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Opinión - 'De Trump a Jinping y Tucídides a Andalucía', por Rosa María Artal

De Trump a Jinping y Tucídides a las elecciones andaluzas

15 de mayo de 2026 21:48 h

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El universo de nuestras turbulencias funciona por capas. Y no es fácil jerarquizarlas de mayor o menor porque, en definitiva, se suman. El manto general nos lleva a lo que implica el viaje de Trump a China, pero lo local que aprieta más cerca nos sitúa frente a las elecciones en Andalucía y su correspondiente despliegue de improperios y manipulaciones. Luego hay alguna cosa más, una entre varias que pudre España por el centro y por costados que ya reflejan agujeros de fascismo.

El fiero Donald Trump se ha comportado como un tierno gatito frente al líder chino Xi Jinping quien, por el contrario, ha mostrado una leonina firmeza. Y es que Trump ha viajado con una treintena de grandes empresarios y con su hijo Eric que dirige el entramado empresarial de la familia, en el deseo prioritario de hacer negocios todos ellos. En el viaje de Estado no hay estadistas, no los oficiales, aunque de hecho son los que mandan. Y ese es el problema. Para el mundo entero.

“La foto en China no es la de Trump con los CEO, sino la de los CEO de Estados Unidos con el gerente Trump. Porque esta es su cumbre. La cumbre del Tecnofeudalismo en el corazón de Asia.”, escribe el periodista Adrián Ramírez en un análisis con el que coincido. Incluye la lista completa de los asistentes, nada casuales. Y es plenamente cierto que cuando Trump sienta en una mesa con el presidente chino a BlackRock, Apple, Nvidia, Goldman Sachs y todos los demás confirma “la alianza entre Señores de la Nube y Señores de la Renta” a quienes lo que menos les preocupa y ocupa es la democracia.

 La diferencia es abismal entre ambos mandatarios. El presidente de una China de cultura milenaria recurrió incluso a los clásicos para citarle a Trump, un perfecto patán, la “trampa de Tucídides”: Cuando una potencia emergente amenaza con reemplazar a la dominante, el riesgo de guerra se vuelve casi inevitable. Casi boquiabierto le escuchó Trump decir también: “El mundo necesita estabilidad. China y EE.UU. ganan con la cooperación, pierden con el conflicto. Seamos socios, no rivales. Ayudémonos mutuamente a ganar”, para concluir sin dejar resquicio a la duda que como se le ocurra seguir apoyando a Taiwan China iría a la guerra.,

Los más certeros analistas concluyen que la era del dominio incuestionable de Estados Unidos está terminando y que, en modo alguno, puede permitirse un enfrentamiento directo con Pekín por Taiwán. Habrá que ver cómo digiere Trump y su corte este viaje, sin embargo. Que era comercial para ellos está claro, pero ha habido más. Dice el Nobel de economía Paul Krugman que “lo único que conseguido ha sido gasolina aún más cara”.El aumento de las exportaciones de petróleo perjudica a la mayoría de los estadounidenses, explica. Es evidente que los negocios a hacer no eran para los ciudadanos pero de muy buen humor no volvía Trumpa casa. En el avión ha insultado agriamente, afirmando que ha tenido una victoria militar total y no lo que publica su medio, al periodista del New York Times David Sanger que no es precisamente un cantamañanas. Y ya sabemos que los tiranosaurios (y tiranosaurias) reaccionan así cuando están descontentos. No, el viaje no ha ido bien. La opinión sobre su resultado se ha reflejado en una bajada de las bolsas y un ascenso del precio del petróleo.

Ni uno solo de los medios y comunicadores que se lanzaron contra Sánchez por ir a China ha criticado esta visita tan peculiar de Trump a Xi Jinping. Aquí, la guerra está demasiado clara para andar con sutilezas. Por cierto, la filosofía no es el fuerte de los iletrados precisamente. Una crónica de ABC sobre la “histórica” rueda de prensa de Florentino Pérez, tomada al vuelo seguramente, llevó a confundir al filósofo Demóstenes -que citó el presidente del Real Madrid-, con alguien De Móstoles ¿Iker Casillas?. En el enlace pueden verlo. Lo corrigieron más tarde.

