frase ingeniosa, de autoría dudosa (atribuida a veces a Groucho Marx, como cualquier frase ingeniosa), tiene su gracia, pero no pasa de ser un chiste. No, inteligencia militar no es un oxímoron, una contradicción en términos: pocas cosas reúnen más y mayor inteligencia que un ejército, sobran ejemplos a lo largo de la historia. Grandes genios emplearon su talento en hacer la guerra, los altos mandos salen de sus academias más que preparados, y mucha de la tecnología que disfrutamos tuvo en primer lugar aplicación bélica. Si de algo anda sobrado un ejército es de inteligencia, no digamos el primer ejército del mundo.

En el caso de la guerra contra Irán, además, trabajan conjuntamente las dos mayores agencias de inteligencia del mundo: la CIA y el Mossad, las que más presupuesto, personal, experiencia, sedes, presencia en países, espías infiltrados, tecnología y crímenes acumulan desde hace décadas. Y por si todo fuera poco, los atacantes norteamericano e israelí cuentan con herramientas de Inteligencia Artificial, capaces de procesar cantidades ingentes de datos, seleccionar objetivos y localizar enemigos, como se vio en el ataque que descabezó al régimen iraní.

Si algo hay en la guerra contra Irán, es inteligencia. Lo comento como recordatorio, porque estos días abundan los análisis que sostienen que la guerra lanzada por Trump y Netanyahu es un “error de cálculo”, una equivocación, una torpeza, fruto de la megalomanía del uno y el fanatismo del otro. Expertos en Oriente Próximo, periodistas y ciudadanos en general nos preguntamos cómo es posible que no calibrasen bien, que no previesen la resistencia iraní, que creyesen que iba a ser un paseo como en Venezuela; que no anticipasen el bloqueo del estrecho de Ormuz y el incendio regional. Lo sabía hasta tu cuñado, pero no Trump, qué cosas.

Decimos todos, expertos, periodistas y ciudadanos, que ha fallado estrepitosamente la inteligencia norteamericana, o que Trump no quiso escuchar a quienes le advertían. Es una tentación explicar la desastrosa guerra de Irán recurriendo al popular Principio de Hanlon: “Nunca atribuyas a la maldad lo que pueda explicarse por la estupidez”. Es hasta tranquilizador pensar que Trump es un necio, y que son su necedad y su soberbia las que explican que estemos todos metidos en una guerra inesperada y cuyas consecuencias y costes están por ver.

Es una forma de verlo. La otra es pensar que lo que estamos viendo no es un error sino una decisión consciente e intencionada, fruto, sí, de la inteligencia, de la enorme inteligencia militar, política, tecnológica y de espionaje de que disponen Estados Unidos e Israel. Que por supuesto sabían lo que provocaría su ataque, tenían previsto este escenario, asumen el coste económico, geopolítico y en vidas humanas, porque la ganancia es mucho mayor: acabar con Irán (y de paso con Líbano), reordenar todo el mapa regional, reafirmar el dominio de Israel, controlar el petróleo, cogerle ventaja a China, y añade si quieres razones de política interna tanto de Trump como de Netanyahu, su parte de negocio, y la habitual dosis de “doctrina del shock” para todo el planeta. Puede parecernos un horror, pero no un error. Y parece muy inteligente.