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Opinión - 'Vuelta al cole en el nuevo desorden mundial', por Raquel Marcos

Vuelta al cole en el nuevo desorden mundial

7 de septiembre de 2026 22:30 h

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Vuelven los niños al cole, los jueces a su juzgado y los nazis a Alemania. Como cantaba Serrat, el pobre a su pobreza, el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas, pero en versión apocalipsis. Se acabó la fiesta, solo que este verano no ha habido muchos motivos de fiesta ni la vuelta es a la normalidad, si es que eso ha existido alguna vez. Dicen que las madres ceutís han comprado espráis de gas pimienta a sus hijos, aunque está prohibido que los menores los utilicen, porque el miedo, lejos de ser libre, se puede alentar y crece y se contagia con mucha facilidad. Fuera de Ceuta, cualquiera empatiza con esas madres que arman a sus hijos con algo distinto al material escolar pero también siente el escalofrío de pensar qué podría pasar si esos niños utilizasen el espray y contra quién, y si alguien va a tener que revisar las mochilas de los críos y requisar sustancias peligrosas como en esas aulas estadounidenses que nos parecen distópicas. El Ministerio de Educación, encargado de las competencias en la materia en la ciudad autónoma, ha puesto vigilancia privada dentro y fuera de los colegios y en las rutas escolares, lo que proporciona seguridad a cambio de instaurar la nueva normalidad, que decíamos en pandemia, para este septiembre tóxico que huele un poco a los años 30 del siglo pasado.

El error del Gobierno, y así lo reflejan las encuestas, es que lleguemos con este ambiente de miedo y odio a septiembre, aunque su margen de maniobra no fuera tan amplio como algunos piensan y la oposición calcule (electoral e irresponsablemente) cómo obstaculizar cada paso del ejecutivo mientras los más bocazas y salvajes llaman a la guerra con Rabat o a disparar a personas en las playas. Una, que ya tiene una edad y ha visto la evolución de Pedro Sánchez, sospecha que al presidente le ha pesado la cacería contra su familia y eso ha mermado su capacidad de reacción y su indudable instinto político.

Tiene razón en que toda la ultraderecha, la patria y la mundial, está deseando que caiga, y también en que la alternativa es tan oscura como muestra el triunfo de AfD en Sajonia-Anhalt, territorio cuna de Lutero, un señor que la escritora Alana Portero califica certeramente de mohoso. Joseph Roth empezó a escribir en septiembre de 1933 (un septiembre como este) un artículo titulado El auto de fe del espíritu, en el que explicó que en los alemanes siempre late la tentación de sucumbir al prototipo de cabo prusiano, hostil al espíritu, a los libros, a judíos y cristianos, al humanismo y a Europa. De momento, tenemos que volver a llamar ultraderecha a la ultraderecha, en lugar de derecha populista o alternativa o cualquier eufemismo que se les ocurra. También, como dice Gabriel Rufián, construir o reconstruir una izquierda útil, aunque sea impura. La pureza solo va bien a los nazis.

Han vuelto también los jueces a su juzgado, incluido un Marchena inmune a las sucesivas reconvenciones de los tribunales europeos y un Peinado que ha echado de menos a Begoña Gómez. El juez ha fijado de un día para otro una cita para la audiencia preliminar necesaria para abrir juicio oral contra la pareja del presidente del Gobierno. La audiencia es necesaria pero no lo es citar a Begoña Gómez un lunes para que acuda rauda al juzgado el martes. Se ve que las vacaciones no han servido para que el juez olvide su obsesión favorita antes de la jubilación. En la Audiencia Nacional retornan los efectos de la doctrina Aldama: todo el mundo canta (perdón, colabora con la justicia) para propiciar la caída del trofeo principal, en este caso el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, que, si no es culpable, está haciendo ímprobos esfuerzos por demostrar lo contrario. Bien es verdad que algunos jueces españoles están redefiniendo el concepto de prueba y sustituyéndolo por indicios y hasta intenciones. Lo que antiguamente era pecar de pensamiento. Y también lo es que lo de Zapatero pinta muy mal y que tendremos que recordar de nuevo los joyones, las comisiones y la decepción que ha causado a la izquierda.

Vuelta al cole de un fin de ciclo que muchos circunscriben al fin del sanchismo y en realidad tiene pinta de ser el inicio de una época oscura en todo Occidente. Ahora nos preguntamos cómo hemos llegado hasta aquí y respondemos con esa sucesión de problemas reales (asequibilidad, vivienda, flujos migratorios, fronteras, seguridad, precariedad…) que estamos contemplando bajo la lupa y los marcos de la extrema derecha. Mañana nos preguntaremos qué hicimos para permitir y hasta alentar lo que ya está sucediendo. Como escribió Joseph Roth en aquel septiembre de 1933 que aún resuena, “Europa se rinde por debilidad, por pereza, por indiferencia, por inconsciencia”. La tarea es, como pidió Roth, intentar que en esta guerra desigual (híbrida) triunfe el espíritu humano.