Antes todo esto era socialismo

18 de mayo de 2026 00:49 h

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En las noches electorales, el que no se consuela, es porque no quiere. Siempre hay algo a que agarrarse para endulzar una derrota, y el PSOE tiene unos cuantos azucarillos para quitar amargor al trago de las Andaluzas: no consiguió Moreno Bonilla la mayoría absoluta, el bloque de izquierda sube en porcentaje y en escaños -gracias al empuje de Adelante Andalucía-, las expectativas y encuestas eran incluso peores, y la candidatura de María Jesús Montero ha conseguido algunos votos más que la de Espada en 2022, aunque la mayor participación se traduzca en menos escaños. Ni tan mal, pensarán algunos. O como decían en El jovencito Frankenstein, “podría ser peor. Podría llover”.

Los resultados del PSOE son solo “malos” si los comparas con los de 2022. Si miras más atrás, son catastróficos. Y si miras mucho más atrás, décadas atrás, son como para que el último apague al salir. “Antes todo esto era socialismo”, pueden decir los militantes más veteranos, que recuerdan cómo el PSOE andaluz arrasó elección tras elección desde 1982, mayoría absoluta tras mayoría absoluta, y gobierno tras gobierno. Andalucía era el PSOE, y el PSOE era Andalucía, que no solo tenía allí su bastión autonómico: también su mayor reserva de votos para las generales, el famoso “granero”.

Normal que después de tantos años de gobiernos socialistas, acabasen pagando el desgaste (y la corrupción) en las urnas. Salud democrática, alternancia, una temporada en la oposición, airear una administración que olía a cerrado. Pero los resultados de este domingo apuntan a mucho más que un castigo temporal: un cambio de hegemonía en Andalucía. Aunque la mayor participación le ha negado la absoluta, el PP ha conseguido en números totales más votos que hace cuatro años, su mejor resultado histórico.

Puede que su victoria sea amarga por insuficiente, pero Moreno Bonilla apenas ha tenido castigo electoral. Si la mayor preocupación de los andaluces en todas las encuestas es la sanidad, y la izquierda quiso convertir las elecciones en un plebiscito sobre el tema, hay que decir que el responsable de su deterioro ha sido refrendado en las urnas, y tiene vía libre para seguir aplicando su programa de desmantelamiento de lo público. Si además le sumamos el ascenso de Vox, y los más de 100.000 votos desperdiciados de Alvise, el resultado es claro: Andalucía vota muy mayoritariamente a la derecha. Donde antes votaba muy mayoritariamente a la izquierda. ¿Sí?

Los sociólogos y politólogos encontrarán explicaciones ideológicas, generacionales, económicas y de ciclo para este cambio de hegemonía. Quizás es que Andalucía no era tan de izquierda, que sociológicamente era y es más bien conservadora, y que hacía tiempo que el voto al PSOE era un voto conservador (conservador de izquierdas, si quieres), que ahora es un voto conservador de derechas, no tanto al PP como a Moreno Bonilla (o más bien a “Juanma”), que ha trabajado muy inteligentemente su andalucismo, su talante tranquilo, y la disociación entre su marca personal y la de su partido.

Aunque el PSOE hoy se consuela con la pérdida de mayoría absoluta del PP, debería estar muy preocupado. No solo porque la victoria de Moreno apunte a la consolidación de una nueva hegemonía -con resultados históricos en pueblos tradicionalmente socialistas, a un año de elecciones municipales-. También porque el mítico “granero”, al que fían las próximas generales, puede acabar sucumbiendo también.