Todo se centra ya en el domingo electoral de Andalucía. Varios medios responden cumplidores a la inversión en publicidad institucional recibida que recopiló el experto Marcelino Madrigal consultando más de 600 páginas diseminadas con datos. Más de 400 millones de euros ha gastado Moreno Bonilla desde 2019 en patrocinios y comunicados a difundir. ¿Cuándo se va a solucionar este coladero?

Y mientras el candidato a la reelección por el PP no deja de sonreír, su partido se desparrama en declaraciones terribles. No cabe más, piensas, hasta que llega la siguiente. Del cúmulo de ellas, destacaría la de Miguel Tellado, Secretario General del PP: “Los guardias civiles están pagando muy caro las deudas de Sánchez y sus socios. Bildu nunca le permitirá reconocer a los servidores públicos que lucharon contra ellos. Urge desalojar a Otegi de la sala de máquinas de La Moncloa. Se lo debemos a quienes lo dieron todo para combatirle a él y a su banda”. Lo encuentro deleznable. Insoportable.

Y esto lo dice, además, cuando discurre por los tribunales la corrupción de altos vuelos del PP, de máximos para destruir una democracia. Y que va de las cloacas de la Kitchen a la compraventa de leyes en la Hacienda de Montoro. Dicho sintetizando titulares.

No menor es el uso político de la enfermedad mental que destaca en las continuas incursiones de ese pato mareado en el que se ha convertido Nuñez Feijóó. Al presentar uno de sus incontables proyectos que ya existen o los que parecen presupuestariamente inviables dado el uso de los recursos en el PP, soltó: “Mucha gente de la clase política está pendiente de diagnosticar”. Y sabemos a quiénes se refiere, siempre a los mismos. Recordarán que a Sánchez le vio  un “tic patológico” que debería ser analizado, dijo, por especialistas. Tras la carcajada del aludido en el Congreso al oírle decir por primera vez a Feijóo que no era presidente porque no quería. Feijóo insiste teniendo los especímenes que se encumbran en el PP.

¿Merece la pena seguir hablando de las feroces provocaciones que desparrama Ayuso? Lo cierto es que ahí, en la comunidad de Madrid, tenemos un cáncer que pudre España con su insolencia y su profunda incultura. No solo sigue empecinada en insultar a México y al gobierno español, sino que ha desplegado cuanto tiene para agredir. Utiliza su televisión (y luego hablan de RTVE) para decir que Sánchez prepara una “compra masiva de votos” e ironiza, lo dice así Europa Press,  con que darán ayudas hasta a “mujeres afectadas por ballenas”. En Telemadrid también y en un programa de temblar que dirige un tal Naranjo, Mariló Montero afirma que “Sánchez creará una pandemia en 2027” y Ayuso le da la razón.

El periodismo. Contamos con un PP volcado en defender a agitadores de ultraderecha como Vito Quiles. De temblar si esta gente llega a la Moncloa con su concepto de qué es ser periodista. Y ya se va viendo la nueva etapa de gobiernos ultras aprobados en varias comunidades. En Aragón, el ayuntamiento de Zaragoza ha promulgado una nueva ordenanza que llaman de “convivencia”: estipula sanciones de hasta 3.000 euros por dormir en el parque y prevé la identificación de personas que lleven cubierto en todo o en parte el rostro, incluido el uso de pasamontañas, entre otras medidas.

La capa superior de las amenazas nos remite a un mundo regido por grandes empresas con escaso respeto por los derechos humanos y dos potencias al frente que tampoco destacan por su cumplimiento. Aunque China parece mostrar mayor grado de sensatez que el trumpismo estadounidense. La derecha ultra que despieza lo público, en cualquier lugar, encaja perfectamente en ese escenario. Y se dispone a gobernar en otra comunidad española si los votos no lo remedian.

Quince años del 15M se cumplían este viernes. Cuando fuimos innovadora y libre Marca España. Qué bien se organizó el sistema y qué a gusto van algunos, muchos, al desolladero de sus derechos. Porque no me negarán que esto de ahora es mejor que aquello. Con más voz que peso; con más silencio, cuando se apaga, creo que dije.